ARTESANÍA
El madrileño que dejó la universidad para ser ebanista y terminó haciendo muebles en Noruega: "El sistema educativo falló a mi generación"
Inspirado por el estilo escandinavo y los muebles 'mid-century', Álvaro Jaumà fabrica mobiliario en un taller compartido en Alcorcón con las técnicas que aprendió en el taller donde trabajaba su tío

Álvaro Jaumà tiene 28 años y fabrica mobiliario de estilo 'mid-century' en un taller compartido en Alcorcón. / ALBA VIGARAY

Álvaro no fue buen estudiante. Aunque nunca repitió curso, dice, llegó a suspender hasta 11 asignaturas en un mismo año. Esa, confiesa, fue la única batalla que libró con su madre. “Luego las acababa aprobando todas. Terminé segundo de bachillerato y, debido a la titulitis que hay en España, me matriculé en Marketing y Publicidad porque sonaba fácil y divertido, pero nunca he trabajado de ello”, relata Álvaro Jaumà. Nacido en Madrid, se mudó con su familia a La Coruña cuando apenas tenía cuatro años y no regresó a la capital hasta su breve etapa universitaria. “No sabía qué quería hacer. Me gustaba el tema de la carpintería y, en 2020, mi tío me ofreció formarme como aprendiz en su taller. En plena pandemia. Pronto me di cuenta de que era un trabajo cojonudo. Es un trabajo físico y al principio me costaba, pero me di cuenta de que me apasionaba. A día de hoy no haría otra cosa”, relata desde un taller compartido en Alcorcón, donde fabrica muebles por encargo con inspiración mid-century.
Se considera afortunado por haber encontrado una vocación, algo que asegura no es habitual entre los jóvenes de su generación. “Nos ha fallado el sistema educativo. A mi me ha venido bien no haber encajado, pero cuánta gente hay muerta del asco en una oficina. Mis amigos, sin ir más lejos, están todos hartos”, señala. Su madre, osteópata craneosacral, y su padre, periodista, son los responsables de que Álvaro no haya descansado hasta encontrar una profesión en la que sentirse cómodo y realizado: “Somos una familia poco habitual. Nos han dado una educación liberal, en la que buscar lo que nos hiciera felices siempre fue fundamental. Nunca quisieron que nos conformásemos con un trabajo por el mero hecho de ser cómodo”. El joven pasó cerca de un año lijando y moviendo muebles en el local familiar por un sueldo “bastante bajo”. Aún así, su implicación permaneció intacta. Al menos, hasta la vuelta de vacaciones.

Álvaro Jaumà, en el taller compartido donde trabaja, en Alcorcón (Madrid). / ALBA VIGARAY

El taller que comparte con otros artesanos también imparte clases y cursos a futuros profesionales. / ALBA VIGARAY
“No tenía ganas de volver y busqué trabajo a través de redes sociales. Siempre me atrajo el estilo de los muebles escandinavos, así que envié mi currículum a empresas en Suecia, Noruega y Finlandia. Mandé 15 solicitudes y una de ellas me contestó minutos después. Al día siguiente me llamó y en tres semanas ya estaba viviendo en Noruega”, relata. Allí pasó tres años y, aunque volvió satisfecho, ahora siente que debió alargar su estancia. Tal fue su desarrollo profesional, que acaba de volver tras tres semanas en el país nórdico con un contrato de refuerzo en la misma compañía. “En España nunca tuve responsabilidad, pero aquí siempre me han dado proyectos y aprendí a trabajar en equipo, donde el interés personal queda en un segundo plano. Además, la situación económica entre ambos países es muy diferente. En Madrid ganaba mucho menos que en Noruega. Esta diferencia salarial tiene que ver con que allí hay una clase media más establecida”, sostiene.
Educar al cliente
Si bien asegura que como asalariado no es una profesión en la que “hacerse rico”, al menos, en España, la ebanistería y la carpintería cuentan con más relevo generacional que otras profesiones como la electricidad o la fontanería donde, dice, “hay un gran problema”: “Todo es consecuencia de haber reducido el tejido educativo a los trabajos de oficina”. El taller que comparte con otros artesanos, donde paga por tener un banco de trabajo a su nombre, también imparte clases y cursos a futuros profesionales. Tras varios años de experiencia, Álvaro ha llegado a la conclusión de que, en España, su trabajo no recibe el valor que merece. “La gente no entiende de dónde viene el precio y hacen una comparación constante con mega empresas como IKEA o Sklum. Hay una labor de educación de cliente implícita, pero hasta cierto punto. Yo sé cuánto tengo que cobrar por lo que hago. Mis piezas no las hace nadie más. Se convierte en un producto de lujo”, expresa.

Los muebles que firma el madrileño están fabricados a partir de maderas nobles como roble, nogal, castaño o cerezo. / ALBA VIGARAY

A caballo entre el taller y su casa, Jaumà dedica alrededor de tres semanas a cada uno de los encargos. / ALBA VIGARAY
Las mesas, sillas, estanterías y muebles que firma el madrileño están fabricados a partir de maderas nobles como roble, nogal, castaño o cerezo. Una de ellas es la butaca Retiro, inspirada en el parque que el madrileño considera “un lugar de calma dentro de todo el caos”. En todos ellos no solo busca una estética diferencial sino que puedan pasar de generación en generación. “Me interesa la atemporalidad, que se puedan heredar. Una mesa de comedor en la que siempre come una misma familia. Ahí se generan recuerdos. Eso con las de una gran superficie es difícil de conseguir”, suma. A caballo entre el taller y su casa, donde idea y diseña los proyectos en su fase inicial, Jaumà dedica alrededor de tres semanas a cada uno de los encargos: “Más de un mes se convertiría en algo pesado, es el tiempo justo para dedicarme a tiempo completo a algo”. La jornada comienza a las ocho de la mañana. Unos días en su habitación, frente al ordenador, y otros directamente en el taller. Todo depende de la fase de creación en la que se encuentre.
Cada pieza es única
“Si me piden una pieza del catálogo, como mi butaca insignia, la mesita de café o una estantería, donde no hay proceso de diseño, las fabrico directamente. Luego están los trabajos a medida, por encargo. En esos casos visito la casa del cliente, ya sea en La Coruña o en Madrid. Tomo medidas, pido referencias e intento ofrecer tres opciones de diseño. Inicialmente siempre dibujo a mano para encontrar formas interesantes y termino con programas de renderizado en el ordenador”, narra. Dicho esto, reconoce que son pocos los días que termina trabajando ocho horas. A diferencia del cliente noruego, su público en España responde a una clase media-alta concienciada con un gasto intencionado: “No me interesa el capricho ni las modas. Lo ideal es un proceso de compra lento, estudiado”. Son muchos los que, cuando se topan con el ebanista por primera vez, quedan sorprendidos con su juventud.

A diferencia del cliente noruego, su público en España responde a una clase media-alta. / ALBA VIGARAY

Álvaro Jaumà regresará a Galicia en los próximos cinco años. / ALBA VIGARAY
La principal diferencia con los muebles que venden las grandes superficies es la particularidad de los mismos. No hay dos iguales y cada pieza es única: “Cuando diseño algo para mi línea, está inspirado en las piezas de los años 50 en adelante. Si es para otros, me adapto siempre al espacio con el fin de que no desentone. Dibujo curvas hasta encontrar algo interesante. O voy por la calle y analizo los edificios, alcantarillas y barandillas. Se trata de equilibrar lo que quieran los clientes con lo que yo haría”. Su tiempo en Madrid tiene fecha de fin, pues Álvaro pretende volver a Galicia, donde pasó gran parte de su vida. “Madrid es un buen sitio para empezar, pero mi sueño es estar de vuelta en los próximos cinco años y montar un taller propio en casa. Madrid es cojonuda para cualquier artesano, pero tiene un ritmo frenético que no me interesa en absoluto”, zanja.