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TECNOLOGÍA Y FORMACIÓN

El sueño de dos jóvenes, una 'App' para estudiar con IA y todos sus ahorros en juego: así nace Antio desde Madrid

Luis Molpeceres y Alejandro García impulsan una plataforma integral de estudio con inteligencia artificial para academias de oposiciones y centros educativos, en pleno debate sobre cómo usar la tecnología sin sustituir el pensamiento crítico

Luis Molpeceres y Alejandro García, cofundadores de Antio, la plataforma de estudio con inteligencia artificial para academias de oposiciones y estudiantes.

Luis Molpeceres y Alejandro García, cofundadores de Antio, la plataforma de estudio con inteligencia artificial para academias de oposiciones y estudiantes. / Cedida

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Andrea San Martín

Andrea San Martín

Madrid

Un opositor recibe un temario de cientos de páginas en PDF. Hasta ahora podía imprimirlo, subrayarlo, resumirlo a mano, hacerse sus propios test y organizar como pudiera los repasos hasta el día del examen. También podía recurrir a ChatGPT y pedirle respuestas rápidas, con el riesgo de estudiar sin saber si realmente estaba aprendiendo. Antio propone otra vía: subir ese material a una plataforma, convertirlo con inteligencia artificial en resúmenes, tarjetas de memoria, conceptos clave, test y mapas conceptuales, y dejar que el profesor revise y apruebe todo antes de que llegue al alumno.

La promesa no es que la IA estudie por nadie, sino que ayude a estudiar mejor: saber qué toca repasar cada día, detectar dónde se atasca el opositor, medir su evolución y llegar al examen con más método, menos improvisación y más opciones de aprobar a la primera.

Detrás de esa idea están Luis Molpeceres y Alejandro García, dos jóvenes emprendedores que han puesto en marcha Antio, una plataforma integral de estudio con inteligencia artificial pensada, en una primera fase, para academias de oposiciones y estudiantes. En pleno debate sobre el papel de la IA en la educación, su propuesta intenta situarse justo en la frontera más delicada: aprovechar la tecnología sin sustituir el pensamiento crítico.

Luis Molpeceres y Alejandro García, dos jóvenes emprendedores detrás de Antio, la ‘app’ que quiere ayudar a estudiantes y profesores a usar mejor la IA.

Luis Molpeceres y Alejandro García, dos jóvenes emprendedores detrás de Antio, la ‘app’ que quiere ayudar a estudiantes y profesores a usar mejor la IA. / Cedida

El proyecto nació de la mano de Alejandro García, responsable de la parte técnica, el desarrollo de producto y la inteligencia artificial. Luis Molpeceres, con un perfil más vinculado al negocio, se fue incorporando poco a poco hasta tomar una decisión que resume bien el vértigo de emprender: dejarlo todo, invertir sus ahorros y quedarse en Madrid para intentar que la idea salga adelante, según explica a El Periódico de España.

Ambos tienen origen en Zaragoza, donde también se constituyó la empresa, pero Antio se mueve hoy entre la capital maña y Madrid. Molpeceres estudió Administración y Dirección de Empresas en su ciudad natal y después hizo un máster en Negocios Internacionales en la capital, donde trabajó también en una consultora y empezó a conocer de cerca el ecosistema emprendedor.

La elección de Madrid, por tanto, no es casual. Para una startup educativa, estar cerca de academias, universidades, aceleradoras, inversores y administraciones puede marcar la diferencia. "Sería mucho más fácil volver a casa y estar con mis padres", reconoce Molpeceres. Pero eligió la opción menos cómoda y más arriesgada: pagar alquiler, asumir gastos y apostar por Madrid. "Las oportunidades que hay aquí son muchísimo mayores", explica.

"Para que este proyecto realmente salga adelante, tenemos que tener presencia en Madrid", afirma. No significa abandonar Zaragoza, sino jugar en dos territorios: el origen y el lugar donde creen que pueden crecer más rápido.

Antio todavía está en una fase temprana, con más promesa que resultados definitivos. Al menos, a la espera de ver sus frutos. Pero su historia encaja con una conversación cada vez más urgente: cómo integrar la inteligencia artificial en la educación sin entregar el pensamiento crítico por el camino. Porque la pregunta ya no es si los alumnos van a usar IA. La pregunta es si alguien les va a enseñar a usarla bien.

Una IA para estudiar, no para copiar

Antio no quiere ser otro ChatGPT para resolver tareas. Esa es, precisamente, la línea que sus fundadores intentan marcar desde el principio. "La inteligencia artificial aquí ha venido para quedarse", sostiene Molpeceres. La clave, dice, es que los estudiantes aprendan a utilizarla "para aumentar mucho más nuestro rendimiento y no para que simplemente piense por nosotros".

La plataforma parte de una idea sencilla: el centro educativo o la academia sube el temario que ya utiliza y la IA genera materiales de estudio a partir de ese contenido. Resúmenes, conceptos clave, tarjetas de memoria, test o mapas conceptuales. Después, el profesor revisa, edita y aprueba antes de que nada llegue al alumno. "De nada sirve tener una herramienta de inteligencia artificial sin un experto pedagógico que apruebe todos esos materiales", defiende.

La diferencia, según Molpeceres, está en conectar dos mundos que muchas veces quedan separados: el alumno que estudia por su cuenta y el profesor que pierde visibilidad sobre cómo avanza realmente. Con Antio, el docente puede saber qué temas cuestan más, dónde se bloquea cada estudiante y qué partes conviene reforzar. "Si se atascan todos en un tema concreto, el profesor lo puede saber con datos en vez de con intuición", resume.

El primer campo de prueba: las oposiciones

Aunque la herramienta podría aplicarse a distintos niveles educativos, los dos socios han encontrado un primer terreno natural en las oposiciones. Preparaciones largas, mucho temario, presión, planificación y necesidad de seguimiento. "Ahí es donde hemos visto que más necesidad hay", explica uno de los fundadores.

Antio está trabajando en pilotos con academias de oposiciones, especialmente en procesos intensivos en teoría, como Justicia, y mantiene conversaciones en ámbitos como Sanidad o Educación. El proyecto todavía está en una fase inicial: no presume de resultados cerrados en oposiciones porque uno de sus primeros pilotos terminará en octubre, cuando los alumnos se presenten al examen.

Los sistemas de IA no pueden equiparar las condiciones profundas de las relaciones humanas.

Los sistemas de IA no pueden equiparar las condiciones profundas de las relaciones humanas. / Crédito: Sanket Mishra en Unsplash.

Lo que sí han probado antes, según cuenta Molpeceres, es el método con estudiantes universitarios. Ahí vieron que alumnos que ni siquiera pensaban presentarse a un examen acabaron preparándolo y sacándolo adelante. Fue una primera señal de que la plataforma podía funcionar como apoyo real al estudio, no solo como escaparate tecnológico.

Dos perfiles complementarios

Por ahora, Antio es una startup de dos personas. Alejandro García se encarga de la parte técnica, la inteligencia artificial, el producto y la personalización para cada centro. Luis Molpeceres está en la parte comercial: hablar con academias, buscar oportunidades con universidades y detectar qué necesita realmente el sector educativo. "Somos perfiles muy complementarios", explica. "Él es muy técnico y yo estoy más en la parte comercial". La estrategia, dice, la comparten ambos, porque el producto solo puede crecer si escucha de cerca a los centros y adapta la tecnología a problemas concretos.

Ese equilibrio entre tecnología y educación es uno de los grandes debates del momento. Mientras algunas herramientas de IA generan recelo por su posible uso para copiar o resolver tareas de forma automática, otras iniciativas intentan demostrar que la inteligencia artificial también puede ayudar a estudiar mejor, siempre que exista supervisión docente y criterio pedagógico.

El nuevo reto de estudiar en la era de la IA

El debate va mucho más allá de una aplicación. En plena irrupción de la inteligencia artificial, la digitalización acelerada y los cambios sociales, varias instituciones educativas han empezado a reforzar modelos que combinan tecnología, pensamiento crítico y formación humanista. Es el caso de CIS University, que ha impulsado una evolución de su modelo educativo para formar perfiles con ética, visión global y capacidad de analizar un mundo cada vez más tecnológico sin perder de vista la dignidad humana y la responsabilidad social.

Su presidenta, la Dra. María Díaz de la Cebosa, lo plantea desde una idea de fondo en un entorno "cada vez más tecnológico, acelerado y fragmentado” hacen falta espacios que recuerden “lo esencial: la persona, la dignidad, la cultura, la libertad, la responsabilidad y la convivencia".

Ese contexto ayuda a entender el momento en el que nace Antio. La tecnología avanza más rápido que los métodos de estudio tradicionales, pero las competencias técnicas ya no bastan. El reto está en enseñar a usar la IA sin renunciar al pensamiento propio. Molpeceres lo plantea de forma directa: existe una IA que puede hacer que el alumno deje de pensar y otra que puede personalizar el aprendizaje, automatizar tareas repetitivas y ahorrar tiempo al profesor.

"Nos encontramos mucho estigma sobre la inteligencia artificial, sobre todo en la educación", reconoce. Para él, el problema es que muchos centros asocian la IA únicamente con respuestas automáticas y modelos que hablan con una seguridad que puede confundir al estudiante. Frente a eso, Antio intenta situarse en otro lugar: una herramienta cerrada sobre los materiales del centro y revisada por docentes.

"Voy a tener que comer arroz con tomate"

Emprender tiene también una parte menos tecnológica y más terrenal: dinero, riesgo y tiempo. Molpeceres lo cuenta sin disfrazarlo. Tras meses compaginando Antio con otros trabajos, decidió dar el salto cuando vio que el proyecto necesitaba dedicación plena. "Vi que esto tenía potencial", explica.

La decisión no fue pequeña. Ha invertido sus ahorros y asume que los próximos meses serán duros. "Voy a tener que comer arroz con tomate durante los próximos diez meses", bromea. Pero cree que merece la pena si consiguen demostrar que la inteligencia artificial puede ayudar a estudiar mejor y si logran llevar Antio a más centros.

La startup está en proceso de certificarse como empresa emergente a través de ENISA, un paso que les puede facilitar el acceso a ayudas, ventajas fiscales y futuras vías de financiación. Mientras tanto, los dos socios avanzan con apoyo familiar en la parte de asesoría, conversaciones con aceleradoras y mucho aprendizaje sobre la marcha.