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FILOSOFÍA

Nuria Sánchez Madrid, filósofa, sobre qué significa ser libres: "La libertad no es un don, sino un trabajo atribuible al hombre"

La pensadora madrileña permite trasladar al presente una pregunta cotidiana: ¿basta con poder elegir para considerar que actuamos libremente?

Una persona con varias opciones

Una persona con varias opciones / Ann Hannes

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Madrid

Cada día tomamos decisiones y seguro que alguna vez te has preguntado si eres tú el único responsable de los caminos que eliges, de las alternativas que valoras. Algo que hacemos continuamente, paseando por El Retiro, de compras en la Gran Vía o al regresar a casa; en cada momento decides qué haces con tu tiempo, cómo respondes cuando algo te molesta, qué promesas mantienes y hasta qué punto te dejas llevar por un impulso. Pero poder elegir no significa necesariamente ser libre.

Esta diferencia es sobre la que gira la idea de la filósofa madrileña Nuria Sánchez Madrid en 'Crítica y libertad: el problema de la metafísica en el pensamiento kantiano' (Madrid, 2000), donde la autora escribe: "La libertad no es un don, sino un trabajo atribuible al hombre". Una frase que cuestiona una idea muy extendida: que la libertad consiste, sobre todo, en tener opciones. Sin embargo, la filósofa madrileña expone algo más exigente: el planteamiento de que la libertad no estaría garantizada por el hecho de poder escoger entre varias alternativas, sino que tendría que hacerse efectiva en la forma en que actuamos.

Desde esta perspectiva, y aunque pueda parecer contradictorio, Sánchez Madrid llega a la conclusión de que ser libre no consiste únicamente en hacer lo que uno quiere. La libertad implica preguntarse qué orienta nuestras decisiones, si podemos reconocerlas como propias y qué responsabilidad asumimos por ellas. La libertad deja así de parecer una posesión segura y se convierte en una tarea que se pone a prueba en la vida cotidiana.

Tener opciones no equivale a actuar con autonomía

En la vida diaria, la libertad suele asociarse con la ausencia de obstáculos. Una persona parece más libre cuanto mayor sea el número de alternativas de las que dispone: empleos, productos, opiniones, actividades o formas de vida. La lectura de Kant que desarrolla Sánchez Madrid conduce hacia una cuestión distinta: la existencia de varias opciones no permite determinar por sí sola si una decisión es autónoma.

Podemos escoger entre diferentes alternativas movidos por una inclinación, una costumbre o un interés inmediato, sin haber examinado el principio que orienta nuestra conducta. Esto no significa que los deseos y las inclinaciones deban desaparecer, forman parte de la experiencia humana e influyen en la voluntad. La cuestión es si esa influencia determina completamente la acción o si la persona conserva la posibilidad de actuar conforme a un principio que pueda reconocer como propio.

Imagen sobre manejar la duda

Imagen sobre manejar la duda / ANN HANNES

La libertad no se mide únicamente por la cantidad de acciones disponibles, importa también el principio desde el que actuamos y la posibilidad de responder por la decisión adoptada. Esta distinción nos permite observar dos alternativas ante una misma situación, por ejemplo: responder inmediatamente a un mensaje que nos ha molestado o detenernos antes de hacerlo. En ambos casos tenemos la posibilidad técnica de contestar, pero no necesariamente adoptamos la misma posición ante el impulso inicial. Pensar en la libertad como un trabajo permite distinguir entre seguir inmediatamente una inclinación y actuar conforme a un principio que la persona reconoce como propio. Esto no garantiza que decidamos correctamente, pero permite entender que el comportamiento humano no tiene por qué reducirse a una reacción automática.

Aprender a usar la propia libertad

Retomando la idea de Sánchez Madrid sobre que "la libertad no es un don, sino un trabajo atribuible al hombre", no puede suponerse que la autonomía aparezca automáticamente con la edad; conseguirla necesita formación, experiencia y ejercicio del juicio. Educar para la libertad no equivaldría a eliminar todas las normas, sería más bien ayudar a comprender su sentido y formar la capacidad de actuar por razones, en lugar de obedecer únicamente por miedo o seguir cualquier impulso inmediato. La tesis de la madrileña concede un lugar relevante a la educación práctica y a su papel como ayuda para el buen uso de la libertad.

En la actualidad, la rapidez de la comunicación convierte el uso de la propia libertad en un problema cotidiano

Esta idea puede trasladarse hoy a la necesidad de enseñar a deliberar, contrastar argumentos y asumir las consecuencias de una elección. En la actualidad, la rapidez de la comunicación convierte el uso de la propia libertad en un problema cotidiano. Publicar una opinión en redes sociales o difundir una información en Internet apenas requiere unos segundos. Esa facilidad amplía nuestras posibilidades de acción, pero no sustituye la capacidad de juzgar qué estamos haciendo. Así, contrastar un dato antes de compartirlo, reconocer un error o revisar una opinión ante nuevos argumentos pueden interpretarse como ejercicios de autonomía.

No porque la tesis trate específicamente sobre las redes sociales, sino porque su concepción de la libertad obliga a preguntar por el principio desde el que actuamos.La pregunta de la tesis de Sánchez Madrid, dos décadas después de su publicación, mantiene una conexión reconocible con la vida moderna. Frente a una libertad entendida como acumulación de opciones, la filósofa recupera una concepción más exigente: ser libre no es poder hacerlo todo, sino participar en la formación de aquello que hacemos. La libertad se manifiesta en la capacidad de responder por los actos, evitar que la conducta quede determinada exclusivamente por una inclinación y mantener abierta la posibilidad de cambiar. Por eso ser libre no es simplemente un don, es un trabajo que se renueva cada vez que tenemos que decidir qué principio está dispuesta a reconocer como propio.