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ARTE

Dalí regaló a Madrid un dolmen de 13,13 metros: la historia del monumento nacido de su amistad con Tierno Galván que cumple 40 años

La obra, inaugurada el 17 de julio de 1986 junto al antiguo Palacio de los Deportes, exigió mover 350 toneladas de piedra y supuso una inversión de 189,6 millones de pesetas

Archivo - Plaza de Salvador Dalí, a 19 de mayo de 2026, en Madrid (España).

Archivo - Plaza de Salvador Dalí, a 19 de mayo de 2026, en Madrid (España). / Jesús Hellín - Europa Press - Archivo

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Andrea San Martín

Andrea San Martín

Madrid

La amistad y la admiración mutua entre Salvador Dalí y el entonces alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván, dieron lugar a uno de los monumentos más singulares de la capital. Cuatro décadas después de su inauguración, la Plaza de Salvador Dalí sigue albergando el conjunto monumental ideado por el artista, un dolmen de 13,13 metros de altura acompañado por un homenaje a Isaac Newton que se convirtió en uno de los proyectos urbanos más ambiciosos de la ciudad en los años ochenta.

Una amistad convertida en monumento

El origen del conjunto monumental se remonta a 1985, cuando Madrid acogió '¡Viva la Gala!', una iniciativa impulsada por la empresa Ararte y el crítico Santiago Amón para sacar el arte de las galerías y llevarlo a las calles mediante reproducciones de pinturas instaladas en vallas publicitarias.

Dalí seleccionó seis obras dedicadas a Gala y supervisó personalmente la campaña, que en Madrid se desplegó en 175 vallas repartidas por nueve emplazamientos. La inauguración tuvo lugar el 13 de mayo, a las 13:13 horas, en la Puerta del Sol, con pasodobles y una lluvia de pétalos de rosa lanzados desde un globo aerostático.

Aquel homenaje reforzó la relación entre el pintor y Enrique Tierno Galván. Dalí agradeció la iniciativa con varios telegramas y regaló al alcalde un bastón que, según afirmaba, había pertenecido a Víctor Hugo. Poco después trasladó al Ayuntamiento su intención de dejar una obra permanente como muestra de agradecimiento a la ciudad.

La gestación del proyecto es uno de los episodios que reconstruye Jesús Espelosín, entonces concejal del Ayuntamiento de Madrid, en el libro La Plaza de Salvador Dalí. Una historia de amistad y mutua admiración entre Dalí y Tierno Galván.

Durante un encuentro en Figueres, Dalí recibió a Espelosín y a Santiago Amón sentado en "una especie de trono, vestido con camisón blanco y gorro de dormir" y conectado a una sonda de oxígeno. A pesar de su delicado estado de salud, fue dictando las características del monumento.

El ingeniero municipal Jesús Jiménez Cañas transformó aquellas indicaciones en los planos definitivos. Dalí imaginó un dolmen de proporciones excepcionales, formado por tres pilares de granito y una gran losa natural, con una altura exacta de 13,13 metros, una cifra cargada del simbolismo numérico que el artista había utilizado en el homenaje a Gala.

El conjunto debía completarse con una escultura de Isaac Newton, de cuatro metros de altura, situada sobre un pedestal de piedra negra con las cuatro letras del nombre de Gala grabadas en su base.

Una plaza creada expresamente para la obra

Las dimensiones del proyecto obligaron al Ayuntamiento a buscar una solución inédita. No existía ninguna plaza disponible en el centro de Madrid para dedicar al artista y tampoco se contemplaba cambiar el nombre de otra ya existente.

La respuesta fue crear un nuevo espacio urbano. El Consistorio convirtió en Plaza de Salvador Dalí la intersección situada frente a la entrada principal del antiguo Palacio de los Deportes, entre la avenida de Felipe II y la calle de Antonia Mercé.

Dalí firmó el croquis definitivo el 2 de octubre de 1985. Un mes después, el 12 de noviembre, Tierno Galván viajó a Figueres acompañado por Juan Barranco, Jesús Espelosín, Jesús Jiménez Cañas y el agente municipal Manuel Ubieto para formalizar el acuerdo con el artista.

Una obra de 350 toneladas

El proyecto de urbanización partía de un presupuesto de 199 millones de pesetas y finalmente fue adjudicado a Dragados y Construcciones por 189,6 millones, con un plazo de ejecución de seis meses.

La construcción requirió mover unas 350 toneladas de piedra. Los tres pilares principales se tallaron en granito procedente de una cantera cercana a Villacastín (Segovia), donde incluso se fabricó un cuarto pilar de reserva por si alguno se fracturaba durante el transporte.

Las piezas llegaron de noche a Madrid escoltadas por la Policía. Como ninguna sufrió daños, el bloque sobrante regresó a Villacastín y desde 2025 permanece instalado en una rotonda de la localidad, donde se conoce como el Menhir de Villacastín.

También resultó compleja la búsqueda de la piedra negra exigida por Dalí para el pedestal del Newton. El material tuvo que importarse desde Sudáfrica y ensamblarse a partir de varios bloques. La escultura fue fundida en los talleres de Eduardo Capa mediante la técnica de la cera perdida y ensamblada posteriormente debido a sus dimensiones.

La urbanización se completó con un pavimento de círculos concéntricos y radios, una superficie cercana a los 20.000 metros cuadrados y la instalación de 32 farolas.

La inauguración estuvo inicialmente prevista para un día 13, siguiendo la simbología numérica de Dalí, pero el montaje de la escultura de Newton retrasó el calendario.

El conjunto monumental fue inaugurado finalmente el 17 de julio de 1986, a las 13.05 horas, en una jornada de intenso calor y pocas horas antes del comienzo de la fase final del Campeonato del Mundo de Baloncesto que se disputaba en el vecino Palacio de los Deportes.

Enrique Tierno Galván había fallecido en enero de ese mismo año y no pudo contemplar la obra terminada. Durante el acto, el entonces alcalde, Juan Barranco, leyó un telegrama enviado por Salvador Dalí en el que el artista recordaba a quien había sido el principal impulsor de un monumento que, cuarenta años después, continúa formando parte del paisaje urbano de Madrid.