Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

PATRIMONIO

El milagro del monasterio de Pelayos de la Presa que sobrevivió a dos incendios: una joya de 800 años que acabó a la venta en un periódico

Las llamas que asolan la Sierra Oeste vuelven a amenazar el entorno de un conjunto histórico marcado por la destrucción, el expolio y el abandono

El monasterio Santa María la Real de Valdeiglesias sufrió dos incendios: uno en 1258 y otro en 1743/1768.

El monasterio Santa María la Real de Valdeiglesias sufrió dos incendios: uno en 1258 y otro en 1743/1768. / DIRECCIÓN GENERAL DE PATRIMO CULTURAL

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid

El fuego ha vuelto a cercar Pelayos de la Presa. Y, con él, uno de los templos más castigados del patrimonio madrileño. Este martes, según ha informado la Comunidad, el municipio continúa entre los cuatro confinados por el gran incendio de la Sierra Oeste, que ya ha arrasado 34.000 hectáreas y ha afectado a 56.500 personas. Una postal desoladora en la que resiste el monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias, un edificio de ocho siglos cuya biografía está escrita con fuego: antes de la emergencia actual ya había sobrevivido a otros dos grandes incendios. ¿Un milagro? Su historia está llena de preguntas.

El primero se produjo en 1258, cuando el cenobio apenas había cumplido 100 años. Las llamas destruyeron parte de la iglesia y, probablemente, a falta de datos, acabaron con las cubiertas de madera que protegían la nave y el crucero. La reconstrucción posterior no se limitó a reponer lo perdido: dejó una nueva capa en el inmueble. Frente a la sillería de granito de la cabecera, los nuevos muros se levantaron con mampostería encintada por verdugadas de ladrillo, una solución vinculada al mudéjar toledano. El incendio, por tanto, no sólo abrió una herida, también alteró para siempre la apariencia del templo.

eL monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias se encuentra en Pelayos de la Presa.

El monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias se encuentra en Pelayos de la Presa. / DIRECCIÓN GENERAL DE PATRIMO CULTURAL

El segundo fuego llegó cinco siglos después, aunque las fuentes no coinciden en la fecha exacta. La fundación que gestiona el centro lo sitúa en 1768 y lo considera, junto al de 1258, uno de los dos grandes episodios que precipitaron su ruina. La Comunidad de Madrid, en cambio, ojo, lo fecha en 1743. Ambas versiones coinciden en lo esencial: afectó a numerosas dependencias cuando la comunidad religiosa ya se encontraba debilitada, lo que agravó su pobreza y aceleró un declive del que nunca llegó a recuperarse. No fue una destrucción instantánea, sino el comienzo de una larga agonía.

Mucho antes de aquellas llamas, el valle ya era un lugar destinado al retiro. La tradición se remonta a la época visigoda y al noble Teodomiro, que habría abandonado la vida cortesana durante el reinado de Witiza para instalarse allí como eremita. Con el tiempo, este paraje reunió 12 pequeños eremitorios dirigidos por un abad. Y, tras la conquista de Toledo por Alfonso VI, en 1085, las tierras quedaron integradas en el proceso de repoblación cristiana. La fundación formal llegó el 30 de noviembre de 1150.

Planta del monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias.

Planta del monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias. / DIRECCIÓN GENERAL DE PATRIMO CULTURAL

Alfonso VII concedió un privilegio real para reunir a los eremitas en un único establecimiento, el de la Santa Cruz, bajo la regla benedictina y la autoridad del abad Guillermo. Y, en 1177, durante el reinado de Alfonso VIII, la comunidad se incorporó a la orden del Císter. La construcción del gran templo comenzó hacia 1180 y convirtió Valdeiglesias en la principal fundación cisterciense conservada en la Comunidad. Su arquitectura responde, en origen, a la austeridad del Císter. La iglesia tiene una sola nave, crucero y una cabecera formada por tres ábsides levantados hacia 1200. La decoración es mínima y la piedra impone una sobriedad situada entre el románico tardío y los primeros lenguajes góticos.

¿Origen mozárabe?

Santa María la Real de Valdeiglesias no es un edificio de un sólo tiempo. Se trata de un catálogo de estilos construido a lo largo de 800 años. Tras el incendio medieval, llegaron las fábricas mudéjares. A finales del siglo XV, bajo el impulso de los Reyes Católicos, la nave y el crucero se elevaron y se cubrieron con bóvedas propias del gótico tardío. También se renovaron el claustro, la sala capitular, la sacristía y el refectorio. Durante el siglo XVI, su etapa de mayor prosperidad, el conjunto adoptó formas renacentistas y herrerianas. Se amplió la superficie, se añadió una nueva planta y se transformaron varias fachadas con una imagen más sobria y monumental.

El monumento fue declarado Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional en 1983.

El monumento fue declarado Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional en 1983. / DIRECCIÓN GENERAL DE PATRIMO CULTURAL

En 1599, se levantó una torre campanario. Y, en el siglo XVII, la fachada occidental de la iglesia puso el cierre barroco al conjunto: una portada de granito concebida como un retablo, con hornacinas, escudos y una espadaña de tres huecos. Entre todas esas piezas destaca la capilla. Para conservarla, el claustro fue girado 13,5 grados respecto al muro sur de la iglesia, creando un espacio trapezoidal. Su cúpula gallonada y sus arcos de medio punto alimentaron durante años la hipótesis de un origen mozárabe, aunque los restos descubiertos tras un derrumbe en 1992 introdujeron dudas sobre esa datación.

Expolios y derrumbes

La incorporación a la Observancia de Castilla en 1485 había proporcionado autonomía y una administración más eficaz, pero la venta de los señoríos de San Martín en 1434 y de Pelayos en 1552 redujo sus recursos. Después, llegaron el saqueo de las tropas napoleónicas y la desamortización de Mendizábal. Entre 1835 y 1836, además, los monjes fueron expulsados y sus propiedades incautadas. El convento pasó, entonces, a manos privadas, sufriendo expolios y derrumbes. Acabó convertido en una ruina invadida por la vegetación.

Desde 2004, se han impulsado más de 10 intervenciones para frenar su deterioro y recuperar sus espacios.

Desde 2004, se han impulsado más de 10 intervenciones para frenar su deterioro y recuperar sus espacios. / DIRECCIÓN GENERAL DE PATRIMO CULTURAL

El giro decisivo se produjo en 1974, cuando el arquitecto Mariano García Benito encontró el siguiente anuncio en un periódico: “Se venden ruinas”. Compró el conjunto e inició una tarea paciente de desescombro, catalogación y consolidación. El monumento, protegido desde 1967 y declarado Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional en 1983, fue donado en 2004 al Ayuntamiento de Pelayos de la Presa. Desde entonces, la fundación Monasterio Santa María la Real de Valdeiglesias, el consistorio y la Comunidad de Madrid han impulsado 10 intervenciones para frenar su deterioro y recuperar sus espacios. En Pelayos de la Presa, la supervivencia de su monasterio no es una metáfora. Es su historia.