INCENDIO FORESTAL
Las dos caras de Navas del Rey tras el incendio: unos toman café en la plaza mientras otros limpian ceniza en lo que queda de sus casas
Junto a Cadalso de los Vidrios, Cenicientos, Navalagamella o Chapinería, el municipio madrileño recibe a sus vecinos tras seis días evacuados por los fuegos en la región

Una de las viviendas quemadas en la urbanización El Morro, de Navas del Rey. / DAVID RAW

La mejora de la evolución del incendio ha permitido a las autoridades levantar de forma progresiva las restricciones de acceso en la mayor parte de los municipios afectados por la emergencia, lo que ha facilitado el regreso de miles de vecinos a localidades como Villa del Prado, Aldea del Fresno, Cadalso de los Vidrios, Cenicientos, Chapinería y Navas del Rey, entre otras. No obstante, la normalidad aún no ha regresado por completo: Robledo de Chavela y Valdemaqueda continúan con evacuaciones mientras los equipos de extinción consolidan el perímetro y vigilan posibles reactivaciones, especialmente ante el riesgo que supone la nueva ola de calor. Aunque el incendio se encuentra técnicamente estabilizado, las autoridades insisten en extremar la precaución y limitar los desplazamientos a las zonas donde el operativo sigue trabajando intensamente.

Una de las plazas de Navas del Rey, repleta de vecinos que retoman la rutina. / DAVID RAW
En Navas del Rey, la rutina no se ha hecho de rogar. Este miércoles ya fueron muchos los vecinos que salieron a desayunar a las plazas del pueblo, donde las conversaciones no giraban en torno a otra cosa que no fueran los incendios forestales de la región. Una de ellas es Belén, que ha madrugado para llenar la nevera después de seis días fuera de casa y poder desayunar con sus amigas, como de costumbre. “No hemos estado mal. La Cruz Roja nos llevó a un hotel el viernes y, la verdad, hemos estado cómodos”, reconoce. Aún con el susto en el cuerpo, recuerda cómo la Guardia Civil tocó a su puerta el pasado viernes, pidiendo el desalojo inmediato de los domicilios.
Viñedos quemados
“Primero llegaron varias alarmas al teléfono, recomendando que nos quedásemos en casa, pero en seguida la cosa se puso peor y nos tuvimos que ir. Hemos estado en un sin vivir estos días, viendo la televisión y siguiendo las redes sociales del Ayuntamiento”, añade. Como ella, miles de vecinos de la localidad, volvieron a casa este martes, a partir de las cinco de la tarde: “Han sido días de mucha incertidumbre, de no saber cómo iba a estar todo”. La madrileña, que se ha pedido las tostadas y el café de siempre, asegura que hubo algunos vecinos que permanecieron en sus casas pese a la orden de desalojo: “Supongo que se lo permitirían o serían de ayuda. Nosotros no”.
Unas calles más atrás, María del Mar y Jesús se reencuentran después de casi una semana sin verse. Aunque son primos, la relación entre ambos es propia de hermanos. Y, pese a que María del Mar es vecina de Villalba, pasa los veranos en Navas del Rey desde que era pequeña. “Hemos estado pegados al televisor desde que recibimos la noticia. Hemos perdido siete fincas, ubicadas en los alrededores de la urbanización El Morro. Nuestros huertos y viñedos han quedado completamente calcinados. Eran la herencia de mis padres y abuelos y, aunque no eran mi sustento económico, daban de comer a la gente del pueblo, que podía entrar a cazar en algunos de estos recintos”, sostiene.

María del Mar y Jesús, primos, tras su reencuentro en Navas del Rey. / DAVID RAW
Asegurando que no han permitido a los rebaños del pueblo acceder a sus fincas para así limpiarlas durante el invierno, critica la normativa tan estricta que hay en otros municipios: “En Guadarrama, sin ir más lejos, te multan si coges una piña”. Ha venido a primera hora de la mañana para ver a su primo y comprobar el estado de las parcelas sin éxito alguno y, al llegar a la plaza principal, se ha sorprendido con los vecinos: “Parece que han retomado la normalidad bastante rápido. Al menos, los que viven en Navas del Rey. Las urbanizaciones, donde se encontraban mis huertos, se han llevado la peor parte. El pueblo les ayudará, aquí están todos muy unidos”. Su primo se desplazó hasta la casa de un familiar en Móstoles durante los seis días de evacuación, donde pudo seguir minuto a minuto la actualidad informativa.
Vecinos desolados
“Todo el pueblo cree que podríamos haber vuelto a tiempo, ya que sólo había un poco de humo. San Martín de Valdeiglesias y Pelayos de la Presa son el ejemplo. Han estado confinados, sí, pero estaban haciendo vida. Los bares y las tiendas permanecieron abiertas y los vecinos no dejaron de ayudar en ningún momento. Aquí, si nos hubieran dejado entrar, habríamos hecho lo mismo”, explica. Ambos señalan que solución sólo hay una: la ganadería extensiva. “Debemos dejar que los ganaderos limpien los campos de forma natural, como se ha hecho toda la vida”, zanjan. Como confirma María del Mar, la peor parte se la han llevado las urbanizaciones de El Club y El Morro, a las afueras del municipio, donde varias viviendas han quedado completamente calcinadas.

La piscina de Juan, rodeada de ceniza. / DAVID RAW
Juan recoge algunos escombros en los alrededores de su casa antes de que llegue el calor del mediodía. A la espera de recibir instrucciones del perito, conversa con sus vecinos, algunos más afectados que otros. El fuego ha arrasado su piscina y el jardín que rodea la casa. “Dentro de lo malo, está todo bien. Lleno de ceniza, pero bueno. La parcela y la piscina están destrozadas y la cúpula y la depuradora también. Aún así, no podemos quejarnos. A nuestros vecinos de al lado, una familia holandesa, se les ha quemado todo. Llegaron el mismo día que nos desalojaron con su hijo, que ya había terminado las clases, y los últimos muebles antes de mudarse. La casa estaba nueva y ahora no les queda nada”, dice.
“Están muy jodidos. Tenían dos coches Tesla que también han perdido. Después de dos años tenían todo preparado para venirse a vivir a Navas del Rey y ahora están tirándose de los pelos”, añade, colocándose la mascarilla que porta por recomendación de las autoridades. Al ser su segunda residencia, ha pasado varios días en Madrid esperando noticias. “Los grupos de WhatsApp eran una locura. Estábamos vendidos, no sabíamos nada. A oscuras, nadie podía entrar ni saber si su casa había sobrevivido”, concluye. Como él, decenas de vecinos llegan a las urbanizaciones sin saber lo que encontrarán. Algunos, con más suerte, respiran aliviados. Otros lloran las pérdidas.