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SOCIEDAD

Qué fue de Cuqui Fierro, la socialité y filántropa que durante años ofreció las fiestas más exquisitas en su palacete madrileño

La heredera del conocido empresario Ildefonso Fierro sufrió un tremendo varapalo al perder a su marido y a dos de sus hijos y anda desaparecida del foco

Cuqui Fierro junto a Bruno Delaye, embajador de Francia en España, y David Meca, nadador.

Cuqui Fierro junto a Bruno Delaye, embajador de Francia en España, y David Meca, nadador. / GUSTAVO CUEVAS

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Madrid

Durante muchos años, Cuqui Fierro organizó las mejores fiestas de Madrid en su palacete ubicado en la plaza del marqués de Salamanca, en el distrito más caro de nuestro país. En sus eventos, lo mismo podía encontrarse uno a Carmen Franco, la única hija del dictador, como a Sara Montiel, Francisco Umbral, Carmen Lomana, el rey Juan Carlos o Isabel Preysler, a quien por cierto ayudó a integrarse en sociedad cuando estaba recién llegada de Filipinas. También forma parte de su grupo de amigos la periodista Carmen Duerto, que en una ocasión comentó que ya no se recibe como Cuqui lo hacía, no solo porque una celebración como la suya costaba dos meses de preparación por los detalles y la variedad, sino porque además es bastante espléndida con los invitados y siempre procura que el servicio doméstico esté volcado por agradar.

“Ese día les da una gratificación extra a las casi 40 personas que moviliza y los que acuden por trabajo, fotógrafos, paparazzis, guardias de seguridad y chóferes, también son invitados a cenar en el palacete”, escribió Duerto hace unos años. “El festejo no acaba a las tres de la madrugada con el último invitado saliendo por la puerta de la plaza del Marqués de Salamanca, sino que se prolonga varios días. Al día siguiente, se reparten viandas entre las personas que, por su edad, no han podido acudir a la fiesta. Los más de 60 centros de flores que adornaban toda la planta baja y el jardín salen con distintos destinos; el panteón familiar, varios hospitales o iglesias de la zona y parte de los regalos, Cuqui los donará”.

Claro que el dinero nunca fue un problema para Florentina Fierro Viña, verdadero nombre de Cuqui, quien en su día heredó una importante fortuna de su padre, el destacado empresario Ildefonso Fierro. Con pocos medios y una escasa formación pero un gran olfato para los negocios, este afable leonés se lanzó a la creación de un grupo empresarial presente en prácticamente todos los sectores (desde la banca o el transporte hasta el de los fósforos o las artes gráficas, pasando por la construcción, el petróleo o la automoción). Él fue por ejemplo quien en 1946 fundó el Banco Ibérico, que se contaba entre los 12 bancos privados españoles más importantes y más tarde fue absorbido por el Central.

“En el momento de su muerte, el 6 de diciembre de 1961, Ildefonso Fierro Ordóñez era uno de los empresarios más importantes e influyentes de España. Presidió su cortejo fúnebre el ministro subsecretario de la Presidencia, Luis Carrero Blanco, al que acompañaron en el sepelio otros seis ministros del Gobierno: los de Exteriores, Hacienda, Gobernación, Obras Públicas, Comercio y Ejército”, contó sobre él Elena San Román, autora del libro Ildefonso Fierro: la aventura de un emprendedor, quien también destaca de Ildefonso que cuidó siempre de modo extraordinario sus relaciones personales. “No solo los vínculos de amistad con quienes fueron sus compañeros de negocios, sino los vínculos con los políticos que le facilitaron, en muchos casos, sus actividades económicas”.

También se esforzó por cuidar los vínculos de amistad su hija Cuqui, que desde jovencita destacó por su personalidad extrovertida y sociable. Es probable que esta fuese una de las cosas que enamoró a José Antonio Torróntegui y Anduiza, el empresario vasco con el que se casó en 1957 y tuvo cuatro hijos: Flora, Marta, Gracita y José Manuel. Los seis nadaron en abundancia durante mucho tiempo, aunque no por ello se olvidaron de los que no corrieron su misma suerte. De hecho, Cuqui siempre disfrutó ayudando a los más desfavorecidos. “Creo que cuando tienes una categoría en la vida y una posición social elevada, la única preocupación y responsabilidad es saber que tienes que dar y darte a los otros”, manifestó la socialité, que también tiene fama de ingenua y confiada, cosa que sirvió para que muchos se acercaran a ella con el único afán de gorronear.

Tres muertes importantes

El rostro de la madrileña era muy habitual en los actos sociales y en la mayoría de las citas solidarias. Tanto es así que cada año colaboraba con el Rastrillo de Nuevo Futuro, el mercadillo solidario creado a finales de los 60 por un grupo de señoras adineradas capitaneado por la infanta Pilar de Borbón, hermana del rey emérito. “Unos meses antes del Rastrillo de Nuevo Futuro, Cuqui hacía un mercadillo en su casa con sus objetos personales y las cosas que pedía a las boutiques donde arrasaba cuando iba a comprar, porque la gente le correspondía”, contó sobre esto Duerto. “Las exponía todas en un salón y te invitaba a merendar. Cuando llegaba el momento de celebrar el rastrillo quedaba con la infanta Pilar y le hacía entrega de un abultado sobre lleno de billetitos”.

Sin embargo, a partir de mediados de los 90, Cuqui sufrió una serie de pérdidas familiares que le borraron la sonrisa. Primero fue su hija Marta, fallecida en 1996 a causa de las quemaduras sufridas mientras se depilaba con cera. Cinco años después le tocó el turno a su marido José Antonio , cuyos restos recibieron cristiana sepultura en el cementerio de El Pardo. Y el remate fue lo de su hijo José Manuel, víctima de un cáncer en 2012, algo que la sumió en una profunda depresión. Ya una vez repuesta un poco, siguió organizando comidas en casa y viéndose con amigos como el nadador David Meca o la también socialité Pitita Ridruejo. “La gente ya no se complica tanto la vida con las fiestas”, decía en 2014. “Todo lo hemos hecho en casa, con mucha ayuda pero yo estoy en todo. Todos los domingos recibo amigos. A las dos celebramos la misa en la capilla de casa, luego tomamos el aperitivo y comemos”.

Palacete en venta

A comienzos de 2017, su vida dio un nuevo giro al verse obligada a abandonar su famoso palacete por problemas de movilidad. “Mis raíces siguen estando en mi casa que sigue siendo mía, pero con mis achaques de salud, vivir en un palacete de cinco plantas sin rampas y sin adaptar a los problemas de movilidad que tengo ahora, me resultaba invivible porque a mí me gusta salir y hacerlo desde mi casa era un suplicio. Así que he decidido dejarla e instalarme en una vivienda mejor acondicionada y pegada a mí casa”, explicaba la socialité, que en la misma entrevista reconoció que aunque al principio le costó acostumbrarse a su nueva casa, un piso de cerca de 500 metros cuadrados en una de las zonas más codiciadas de la capital española, en esos momentos se sentía feliz y contaba con el apoyo de sus empleados domésticos, sus perros, su hija y sus nietos, quienes además vivían muy cerca de ella.

A sus 94 años, la última superviviente de la jet set dorada de Madrid vive bastante retirada del foco mediático y, según algunas fuentes, “sufre una depresión severa y un notable deterioro físico". Hace un tiempo puso a la venta su famoso palacete por 50 millones de euros y, para dar salida a muchos de los cientos de objetos de todo tipo que albergaban sus cuatro paredes, recurrió a una gran casa de subastas parisina (el dinero obtenido lo donó). Este mayo volvió a aparecer en los titulares cuando varios medios señalaron que existe un desacuerdo entre los miembros de la familia Fierro sobre la operación de venta (el palacete también está “a nombre de su hija Marta, de la viuda de uno de sus hijos y de dos de sus nietos”), y esto ha llevado a que la casa siga hoy “completamente cerrada”.