FUEGO EN MADRID
Evacuados por los incendios de la Sierra Oeste esperan en Leganés: "Me siento inútil y con una incertidumbre aterradora"
El polideportivo La Cantera acoge a 197 vecinos, 38 de ellos menores, procedentes de cuatro municipios y todavía sin fecha para regresar a casa

El polideportivo La Cantera, en Leganés, es uno de los puntos que acoge a evacuados por los incendios en la Comunidad de Madrid / M.A.
En el Parque Deportivo La Cantera de Leganés, los niños corretean entre las camas mientras muchos adultos descansan, consultan sus teléfonos o esperan noticias para volver a casa. Hay bebés, adolescentes, personas mayores, afectados con problemas de movilidad y dos pequeños perros yorkshire que permanecen junto a sus dueños.
Las familias, agrupadas en el interior del polideportivo, intentan recuperar el sueño perdido y adaptarse a una convivencia que ninguno había previsto. En la entrada, un mostrador de Protección Civil atiende sus necesidades y facilita alimentos, ropa, productos de higiene y otros artículos básicos.
El recinto acogía a las 17.30 horas de este lunes 27 de julio a 197 evacuados, 38 de ellos menores, según el balance facilitado a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA por Teodoro Becedas, jefe de la Agrupación de Voluntarios de Protección Civil de Leganés. Proceden de Robledo de Chavela, Pelayos de la Presa, Navas del Rey y Chapinería. La mayoría llegó durante la noche del viernes 24 de julio en autobuses habilitados tras las órdenes de evacuación.
El dispositivo cuenta con camas y camillas de la Unidad Militar de Emergencias, colchones municipales y la participación de la Policía Local, la Policía Nacional, Protección Civil, Cruz Roja, asociaciones y comercios de Leganés como la churrería Áfrika, que entregó desayunos.
Salir "con los hijos y la ropa puesta"
Joanna, de 35 años, permanece en La Cantera con su marido, su hija de 15 años y un bebé de diez meses. La familia fue evacuada de Navas del Rey el viernes. Como el incendio había comenzado en Pelayos de la Presa, inicialmente pensó que las llamas no llegarían hasta su municipio. La situación cambió de forma repentina y tuvieron que marcharse sin tiempo para preparar el equipaje. Joanna explica que ninguno de ellos recibió la alarma de evacuación. Comprendió la gravedad de lo que ocurría cuando preguntó a una compañera por el incendio y esta le respondió que había abandonado el pueblo una hora y media antes y ya se encontraba en Madrid.
Cogió a sus hijos, se reunió con su marido y salió sin recoger ninguna pertenencia. "Si están mis hijos y está mi pareja, siento que lo tengo todo", afirma. La familia sabe que su vivienda continúa en pie, pero no ha recibido una fecha concreta para regresar. Joanna intenta evitar las expectativas y vivir cada jornada según llegan las noticias.

Desplazados en el Polideportivo La Cantera de Leganés / M.A.
La presencia de un bebé complica la estancia. Con las altas temperaturas, apenas se atreve a salir con el pequeño. Su principal dificultad cotidiana es bañarlo, ya que no dispone de una bañera infantil y tiene que entrar con él en la ducha. Reconoce que el encierro resulta estresante, pero sostiene que también la ha obligado a reconsiderar sus prioridades. "En ese momento no piensas en lo material. Piensas solo en tu familia y en que estén bien".
"Pensábamos que el fuego nos iba a alcanzar"
Verónica, de 43 años, llegó desde Robledo de Chavela alrededor de las doce y media de la noche del viernes. La acompañaban sus hijos, sus sobrinos y otros familiares. Durante la tarde cuidaba a dos sobrinos de seis y siete años porque su hermana trabajaba. Uno de ellos se encontraba enfermo. Cuando llegó la orden de evacuación, recogió la mochila del menor, sus medicamentos diarios y salió con la ropa que llevaba puesta.
"Fue horrible", resume. También tuvo que ayudar a una prima que se encontraba sola con un bebé de ocho meses. El marido de la mujer estaba trabajando y no había podido regresar. El trayecto estuvo marcado por el atasco y la proximidad de las llamas. "Mirábamos el fuego y pensábamos que nos iba a alcanzar en la carretera", recuerda. "El atasco que había era monumental".
Al llegar a Leganés, su sobrino fue trasladado al hospital porque la fiebre no remitía. Verónica, que padece hipertensión y diabetes, también ha necesitado asistencia sanitaria durante su estancia. Asegura que recibieron comida y atención médica desde el primer momento. Sin embargo, el alivio inicial dio paso a la ansiedad al comprobar que la evacuación se prolongaba.
Además del estado de sus viviendas, le preocupan las posibles consecuencias laborales de la ausencia, el pago del alquiler, los gastos diarios y las preguntas de los niños. En La Cantera se encuentran alrededor de 49 vecinos de Robledo de Chavela. Para ocupar las horas, Verónica utiliza los juegos de mesa que conocidos y vecinos de Leganés han llevado al recinto. Ella y varios familiares, de origen colombiano, también se han ofrecido para barrer, fregar y ayudar a mantener ordenadas las instalaciones. "Estas personas de Protección Civil no han dormido desde que llegamos", señala.
Tener que solicitar productos básicos también les genera incomodidad. Verónica reconoce que a veces les da vergüenza pedir pañales o medicamentos. Durante su estancia ha sufrido alteraciones de azúcar y tensión, además de vómitos que atribuye al nerviosismo. "Hoy he llorado como diez veces", admite. "Me siento inútil y con una incertidumbre aterradora".

Camas distribuidas en el Polideportivo La Cantera, en Leganés / M.A.
Javier Cubides, de 53 años, estaba trabajando en Las Rozas cuando le comunicaron que no debía regresar a Robledo de Chavela. Su familia estaba siendo evacuada y sería trasladada a un centro de acogida. Se dirigió a Leganés y permaneció pendiente de la llegada de los autobuses. Sus familiares llegaron cerca de las once y media de la noche del viernes. En La Cantera se ha reunido un grupo de cerca de 16 miembros de su familia. Javier destaca la atención prestada a los niños y a quienes atraviesan mayores dificultades emocionales. Las noticias que manejan indican que sus viviendas continúan intactas y que las llamas no han alcanzado el núcleo urbano de Robledo de Chavela, aunque el humo, la ceniza y la evolución del fuego impiden todavía el regreso. Mientras esperan nuevas instrucciones, Javier intenta animar a sus vecinos y familiares. "Si no, no podemos hacer nada. Hay que tener ánimo para todo", sostiene.
Una carrera para no separarse de los suyos
Jason Perea, de 32 años, se enteró de la evacuación cuando regresaba del trabajo junto a su hermano. Serían alrededor de las seis de la tarde cuando supieron que el acceso a Robledo de Chavela estaba cerrado. El autobús en el que viajaban solo pudo acercarlos hasta cierto punto. Desde allí tuvieron que correr para alcanzar uno de los vehículos que trasladaban a los vecinos hacia Leganés. "Nos tocó correr para alcanzar el otro bus", recuerda. El temor era quedarse separados del resto de la familia. Finalmente pudieron reunirse con sus allegados y llegaron a La Cantera durante la noche del viernes.
Para pasar las horas, escuchan música, hace bromas, juega y sale a caminar cuando las condiciones lo permiten. Familiares residentes en otros puntos de Madrid y vecinos de Leganés también les han llevado productos. Jason destaca la diversidad de procedencias entre las familias alojadas en el centro, la mayoría de Latinoamérica, y el ambiente de apoyo mutuo. Por el momento, las familias continúan agrupadas en el polideportivo, atendidas y a salvo, pero pendientes de un aviso que les permita recuperar la vida que dejaron atrás el viernes.
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