INCENDIO FORESTAL
Los últimos de Villamanta, 250 madrileños que continúan allí desalojados de sus viviendas "con lo puesto" por los incendios en la región
El Centro Deportivo Municipal La Chopera llegó a acoger a más de 4.000 desplazados el pasado jueves, de los cuales apenas quedan unos pocos que esperan volver a casa lo antes posible

Miguel Ángel y Sagrario, unos de los últimos evacuados en el polideportivo de Villamanta. / DAVID RAW

El incendio de la Sierra Oeste de Madrid continúa concentrando los mayores esfuerzos del operativo en el entorno del embalse de San Juan y los municipios de San Martín de Valdeiglesias y Pelayos de la Presa, donde persiste el riesgo de reactivaciones pese a la mejora de las condiciones meteorológicas. Mientras los equipos de extinción trabajan para consolidar el perímetro, Villamanta se ha convertido en uno de los principales puntos de acogida de los vecinos desalojados, con su polideportivo habilitado para atender a centenares de personas evacuadas de localidades como Villa del Prado o Aldea del Fresno. La Comunidad de Madrid mantiene activos una quincena de centros de acogida para los afectados y el incendio continúa bajo la declaración de emergencia de interés nacional, con un amplio despliegue de medios autonómicos, estatales e internacionales.
Miguel Ángel y Sagrario leen el periódico en una de las mesas del Centro Deportivo Municipal La Chopera, en el municipio de Villamanta, habilitado como refugio para los madrileños evacuados. Llevan aquí desde el miércoles y aseguran que están “deseando volver a casa”. Tuvieron que abandonar su casa en Picadas, una urbanización perteneciente a Aldea del Fresno, el pasado miércoles. Y, aunque horas después volvieron por el avance favorable de las llamas, a la mañana siguiente tuvieron que dejarla de forma definitiva. “Pasamos algunos ratos aquí y, de vez en cuando, bajamos a Aranjuez o Alcorcón, donde viven nuestros hijos”, dice Sagrario, que no tuvo tiempo de coger ropa de cambio: “No pensábamos que sería para tanto tiempo”.

Dos refugiados en el polideportivo de Villamanta. / DAVID RAW
Su marido pudo acercarse este lunes hasta la vivienda para dar de comer a sus tres gatos y coger algunas prendas de ropa. “Tienen gatera, pueden entrar y salir. No los traje conmigo porque pensé que, si venía el fuego, ellos huirían. Tampoco quiero tenerlos aquí en una caja porque se estresarían muchísimo. Además, aproveché para echar cloro en la piscina y comprobar que estaba todo bien”, señala. Si bien ambos creen que estarán de vuelta en su cama antes de este miércoles, aseguran que aún no tienen una fecha establecida: “El fuego es imprevisible y está rondando la casa. Por lo que nos dicen, estamos a punto de volver. O eso queremos pensar”.
Rutina en el polideportivo
A escasos kilómetros del Safari de Madrid, las llamas provenientes de Almorox y San Martín de Valdeiglesias no alcanzaron su casa gracias al cortafuegos creado para proteger las vidas de los animales. “Impidió que el fuego pasase a nuestra urbanización. El aire se lo llevó hasta Navas del Rey, donde sí se han quemado algunas viviendas”, añade. Miguel Ángel asegura que convivir en un polideportivo con tantas personas desconocidas “no es nada en comparación con la mili”. “El problema es la situación, desconocida para todos. Cuando veamos cómo han quedado nuestros montes, se nos caerán los palos del sombrajo. Eso no crece en un año ni en dos”, añade.
A su lado, en una mesa, Ana María, Susana, Lidia y Teresa juegan una partida de cartas. Son vecinas desde hace años en Aldea del Fresno y estar juntas es de las pocas cosas positivas que tiene esta experiencia. “Al principio lo llevábamos bien, pero ya se nos está haciendo pesado. Todos los días lo mismo. Durante la mañana hay buen ambiente, pero las noches son lo peor. No se puede dormir. Uno ronca, el otro se levanta, al fondo no paran de hablar, hay alguien con la luz…”, dice Ana María. Las cuatro han dado forma a una rutina de la que tampoco será difícil despedirse. Y, aunque aseguran que no hay mal ambiente, no se sienten con ganas de relacionarse con otras personas.

Cuatro vecinas de Aldea del Fresno en el polideportivo de Villamanta. / DAVID RAW
Si hay suerte, este martes ya dormirán en sus casas, las cuales visitaron el pasado viernes para coger algunos objetos de primera necesidad. “No se ha quemado nada, pero han entrado a robar en algunas viviendas. No me cabe en la cabeza que haya gente que quiera beneficiarse de la desgracia ajena”. Las aldeanas coinciden en que los bomberos forestales han estado “a la altura” en las labores de extinción, aunque el problema está en la prevención: “El monte no se limpia lo suficiente. No sé de quién es la responsabilidad”. Unos metros más allá, Cristian y Jennifer dan de comer a sus mascotas. Como ellos, son unos pocos quienes llegaron al polideportivo acompañados.
Retomar la vida
Perros, gatos y hasta un loro son también vecinos en esta convivencia. “Han habilitado esta habitación para quienes tenemos mascotas, para que estén más tranquilas y no molestemos a nadie. La convivencia es buena y, aunque hay problemas, se solucionan hablando”, dice él. Ambos aseguran que el can lo está llevando mejor que la felina, que duerme en una jaula a oscuras para no agobiarse: “Todos los días vienen voluntarios con más pienso, agua y medicinas”. La pareja no sabe en qué estado se encuentra su vivienda, un antiguo garaje reformado a pie de calle.

Cristian y Jennifer junto a su perro en el polideportivo de Villamanta. / DAVID RAW
Lo que más desea Cristian es volver a casa y retomar su trabajo, al que no acude desde entonces por falta de medios: “Soy personal de limpieza en el Hospital Gómez Ulloa y no puedo llegar a Carabanchel. Le comenté la situación a mi encargado y me dijo que no me preocupase, pero no puedo estar quieto”. Christine cruza la puerta en ese mismo instante con dos perros tras ella. Británica de nacimiento, lleva 45 años afincada en Aldea del Fresno junto a su marido, que acaba de llegar de visitar su vivienda. Ella se encontraba en Alicante cuando recibió la noticia y vino con la maleta hasta el polideportivo.
“Me dan pena mis flores, mi césped y mi piscina, que están llenos de polvo, pero tenemos que dar las gracias, eso es lo de menos”. Asegura que en ningún momento ha sentido miedo porque el río Perales, a escasos metros de su vivienda, hizo de cortafuegos y sólo llegó humo y ceniza. Sin embargo, lamenta la pérdida de más de 28.000 hectáreas de monte: “Hay muchos árboles secos, que pueden ser una bomba en circunstancias como esta”. Agradecida con poder dormir en una habitación más pequeña, la inglesa asegura que “siempre hay gente protestando”. “Unos se quitan las mantas y las almohadas a los otros y por la noche hay broncas. Aquí, al menos, somos pocos y estamos tranquilos”, zanja.