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María Zambrano, filósofa aprendiz de José Ortega y Gasset, ya adelantaba: "La democracia es la sociedad en la cual no sólo se permite, sino que se exige, el ser persona"

La malagueña integrante de la Escuela de Madrid vivió una época de guerra marcada por la Guerra Civil y los totalitarismos

María Zambrano, en un primer plano, tras su regreso del exilio, en el que estuvo entre 1939 y 1984, durante 45 años.

María Zambrano, en un primer plano, tras su regreso del exilio, en el que estuvo entre 1939 y 1984, durante 45 años. / Fundación María Zambrano

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Valeria López Peña

Valeria López Peña

Madrid

"La democracia es la sociedad en la cual no sólo se permite, sino que se exige, el ser persona", escribía la filósofa María Zambrano durante su exilio tras la Guerra Civil en un rechazo a los regímenes autoritarios a pocos años de la dictadura franquista que le impediría volver a Madrid hasta 1984 en un piso cercano a El Retiro, punto de peregrinación de intelectuales de la época y de encuentros con sus amistades más cercanas.

El contraste entre "individuo" y "persona"

La aprendiz de José Ortega y Gasset durante sus estudios en la Universidad Central (hoy Complutense) publicó sus reflexiones sobre la democracia en 1955 bajo su libro 'Persona y democracia'. Como exiliada, defendía una diferencia entre el término "individuo" como unidad aislada que a menudo se opone a la corriente de la sociedad, mientras que la "persona" conlleva un proyecto ético, consciente y positivo, resultado de un proceso de madurez que solo se alcanza con la convivencia.

No es de extrañar que rechazara con firmeza los totalitarismos, ya que consideraba que bajo un régimen como el de Franco, las personas son tratadas como instrumentos de producción, masas ciegas que no solo no pueden pensar por fuera de su trabajo sino que son perseguidas por hacerlo. Para Zambrano, la democracia es el único sistema que tolera la autonomía y la diferencia, al mismo tiempo que exige que cada ciudadano tome responsabilidad por su destino y desarrolle su pensamiento crítico.

María Zambrano, filósofa en exilio por la guerra y la dictadura hasta su regreso a Madrid

María Zambrano, filósofa en exilio por la guerra y la dictadura hasta su regreso a Madrid / Fundación María Zambrano

En este sentido, ser persona, bajo su definición, no es algo innato, que se consigue automáticamente al nacer. En su lugar, es un ejercicio de valentía y compromiso con la libertad, un esfuerzo tan admirable como necesario, entonces y ahora.

Un año después de su regreso, Zambrano ya afirmaba en una entrevista con José Miguel Ullán que "es terrible lo feo que está el mundo. No hay un rostro de verdad, un rostro, puro o impuro, pero un rostro. El mundo está perdiendo figura, rostro, se está volviendo monstruoso (...). Sí, encuentro que el mundo se está vaciando de pensamiento. Es horrible". Más de 40 años después, las cifras más frías confirman sus preocupaciones: 130 conflictos armados activos, de los cuales entre 50 y 60 se consideran guerras de alta intensidad, a pesar de que el mismo par sean las que ocupen los titulares.

La obra de María Zambrano

A pesar de que este fue apenas uno de sus tantos libros, sin mencionar sus varios ensayos y columnas, su extensa obra no fue reconocida hasta el último cuarto del siglo XX,. Quizá por sus extenuantes estadías para refugiarse en Francia, Cuba, México, Puerto Rico, Italia o Suiza, nunca pudo evitar centrarse en el compromiso cívico y el pensamiento poético, un legado que a pesar de ser desconocido permanece en las calles madrileñas.

Estudió en la Universidad Central de Madrid y siguió su camino en las tertulias de la Revista de Occidente desde 1927. Con el tiempo, se distanció del 'raciovitalismo' de su maestro en la Facultad de Filosofía José Ortega y Gasset, con quien mantendría largas conversaciones durante su paso universitario sin saber que en unos años estallaría la Guerra Civil.

04/06/2024 El retrato de la ensayista María Zambrano realizado por el pintos Luis Moro y el cual se une la Galería del Ateneo de Madrid CULTURA ATENEO DE MADRID. FILOSOFA. ARTE. PINTURA. CUADRO

El retrato de la ensayista María Zambrano realizado por el pintos Luis Moro y el cual se une la Galería del Ateneo de Madrid / ATENEO DE MADRID / Europa Press

Como buena filósofa, sus frases célebres no acaban ahí y son tan atemporales como las de otros compañeros de la Escuela de Madrid, con reflexiones al rededor de "una humanidad que no encuentra un lugar propio" que la llevan a compararse con Antígona con un exilio que desenlaza en un inevitable sacrificio. Entusiasta de la República, siempre se interesó por el debate político y trató de entender el amor y su razón de ser durante la adversidad.