SOCIEDAD
Qué fue de Elena Ochoa, la psicóloga que ayudó a los españoles a perder el miedo a hablar de sexo
La gallega saltó a la popularidad gracias al pionero programa ‘Hablemos de sexo’ y, tras casarse con el arquitecto Norman Foster, se hizo editora de libros de artista

Elena Ochoa, la presentadora de TVE de 'Hablemos de sexo'. / Archivo
Todo lo que usted quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar. Este era el título preferido de Chicho Ibáñez Serrador para el pionero programa que en marzo de 1990 puso en pie en la primera cadena de Televisión Española. Al final, el que fuera padre del mítico Un, dos, tres redujo su nombre hasta dejarlo en Hablemos de sexo y, sin lugar a dudas, consiguió el objetivo que se había propuesto cuando lo ideó: cautivar a la audiencia informando sobre sexualidad desde una perspectiva científica y humana sin entrar en juicios de valor de ninguna clase.
Cuentan que el desaparecido guionista y director de cine y televisión se empeñó en supervisar personalmente el casting para encontrar a la presentadora adecuada para su Hablemos de sexo. Tras entrevistarse con distintas profesionales de la sexología, acabó eligiendo a la entonces desconocida Elena Ochoa, hoy día Elena Foster, una atractiva e inteligente profesora universitaria de 31 años, titular de una cátedra de Psicopatología en la Universidad Complutense de Madrid, a quien se encomendó la difícil misión de dar la cara en la pequeña pantalla para intentar romper con uno de los mayores tabúes que entonces acechaba a los españoles.
"Todo nuevo trabajo implica un riesgo y yo estoy dispuesta a asumir incluso esa parte de riesgo que siempre se le escapa a uno de las manos", contó ella cuando se presentó el proyecto. "Mi vida es una vida sencilla que no tiene por qué cambiar. Seguiré dando clases en la Universidad. Precisamente, mi carrera, que siempre ha sido mi vocación, exige que no sean aireados ciertos aspectos de mi vida privada que, de conocerse, podrían crear prejuicios en la gente con la que trato. No soy una moralista ni una teóloga. Antecedentes, conducta y consecuencias, ese será el planteamiento formal de los problemas que se traten en cada programa. Y allá cada uno, en estos temas, con su conciencia...".
Nacida y criada en Orense, Elena tuvo una infancia feliz pese a que en el colegio la solían poner de cara a la pared porque hablaba mucho y no atendía nada (en un momento dado la expulsaron del colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón por no adaptarse a su disciplina). En plena adolescencia, un amigo de su familia le aconsejó leer un libro de Freud y esto resultó una buena excusa para que se dedicara a la psicología en lugar del arte, que en realidad era lo que le hacía tilín. Después de especializarse en psicología médica y psicopatología experimental, empezó a ejercer como profesora titular en la Universidad Complutense de Madrid y, ya antes de toparse con Ibáñez Serrador, intervino en otros programas de investigación para la salud.
Aunque al principio no terminaba de verse charlando frente a la cámara sobre penes y preservativos, dijo sí a Hablemos de sexo porque consideró que le podía ayudar a mantener la mente ocupada en un momento personal complicado (su madre había muerto de forma prematura). Así, cada noche, durante las 42 semanas que el espacio estuvo en antena, Elena se encargó de realizar entrevistas, dar paso a reportajes y responder a las preguntas que los espectadores habían remitido por correo a lo largo de la semana (por lo visto, la delicadeza de los temas desaconsejó contar con un consultorio en directo). Crítica y público se rindieron a sus pies por su capacidad para abordar sin dramatismos ni aspavientos un montón de cuestiones relacionadas con la sexualidad.
"Nos estamos encontrando con un desconocimiento absoluto en este tipo de temas", respondió la gallega cuando le preguntaron cuál era la mayor barbaridad que había escuchado en cuestiones sobre el tema de marras. "Excepto en el asunto de los anticonceptivos, es enorme la desinformación que hay. Donde curiosamente hemos encontrado un pudor tremendo es con el preservativo. En esto voy a dar una caña tremenda, porque la gente a la que hemos preguntado ha tenido reacciones de vergüenza, de risa, de 'no contesto', de 'vaya preguntita'. Es un tema que puede provocar risa, pero su necesidad es absoluta. Tanto es así que voy a hacer un canto al preservativo. Va a ser una ópera".
Gracias a la enorme popularidad del programa, Elena se erigió en alguien muy famoso en nuestro país. De hecho, tras el fin de Hablemos de sexo volvió a formar equipo con Ibáñez Serrador para conducir Luz roja, un nuevo espacio divulgativo donde se analizaban los problemas más crudos que azotaban a la sociedad y que se emitió en 1995, muy poco antes de que la susodicha se fuera a vivir a Londres con el prestigioso arquitecto británico Norman Foster, creador de edificios como la sede circular de Apple en Cupertino, la cúpula del edificio del Reichstag en Berlín, el aeropuerto de Pekín, el Metro de Bilbao o la Torre Cepsa en Madrid.
A Norman, veintitrés años mayor que ella, lo conoció en el transcurso de una cena ofrecida por el arquitecto Miguel Oriol en su castillo de Toledo. Según cuentan, él fue su compañero de mesa y no pararon de hablar. En ese momento, el ganador del Premio Pritzker y del Príncipe de Asturias de las Artes estaba viudo y su pretendienta, recién separada del escritor Luis Racionero. Se enamoraron rápidamente, contrajeron matrimonio en septiembre del 96 y tuvieron juntos dos hijos, Paola y Eduardo. Para entonces, nuestra protagonista ya había aparcado su carrera como psicóloga para convertirse en editora de libros relacionados con las artes. "Los 16 años de actividad académica, de investigación y clínica fueron intensos y productivos y nunca pude imaginar que llegaría a desarrollar otra profesión. Pero así es la vida... cambios, riesgos, exploración y reinventarse a uno mismo", dijo al respecto.
Poco a poco y con la ayuda de varios amigos, Elena fundó la galería y editorial Ivory Press, lanzada primero en Londres y más tarde en Madrid. "Ivory Press recupera la tradición de colaboración estrecha entre el artista y el editor que se inicia en el XIX y en la que Vollard fue pionero", señaló al periodista que le preguntó en qué consistían sus libros de artista y por qué algunos podían llegar a costar más de 100 mil euros. "Nosotros incorporamos tecnologías como las desarrolladas en el libro 'Wound’ de Anish Kapoor o en 'Open Secret' de Anthony Caro', que hubieran sido imposibles hace unos años. Es una aventura de creación y exploración de materiales, formas, de expresión. De no tener límites de tiempo y de libertad. Eso, además de un trabajo inmenso, pero apasionante, necesita un soporte financiero porque editamos muy pocos números de cada obra".
Entregada por completo a su nueva profesión, en 2011 se implicó como productora en el documental ¿Cuánto pesa su edificio, Sr. Foster?, que narra la trayectoria vital de su marido, y un lustro más tarde recibió el premio Iberoamericano de Mecenazgo en Arte por su labor. De un tiempo a esta parte se prodiga por la prensa lo justo y necesario, aunque recientemente dio una serie de entrevistas para explicar que su editorial se ha fusionado con la Fundación Norman Foster en un nuevo espacio en Madrid, ubicado en la calle Orfila, que acoge una librería y expone los libros del artista del sello.
En un reportaje publicado por Telva, la gallega de 67 años deslizó que Ivorypress será desde ahora el brazo cultural de aquella fundación, que según su web está destinada a fomentar el pensamiento y la investigación interdisciplinar para ayudar a nuevas generaciones de arquitectos, diseñadores y urbanistas a anticiparse al futuro. “Hace tiempo, comenzamos a explorar cómo y cuándo convertir Ivorypress en fundación oficialmente”, señaló. “En su 30º aniversario, este año 2026, llegamos a la conclusión de que era el momento adecuado... y qué mejor que integrarse dentro de la Fundación Norman Foster (NFF) compartiendo espacios con el Instituto Norman Foster (NFI), centrado en la educación de líderes cívicos, en la investigación tecnológica y la creación de software urbano, con aplicaciones concretas y eficaces de IA para ciudades”.
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