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MAESTRA QUESERA

Conchi, la bombera que dejó Madrid para hacer quesos en un pueblo de menos de 3.000 habitantes: "Las mujeres en el campo han existido siempre"

Concepción Martinez fundó La Caperuza hace 15 años y, junto a su socia, ha convertido la ganadería en extensivo y la producción de lácteos en un modo de vida

Conchi Martínez, la maestra quesera de Bustarviejo en La Caperuza.

Conchi Martínez, la maestra quesera de Bustarviejo en La Caperuza. / CEDIDA

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

Dice ser una chica de barrio. Sin embargo, no tardó mucho en huir de él. La vida tenía preparado para Concepción Martínez, Conchi, un plan incluso antes de que ella pudiera darse cuenta. Bombera forestal en Madrid, emprendió un camino alejado del ruido y las aglomeraciones hace ya 15 años. “Siempre me gustó el campo. Todos los fines de semana salía a la montaña, a ver los valles y los pueblos de la región. Al ser madre, decidí que la ciudad no era el sitio donde criaría a mis hijos. Quería otros ritmos, otras ventajas”, relata desde Bustarviejo, donde desembarcaron por aquel entonces. Aunque continuó varios meses trabajando en el cuerpo de bomberos, pronto entendió que debía dar un paso a un lado y cambiar su trayectoria profesional. “Viendo los recursos que había en el pueblo, decidimos emprender montando una ganadería en extensivo”, dice. Más de una década después, Conchi es maestra quesera en La Caperuza, un proyecto que busca dignificar la profesión y devolver el valor perdido a la alimentación responsable y de proximidad

Este pueblo siempre tuvo mucha carga ganadera, aunque había desaparecido en los últimos años. A esto, le sumamos que teníamos la posibilidad de acceder al monte público de la organización ganadera. Partimos de un inicio bastante bueno porque nos reducía los insumos, que eran en gran parte la propia vegetación”, recuerda. Ella y sus dos socios se abrazaron a esta oportunidad que, desde el primer momento, se acercó a sus convicciones personales, vinculadas al ecologismo y la responsabilidad ambiental: “Se trata de aportar en vez de restar, de producir algo minimice la huella que podamos dejar en el planeta”. Lo que empezó con apenas unos pocos animales se ha convertido en un rebaño de casi 250 cabezas. Para Conchi fue imprescindible estudiar los precios de mercado, la competitividad y la economía del sector en España para entender que debían hacer una venta directa de sus productos cárnicos y lácteos. Así nació la quesería.

La Caperuza elabora quesos y yogures de forma artesanal en Bustarviejo.

La Caperuza elabora quesos y yogures de forma artesanal en Bustarviejo. / CEDIDA

“Nos propusimos revalorizar el producto y ser lo más independientes posible”, dice. La Caperuza abrió sus puertas en 2015, aunque los dos socios decidieron desvincularse del proyecto “por falta de ingresos”. Fue, precisamente, en ese transcurso, cuando apareció Laura, socia actual de la madrileña. Veterinaria de profesión, se encarga de la parte ganadera del negocio, mientras Conchi lidera la transformación del producto en la quesería: “Me he formado en elaboración de lácteos, el tema normativo y los paquetes higiénico sanitarios. Soy la maestra quesera de Bustarviejo. Fabricamos quesos y yogures de varios tipos, con coagulaciones lácticas y enzimáticas”. No solo eso, también hacen visitas de sensibilización en las que dan a conocer la producción sostenible de sus alimentos, el coste social, económico y medioambiental que conlleva: “Cuando le muestras a la gente lo que cuesta producir un litro de leche o que para hacer un solo queso son necesarios siete litros de leche, que también ha de tener un precio justo, entienden la importancia”.

Mujeres ganaderas

En estas jornadas de puertas abiertas, todo el mundo puede ver en primera persona el comportamiento de los animales y su alimentación en semilibertad. Estos eliminan la vegetación más frondosa a modo de prevención de incendios forestales en época estival. La Caperuza representa la unión entre la ganadería, a cargo de Laura y Belu, y la quesería. “Una no existiría sin la otra. Los pequeños ganaderos están desapareciendo y todos los días se pierde terreno fértil que nos da de comer. Las cosechas se convierten en huertos solares o aerogeneradores. La gente no es consciente de que estamos perdiendo la soberanía alimentaria nacional, que solía ser importante. Cada vez más productos vienen del exterior. Cuando los agricultores y los ganaderos desaparezcan, tendremos que ver cómo nos alimentamos”, añade Conchi, que pone el foco en la ganadería extensiva como fuente de beneficios para el medio ambiente. El proyecto forma parte de Ganaderas En Red, de la Red Española de Queserías de Campo y Artesanas, del Mercado Social de Madrid y de la Plataforma por la Ganadería Extensiva y el Pastoralismo.

Laura (i) y Conchi (d) en la quesería de La Caperuza, en Bustarviejo.

Laura (i) y Conchi (d) en la quesería de La Caperuza, en Bustarviejo. / CEDIDA

Como mujeres en el medio rural, el papel de Concha y Laura pasa por la reivindicación de la presencia femenina en las labores del sector agrícola y ganadero. “Históricamente, nosotras hemos tenido menos oportunidades que los hombres. A ellos siempre les quedó la opción de trabajar en la construcción o en la montaña. Las mujeres han trabajado en la ganadería siempre, con la única diferencia de que ahora empiezan a ser visibles. Ahora podemos tener la titularidad de nuestros propios proyectos. Llevamos haciéndolo toda la vida, pero en la sombra. No somos súper mujeres, somos las mismas que hace 60 años, pero dueñas de nuestra voz. No necesitamos tener un hombre a nuestro lado”, relata la bombera que, a día de hoy, sigue enfrentando algunas barreras. Según asegura, son muchos los hombres que llegan a la quesería en busca de una figura masculina con la que hablar y, sólo ven a la madrileña sola, dialogan con ella: “En cuanto hay un hombre a mi lado, inmediatamente paso a un segundo plano”.

365 días al año

Existe, dice, una idealización de la profesión de la que ella formó parte durante los inicios en Bustarviejo. “Pensaba que sería estar en el campo, pastoreando a los animales y observando a las aves. Pero no. Resulta que el ganado requiere cuidados los 365 días del año, aunque llueva, nieve o azote una ola de calor. En época de partos, además, se trabaja las 24 horas del día, ya que los animales corren peligro. A todo ello hay que sumar los permisos y normativas, que considero necesarios, pero deberían ahorrarnos trabajo y no lo hacen”, sostiene. Ante la sobrecarga de trabajo y la limitada mano de obra, en La Caperuza buscan cualquier herramienta que pueda mejorar su día a día en la finca. La última, unos GPS o vallados virtuales que controlan al rebaño y evitan tener que pastorear 12 horas al día sin descanso: “Son una gran inversión, pero así podemos avanzar con otras tareas mientras los mantenemos en un área estratégica. Es una labor que han hecho los pastores siempre, pero sin tecnología. Simplemente desplazándose o haciendo la trashumancia”.

Laura, la encargada del ganado en La Caperuza.

Laura, la encargada del ganado en La Caperuza. / CEDIDA

Además, en la quesería han instalado placas solares y una caldera de biocombustible, con el fin de minimizar su contaminación y generación de residuos. Frente a los ultraprocesados que encontramos en el supermercado, los lácteos en La Caperuza se elaboran “con las manos”. “Las grandes superficies los venden con estrategias visuales, para que pienses que sale muy barato. Sin embargo, no hay mucha diferencia entre sus precios y los nuestros. Para algunos de nuestros quesos necesitamos nueve litros de leche. Tenemos una crisis ecosocial muy grave debido, entre otras cosas, a nuestra forma de alimentarnos. Se están exprimiendo nuestros recursos, el planeta y también a los trabajadores. Debemos sensibilizar, divulgar y fomentar el consumo de proximidad”, zanja.