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CASAS DE FAMOSOS

Así viven Julián Álvarez y Emilia Ferrero en Madrid: casa minimalista con amplios jardines, chef privada y elevados techos

El delantero de la Selección Argentina reveló la intimidad de su vivienda al exjugador de rugby argentino Agustín Creevy

Así es la casa de 'La Araña' Julián Álvarez

Así es la casa de 'La Araña' Julián Álvarez / @Agustín Creevy

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Valeria López Peña

Valeria López Peña

Madrid

Julián Álvarez nació en Calchín, una pequeña localidad de Córdoba, Argentina, un país donde el fútbol se lleva en la sangre. Muchos días han pasado desde que entrenaba para el Club Atlético Calchín, de su natal provincia, todavía más desde que se trasladó a Buenos Aires para entrar al River Plate, iniciando un camino que lo llevaría a ponerse la camiseta de rayas blancas y rojas del Atlético de Madrid en 2024, una decisión que le hizo mudarse a la capital española, junto a su pareja, Emilia Ferrero.

El delantero argentino responsable de un golazo contra el equipo suizo en un encuentro que resultó a favor del equipo latinoamericano 3 a 1 en los cuartos de final del Mundial 2026 también es conocido como 'La Araña', por correr tan rápido que parece tener varias patas. Desde las gradas, lo acompaña María Emilia Ferrero, madre su primer hijo Amadeo, con quien han formado un hogar en una zona exclusiva de Madrid.

Recibidor de la casa de Julián Álvarez

Recibidor de la casa de Julián Álvarez / @Agustín Creevy

Estructura fluida

Su casa está pensada para la comodidad, funcionalidad y ambientes amplios con diseños contemporáneos que quedaron al descubierto en un recorrido junto al exrugbier Agustín Creevy para su canal de YouTube.

Un bonsái y un cuadro de su perro blanco Tarzán dan la bienvenida a una distribución fluida hacia el resto de habitaciones. Al mirar hacia arriba está la primera clave de este diseño, con un hall de entrada de doble altura con una dramática amplitud y luminosidad. Los espacios conectados entre sí eleva el sobrio ambiente a cuenta de decoración en colores neutros y líneas simples con altos techos y abundante luz.

Al hilo, su cocina es lo más destacable con su personalidad de moderna y minimalista. La elegancia de sus grandes ventanales permiten el ingreso de luz durante gran parte del día y mantienen en el retrovisor el amplio jardín. También tiene una amplia isla central, punto de referencia para cocinar en familia y largas conversaciones acompañadas por el desayuno.

Cocina de Julián Álvarez

Cocina de Julián Álvarez / @Agustín Creevy

Los muebles en torre y alacenas que se alargan cubriendo todo el muro, refuerzan esta hospitalidad preocupada por evitar las sobrecargas visuales en todo momento. El contraste viene a manos de unos puntos de negro en las estructuras empotradas y los electrodomésticos acostumbrados a las manos de Natali Melot, chef privada de la familia, especializada en nutrición deportiva y la responsable de saciar sus antojos por platos argentinos.

Hospitalidad sin recargas visuales

Sin paredes que las separen, el living se integra con la cocina. El epicentro, un gran sillón en tonos claros y a su alrededor, mesas bajas de líneas rectas bajo los reflectores de un sistema de iluminación con rieles empotrados y spots direccionables que resaltan distintos sectores.

Pero es inevitable que entre tanto beige y blanco, la mirada se vaya al gran cuadro abstracto en tonos tierra. Entre texturas y relieves, le da profundidad al espacio mientras le quita la atención la gran pantalla de televisión sigilosamente instalada sobre una pared con un brazo extendible.

Jardín y sala de entretenimiento

En el exterior, el jardín es una prolongación natural del living en línea con fluidez de toda la casa y gracias a grandes ventanales corredizos. Allí se extiende una amplia superficie de césped, la sombra de los árboles y muros perimetrales cubiertos por enredaderas, de tal forma que protegen su privacidad sin agobiarse por el encierro.

Jardín de Julián Álvarez

Jardín de Julián Álvarez / @Agustín Creevy

También hay un área de entretenimiento en la que tienen una mesa de pool con espacio de sobra para dar vueltas al rededor y acomodar el taco de billar. A pocos pasos se puede empezar una partida de dardos que aterrizarán sobre un tablero electrónico, sentarse frente a una barra con banquetas, detenerse frente a las estanterías abiertas o preparase 'pochoclos' (palomitas). La diversión está complementada por un despacho para esas tareas laborales y aburridas reuniones.