'BOOM' POSTAL
Irene Rain, la gurú madrileña que ha desatado la fiebre por escribir cartas: "Enviar 500 sobres al mes es todo un reto"
Está detrás de La Cartota, uno de los primeros 'mail clubs' de España: funciona por suscripción y cada remesa incluye objetos artesanales que completan la experiencia

IRENE RAIN | REDES SOCIALES

Es tal el mimo con el que Irene Rain prepara sus cartas que abrirlas es todo un gesto de complicidad. Las redacta paciente, cuidando las palabras que más tarde leerán sus receptores. Nunca deja nada a la improvisación: elige a conciencia el mensaje, la imagen, el color, la emoción… y, tras darles forma, al final de cada mes, las manda. Su comunidad las espera con tanta ansia que suele revisar el buzón con frecuencia. Nadie sabe lo que contendrán. “Este factor sorpresa forma parte de la magia”, dice Irene, artífice de La Cartota, uno de los primeros mail clubs de España. Funciona por suscripción y cada remesa incluye objetos artesanales que completan la experiencia. En una cultura dominada por la inmediatez, proyectos así se han transformado en una forma de cuidado. De ahí que, poco a poco, cada vez más personas estén lanzándose a escribir. Un colectivo que se ha propuesto dar la vuelta al dato publicado por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia: en 2024, el 80% de los españoles no envió ni recibió ninguna carta.
“Después de años absorbida por las redes, me propuse recuperar hobbies analógicos, potenciar mi creatividad y encontrar una forma más tangible de conectar con mis seguidores”, apunta Irene, creadora de contenidos. Lleva 13 años perfilando su universo digital en TikTok e Instagram, donde no para de atraer a nuevos públicos gracias a una cercanía poco habitual en estos lares. Sin embargo, el pasado enero sintió la necesidad de desconectar. Y, para ello, creó su club de correspondencia: “Puede sonar contradictorio, pero no tenemos que elegir entre una cosa y la otra. Se trata de que ambos mundos convivan de manera equilibrada”. Desde entonces, ha realizado siete envíos. Cada uno con una temática. Siempre poniendo el foco en los detalles. No hay dos iguales.

Irene Rain lleva 13 años como creadora de contenidos en YouTube, Instagram y TikTok. / ESTUDIO RAIN
En sus textos comparte las preguntas que la han asaltado recientemente. En la primera, por ejemplo, se centró en los nuevos comienzos. Y, a partir de ahí, según la fecha, se adentró en el amor, la naturaleza, la mujer… En cada sobre, asimismo, mete una ilustración creada por una artista emergente, así como un tarjetón con la protagonista del mes. Y, además, añade pegatinas y pasatiempos que alejen a los usuarios de las pantallas. “Es un trabajo laborioso porque lo hago todo desde casa: imprimir, redactar, empaquetar… Por suerte, mi familia está muy implicada y me ayuda en lo que puede. Curramos durante días para que todo quede lo mejor posible, teniendo siempre presente que el proceso es manual. Preparar 500 sobres al mes es todo un reto para mí”, sostiene Irene, una de las responsables de la fiebre epistolar que atraviesa España. Junto a ella, Laura García (Garlic Yaya Club), Natalia Naya (Muy musas), Paola Ferrari (Super Mama’s) y Sara Castro (Mis manos, tus manos), entre otras, se han propuesto resucitar esta tradición.
El furor que han despertado en la generación Z aún no ha encontrado techo. Algo que se refleja en la cantidad de papelerías especializadas que están abriendo. El éxito mundial de Geulwoll en Seúl las ha inspirado: la tienda que Juhee inauguró en 2018 se ha convertido en un punto de encuentro. Desde allí, entre sellos y tinta, sus clientes remiten cartas a todo el planeta. Un hito que su dueña ha relatado en El encantador arte coreano de escribir cartas, disponible ya en España. Algunas de ellas, posiblemente, hayan acabado en el buzón que Ángel Greses pintó en Santa Cruz de La Palma hace 16 años. Estaba harto de las facturas, así que tomó medidas. A rotulador, sobre una puerta azul, puso: “Sólo cartas de amor”. Y, desde entonces, no han dejado de llegar.
Retomar lo sencillo
Las hay en inglés, francés y alemán. La mayoría son de desamor, pero también de alegría y perdón. Hay quienes, incluso, piden a la casa, como si pudiera conceder deseos, que les traiga paz. Guadalupe, su hija, es hoy la encargada de custodiarlas. Vive en Valencia, pero regresa a la isla cada cierto tiempo. Allí, las lee con calma. Las estudia. Su padre falleció en 2022 y, para rendirle homenaje, ha juntado un buen puñado de ellas en un libro que acaba de publicar. Aquel disparate se ha convertido en lugar de peregrinación. No sólo entre los vecinos, hasta él se dirigen abundantes turistas a diario. La escritora Esmeralda Berbel lo descubrió de casualidad. Se quedó tan fascinada que ha diseñado un taller de escritura en su Barcelona natal. “Vivimos bombardeados de información. Estar siempre conectados a una pantalla nos ha hecho olvidar que la vida está ahí fuera esperándonos. Hay cosas que podemos hacer más allá de las redes sociales”, sostiene Irene para explicar este fenómeno. Un intercambio postal que favorece la canalización de los sentimientos.

Guadalupe sigue recibiendo las cartas de amor que su padre, Ángel, empezó a recibir en 2010. / EPE
“Los mail clubs encajan bien en el deseo de retomar lo lento y tangible. Recibir una carta implica tocar el papel y encontrar el instante adecuado para saborearla. Es una práctica diferente a deslizar el dedo por un teléfono. Su atractivo reside en recuperar gestos sencillos que antes eran normales y que, ahora, por varios motivos, se han vuelto especiales”, subraya. Su propósito es claro: regalar momentos de reflexión. Jay Ventress, de Australia, a través del proyecto Dear Stranger, lleva haciéndolo desde la pandemia: se dedica a pegar cartas por las calles de todo el mundo para entablar conversación con los locales. En Madrid estuvo hace dos primaveras. Y, en Francia, rizando el rizo, ya han abierto cafeterías como Pli que prometen mandarlas a tu yo del futuro.
El 'boom' artesanal
Quienes aún no han descubierto La Cartota y otros clubes utilizan Slowly, una aplicación para hacer amigos por correspondencia. O PenpalWord, una web donde postularte ante tres millones de usuarios. El agotamiento progresivo que provocan las pantallas ha disparado la demanda de actividades artesanales como ésta: cerámica, fotografía, pintura… En ellas podemos resguardarnos de la urgencia que han instaurado los algoritmos y las notificaciones. Un cambio de paradigma que llevan tiempo vaticinando la venta de vinilos y la compra de cámaras. “La mayor parte de las personas que tengo suscritas proceden de mi comunidad. Quieren recibir algo creado por mí en un formato distinto al digital. También hay perfiles a los que les interesa recibir en casa un pequeño trocito de arte cada mes. Y otros que se han acercado al proyecto por la nostalgia del correo postal y la sensación tan especial de abrir una carta”, continúa Irene.
¿Alguno ha llegado a contestarle? Más de uno: “Mi buzón siempre está ahí para quien quiera hacerlo. Ya he recibido algunas respuestas y me hace gran ilusión. Es una de las partes más bonitas de este viaje porque convierte algo que empezó como un envío mensual en una conversación real”. Por ello, precisamente, descarta que los mail clubs sean una moda pasajera. Están devolviendo a la sociedad un tiempo que iba a fondo perdido. Su intención, además, es que La Cartota vaya más allá y que, en un futuro, quién sabe, sus seguidores puedan encontrarse. Y, tal vez, impulsar su creatividad juntos.