FRENAR EL TABAQUISMO
Los hosteleros madrileños, sobre la ley antitabaco que plantea prohibir fumar en terrazas: "Las medidas no pueden ser tan drásticas"
El sector advierte de los posibles efectos sobre la clientela, el consumo y la gestión diaria de los establecimientos, al tiempo que reclama un mayor diálogo con la Administración

Los hosteleros de la Región consideran "desproporcionada" la ley antitabaco que prohibiría fumar en terrazas. / María José López

La tramitación parlamentaria de la nueva ley antitabaco ha abierto un nuevo frente entre el Gobierno y el sector de la hostelería. La reforma, impulsada por el Ministerio de Sanidad, plantea ampliar los espacios libres de humo mediante la prohibición de fumar en las terrazas de bares, restaurantes y hoteles, además de endurecer la regulación de cigarrillos electrónicos y tabaco calentado. Mientras el Ejecutivo defiende que la iniciativa responde a criterios de salud pública, las organizaciones empresariales consideran que las restricciones tendrán un notable impacto sobre la actividad económica del sector. Hostelería de España, patronal estatal, ha indicado que esta medida tendría una “eficacia limitada” y precisa que podría desplazar los encuentros con fumadores a espacios cerrados. Así mismo, señala que actualmente existe una “buena convivencia” entre fumadores y no fumadores en las terrazas.
La agrupación ha puesto el foco en el impacto negativo que la medida podría tener para el turismo y la imagen internacional del país. En Europa, sólo Suecia mantiene una prohibición similar. “Son un espacio clave para la vida social y económica del país y cualquier decisión debe valorar con seriedad su impacto real en términos de empleo, actividad empresarial, competitividad turística y experiencia de los clientes”, recuerda José Luis Álvarez, presidente de la patronal, que insta a establecer un diálogo con las autoridades para evitar que la responsabilidad de velar por su cumplimiento no recaiga en los empresarios. Con el inicio de su recorrido en el Congreso, la ley entra ahora en una fase decisiva en la que los grupos parlamentarios negociarán los cambios antes de su aprobación definitiva.

El sector advierte de los posibles efectos sobre la clientela, el consumo y la gestión diaria de los establecimientos. / AGENCIAS
Mario, propietario del restaurante DCorazón, considera que la iniciativa es positiva si hablamos de la salud de los españoles, debido a los efectos adversos que genera el tabaco. Sin embargo, como hostelero, cree que las medidas “no pueden ser tan drásticas”. “Nos afectará mucho a nivel comercial. Ocurrió lo mismo cuando se decidió prohibir el tabaco en interiores. Son costes para las empresas cuando no se organizan en condiciones o se toman las medidas adecuadas”, señala mientras levanta la verja del establecimiento. De hacerse efectiva la nueva ley antitabaco, el madrileño prevé que ni comensales ni camareros sabrán cómo actuar del todo: “Quizás habilitar una zona para fumadores en cada terraza funcionaría, al menos en este local. En cambio, en otros con menos espacio, no tiene sentido. Son ideas descabelladas”.
Terrazas vacías
Asegurando que el tabaquismo está altamente asociado a la búsqueda de terrazas, especialmente en el centro de la ciudad, apunta a que, si la medida persigue erradicar el consumo, no debería comenzar con el sufrimiento de los hosteleros: “Veremos las terrazas menos llenas y la gente se quedará en casa o irá a clubs privados”. Su opinión contrasta con la de Clara, encargada de uno de los locales de la franquicia Cañas y Tapas de la capital, que, en más de una ocasión, ha tenido que mediar entre varios comensales por este tema. “Puede ser una forma de crear una convivencia más armoniosa. El humo molesta a quien no fuma y nos ha generado problemas aquí porque, por muchas quejas que haya, nosotros no tenemos la potestad ahora mismo para pedirles que dejen de fumar. Esta ley sería una forma de respaldarnos a nosotros”, reconoce.

La agrupación ha puesto el foco en el impacto negativo que la medida podría tener para el turismo y la imagen internacional del país. / Victor Lerena
La joven calcula que alrededor del 80% de su clientela consume tabaco, ya sea convencional o calentado. Un dato que, insiste, se ha llevado a algunos comensales por delante: “Hemos perdido mesas enteras, sobre todo con niños, que se van porque tienen varios cigarros encendidos alrededor. Y lo entiendo. Estar sentada y que te lleguen ráfagas de humo es algo incómodo”. Clara cree difícil llegar a contentar a todo el mundo y propone reservar algunas mesas, alejadas del resto, para estas ocasiones. Fabiana, jefa de sala en Restaurante Gusto, ha trabajado en cuatro provincias como camarera durante, prácticamente, la mitad de su vida. En estos años ha podido comprobar que Madrid concentra más fumadores que otras regiones: “Genuinamente, al haber tantos fumadores activos en la capital, no creo que haya forma de erradicar el tabaquismo. Aquí, al menos, un 60% de la clientela total, se enciende un cigarro junto a su consumición”.
Tabaquismo en España
Si bien augura un éxito cuestionable a la propuesta de ley, tiene claro que los principales beneficiados serán los clientes no fumadores. “Y quien quiera hacerlo, tendrá que levantarse o irse a otro lugar. Buscarán otros lugares o estarán en la terraza mucho menos tiempo, lo cual también repercutirá en el número de comandas”, apunta. A sus ojos, el tabaco convencional y calentado son igual de nocivos que los vapeadores y espera que, pese a unos meses “intensos” de darse su aprobación, luego la gente “se acostumbrará”. Jonathan, parte del equipo de Cafetería Magerit, es fumador desde hace 20 años y, aún así, se siente incómodo cuando respira el humo de otra persona. “Todo depende de la conciencia de cada uno. Yo siempre procuro apartarme para no molestar, por lo que veo esta ley como un avance. El humo afecta más al que no es fumador que al que tiene el cigarro en la mano. Afectará al sector, eso seguro, pero no demasiado. Será cuestión de adaptarse a una mejor convivencia, como ya se ha hecho en otras ocasiones”, dice.
No cree en la pérdida de clientes, que se efectuaría cuando estos se fueran a otro establecimiento: “Si no se puede fumar en ninguna terraza, la gente seguirá viniendo pero se alejará para fumar entre consumición y consumición. Será curioso a la vista, pues aquí fuma más del 90% de los clientes. La hostelería es un buen sector por el que empezar para crear nuevos espacios libres de humo”. Hay quien, como Alejandro, camarero en Taberna Victoria, no cree en esta medida. “No estoy muy al tanto. Y eso que soy fumador. Entiendo que mi humo pueda molestar, pero si giro el brazo, no es para tanto. También nosotros merecemos respeto. Cuando les digamos a los clientes de toda la vida que dejen de fumar en la terraza, no me extrañaría que se levantaran y se fueran. Yo mismo lo haría. El que fuma, seguirá haciéndolo, sean cuales sean las restricciones. Y aunque llegue la ley antitabaco, los comensales lo harán a escondidas, con el brazo agachado. Yo el primero”, concluye.