Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

CONSERVACIÓN PATRIMONIAL

Hipómenes y Atalanta: la historia de los dos leones que tiran del carro de Cibeles

El Ayuntamiento de Madrid ha iniciado una intervención integral de cinco meses para conservar uno de los grandes símbolos de la ciudad

La Cibeles se pone guapa: así se restaura la fuente para preservar más de dos siglos de historia.

La Cibeles se pone guapa: así se restaura la fuente para preservar más de dos siglos de historia. / Ayuntamiento de Madrid

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Andrea San Martín

Andrea San Martín

Madrid

Todo el mundo mira a Cibeles, pero casi nadie se detiene en ellos. Están ahí, tensos, monumentales, arrastrando el carro de la diosa en una de las imágenes más reconocibles de Madrid. Se llaman Hipómenes y Atalanta, fueron esculpidos por el escultor francés Roberto Michel y son mucho más que dos leones de mármol: forman parte de la historia viva de una fuente que lleva más de dos siglos observando la ciudad.

Ahora, con la restauración integral que el Ayuntamiento de Madrid ha puesto en marcha durante cinco meses, esos dos leones vuelven a ocupar un lugar protagonista. Entre andamios, limpiezas minuciosas y revisiones técnicas, los restauradores trabajan también sobre sus cuerpos de piedra, expuestos durante décadas a la contaminación, la lluvia, el viento, los cambios bruscos de temperatura, las heladas y hasta el polvo del Sáhara.

Hipómenes y Atalanta: la historia de los dos leones que tiran del carro de Cibeles.

Hipómenes y Atalanta: la historia de los dos leones que tiran del carro de Cibeles. / Ayuntamiento de Madrid

Los otros protagonistas de Cibeles

La Fuente de Cibeles fue diseñada en 1777 por el arquitecto madrileño Ventura Rodríguez dentro del proyecto de embellecimiento del paseo del Prado. La escultura se labró en mármol de Montesclaros, en Toledo, y en ella participaron varios artistas. Francisco Gutiérrez se encargó de la figura de la diosa, con su corona turriforme, su cetro, las llaves de la ciudad y las ruedas del carro. Miguel Ximénez talló la decoración del carro. Y Roberto Michel dio forma a los dos leones que tiran de él.

Son Hipómenes y Atalanta, dos figuras que forman parte del relato mitológico de la fuente y que, sin embargo, suelen quedar en segundo plano ante la fuerza simbólica de la diosa. Desde su instalación a finales de 1781, han acompañado a Cibeles en todos sus cambios: su primera ubicación junto al comienzo del paseo de Recoletos, su traslado en 1895 al cruce actual del paseo del Prado con la calle de Alcalá y las sucesivas restauraciones que han intentado conservar el conjunto.

Hipómenes y Atalanta: la historia de los dos leones que tiran del carro de Cibeles.

Hipómenes y Atalanta: la historia de los dos leones que tiran del carro de Cibeles. / Ayuntamiento de Madrid

Dos siglos a la intemperie

El tiempo no pasa gratis para un monumento instalado en pleno centro de Madrid. El estudio previo realizado por la Dirección General de Patrimonio Cultural y Paisaje Urbano concluyó que la fuente se encuentra en un estado aceptable, pero también detectó acumulación de suciedad, grietas, fisuras, zonas de piedra dañadas, óxido en piezas metálicas y reparaciones antiguas en mal estado.

En el caso de los leones, como en el resto del conjunto escultórico, los trabajos buscan eliminar la suciedad sin dañar la piedra. Para ello se emplean técnicas distintas según cada zona: desde cepillados suaves en las áreas más superficiales hasta microproyección con aire comprimido a baja presión en las partes donde la suciedad está más adherida. También pueden utilizarse herramientas de precisión como espátulas o bisturíes.

Restauradora limpiando con pulverizador y paño la melena de uno de los leones de la Fuente de Cibeles

Restauradora limpiando con pulverizador y paño la melena de uno de los leones de la Fuente de Cibeles / Ayuntamiento de Madrid

Uno de los enemigos más curiosos del monumento es el polvo del Sáhara, que con el tiempo deja sobre la piedra una capa de color pardo-anaranjado difícil de eliminar. A ello se suman los restos orgánicos, los excrementos de aves y los microorganismos que han colonizado algunas zonas del mármol.

Limpiar sin borrar la historia

La restauración no consiste en dejar la fuente como nueva, sino en conservarla sin borrar las huellas que forman parte de su vida. Por eso los trabajos incluyen limpieza de la piedra, eliminación de microorganismos, tratamiento de juntas, sellado de fisuras, recuperación de piezas metálicas y retoques de color allí donde el contraste con el original sea demasiado alto.

Dos restauradoras trabajando entre los andamios junto a las ruedas del carro y los leones de la Fuente de Cibeles.

Dos restauradoras trabajando entre los andamios junto a las ruedas del carro y los leones de la Fuente de Cibeles. / Ayuntamiento de Madrid

También se revisará la estabilidad del conjunto. Para ello se rellenarán espacios libres bajo la piedra y se instalará un sistema de sensores en la galería inferior de la fuente, conectado a dos sensores de fisuras. El objetivo es controlar cómo evoluciona la estructura y detectar si fueran necesarias nuevas medidas de conservación.

La intervención llega después de un año especialmente simbólico para Cibeles. A principios de junio fue uno de los escenarios de la visita del Papa León XIV y, hace apenas unos días, volvió a llenarse de aficionados para recibir a los jugadores de la selección española tras ganar el Mundial.

Mientras la ciudad la celebra, la fuente se restaura. Y en esa operación, los leones de Roberto Michel recuperan algo de la atención que tantas veces les roba la diosa. Hipómenes y Atalanta siguen ahí, tirando del carro, sosteniendo la imagen más icónica de Madrid y recordando que incluso los símbolos más conocidos esconden detalles que casi nadie mira.