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PSICOLOGÍA

Thomas Erikson, experto en comportamiento: "El psicópata cotidiano puede estar en tu oficina, en tu pareja o en tu familia"

El autor de 'Rodeados de idiotas' regresa con 'Rodeados de Psicópatas', una guía para detectar manipuladores en el trabajo, las relaciones y el entorno más cercano

Thomas Erikson.

Thomas Erikson. / Carlos Ruiz B. K.

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Andrea San Martín

Andrea San Martín

Madrid

No hace falta imaginar a un asesino de película ni a un villano de manual. Para Thomas Erikson, el psicópata más peligroso puede ser alguien mucho más cercano: un compañero de trabajo encantador, una pareja que al principio parece perfecta, un jefe que todos justifican porque da resultados o una persona que sabe exactamente qué decir para ganarse la confianza de los demás.

El autor Thomas Erikson presenta 'Rodeados de narcisistas'.

El autor Thomas Erikson presenta 'Rodeados de narcisistas'. / Carlos Ruiz B. K.

El autor sueco, convertido en fenómeno internacional con Rodeados de idiotas, vuelve ahora con Rodeados de Psicópatas, un manual en el que aplica su conocimiento sobre patrones de comportamiento y el método DISC —dominio, influencia, estabilidad y cumplimiento— a un terreno más incómodo: la manipulación. Su tesis es clara: no todo mentiroso es un psicópata, no toda persona difícil merece esa etiqueta, pero hay perfiles que repiten una combinación peligrosa de rasgos y que pueden causar mucho daño antes de ser detectados.

¿Qué es exactamente un psicópata cotidiano?

Un psicópata cotidiano es alguien que se parece a nosotros, habla como nosotros y actúa como nosotros, pero que en realidad no se parece a nosotros. Tiene una agenda oculta. Es un depredador, un parásito, un manipulador y un mentiroso. El problema es que no se ve a la primera. Hace falta tiempo para detectar los patrones que conforman ese comportamiento. Salvo que estén en prisión, muchos llevan una vida aparentemente normal, y por eso cuesta tanto reconocerlos.

¿Por qué es tan difícil detectarlos al principio?

Porque no basta con observar una sola conducta. Existe una lista de rasgos, pero muchos de esos comportamientos pueden aparecer también en personas normales. Por ejemplo, mentir. Todos mentimos alguna vez, aunque sea con pequeñas mentiras sociales para quedar bien o evitar un conflicto. La diferencia está en la repetición y en la acumulación. Un psicópata no miente una vez: miente de forma constante. Manipula, engaña, no muestra remordimiento, no siente empatía y repite esos patrones en el tiempo. Hay que mirar el conjunto, no un gesto aislado.

¿Eso significa que cualquiera puede ser manipulado?

Sí. Cualquier ser humano puede ser manipulado. Da igual el contexto: público, privado, legal o ilegal. Si respiras, si tienes emociones, si tienes puntos débiles, puedes ser manipulado. Incluso los expertos pueden caer. Recuerdo el caso de Robert Hare, uno de los grandes especialistas en psicopatía, que terminó prestando las llaves de su Mercedes a un psicópata al que él mismo había identificado. El hombre le convenció de que se lo devolvería. No lo hizo. Eso demuestra hasta qué punto pueden ser convincentes.

En el trabajo, ¿cómo actúa un manipulador de este tipo?

Puede actuar de muchas maneras, pero una técnica muy habitual es el refuerzo positivo arbitrario. Primero te dice que eres fantástico, que confía en ti, que todos te admiran. Te hace sentir especial. Y, de repente, retira ese reconocimiento sin explicación. Entonces la víctima intenta recuperar esa aprobación. Hace más, cede más, se esfuerza más. También puede ocurrir al revés: mediante acoso, presión o críticas constantes hasta que la persona hace lo que el manipulador quiere para evitar el conflicto. Lo importante es entender que esto no ocurre de golpe. Puede desarrollarse durante semanas o meses. El psicópata observa, estudia tus puntos débiles y luego los utiliza.

¿El halago puede ser un arma?

Sí. El halago puede ser una herramienta muy potente. Hay personas especialmente sensibles a la aprobación externa. En el lenguaje DISC los perfiles amarillos suelen ser más sociales, expresivos y necesitados de reconocimiento, como más vulnerables a esa técnica. Cuando se acostumbran al aplauso y luego se les retira, pueden sentirse descolocados y hacer lo posible por recuperar esa validación. Ahí empieza la manipulación.

¿Y la culpa? ¿A quién afecta más?

La culpa suele funcionar mejor con personas que quieren agradar, que evitan el conflicto y que necesitan sentir que todo está bien con los demás. En el modelo DISC, lo vincularía más a perfiles verdes, aunque no se puede reducir todo a un color. También depende de la historia personal de cada uno. Una persona que ha recibido muchas críticas o que arrastra inseguridades puede ser más vulnerable a la culpa, independientemente de su perfil.

¿Hay algún perfil más difícil de manipular?

Los perfiles azules diría que son los más difíciles de manipular porque son más racionales, menos dependientes de caer bien y muy atentos a los detalles. Si alguien les dice una cosa y luego otra, lo recuerdan. Si detectan una mentira, pueden tomar distancia. Por eso, una de las respuestas más eficaces frente a un psicópata es marcharse. No intentar cambiarlo, no entrar en su juego y no confiar en que acabará comprendiendo el daño que causa.

¿Un psicópata tiene cura?

No. No tienen una enfermedad mental, sino un trastorno de la personalidad. La diferencia es importante: el psicópata no se siente mal por lo que hace ni lo vive como un problema propio. Pedirle a un psicópata que deje de serlo sería como pedirle a una persona daltónica que vea todos los colores. No funciona así.

¿Qué puede hacer una empresa si sospecha que tiene a alguien así dentro?

Es muy complicado. Lo primero es confiar en el instinto. Cuando algo no encaja, probablemente haya algo que observar. El problema es que estas personas suelen buscar aliados antes de que nadie las señale. Ahí está la dificultad: cuando una víctima intenta advertir de lo que pasa, el manipulador ya puede haber construido otra versión. Puede haber convencido a otros de que el problema es precisamente quien lo denuncia. Tiene una estrategia. La víctima, normalmente, no.

¿Las empresas protegen demasiado a estos perfiles si dan resultados?

A veces sí. Muchas organizaciones toleran a personas tóxicas si a corto plazo generan dinero, resultados o beneficios para los accionistas. Aunque a largo plazo estén dañando equipos, reputación o cultura interna, pueden mantenerse porque funcionan en términos inmediatos. El riesgo es que, cuando el daño se hace visible, ya ha pasado demasiado tiempo.

¿Qué pasa si alguien lee el libro y piensa: "¿Y si el psicópata soy yo?"

Si alguien se hace esa pregunta de verdad, probablemente no lo sea. Un psicópata no suele plantearse si está haciendo daño ni siente esa inquietud moral. Otra cosa es mirarse al espejo y reconocer que uno puede tener comportamientos mejorables. Todos hacemos cosas de las que no estamos orgullosos. Pero preguntarse por ello, querer corregirlo y trabajar en uno mismo ya marca una diferencia fundamental.

Después de hablar de idiotas, narcisistas y psicópatas, ¿en qué trabaja ahora?

Ahora no estoy trabajando exactamente en una continuación de Rodeados de Psicópatas, sino en un libro que amplía el universo de Rodeados de idiotas. No me centro tanto en cómo se comporta cada color, sino en qué hay detrás: los motores y las motivaciones que explican por qué una persona actúa de una determinada manera.