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OLA DE CALOR

Una pulsera que anticipa golpes de calor a obreros y barrenderos en Madrid: "Es muy complicado bajar a un compañero del andamio con una insolación"

En 2025, España registró 3.832 muertes atribuibles al exceso de calor, un 87,6% más que el año anterior, según el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo) del Ministerio de Sanidad

Varios obreros trabajan en la construcción de una vivienda nueva en Madrid.

Varios obreros trabajan en la construcción de una vivienda nueva en Madrid. / Ricardo Rubio

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

La Comunidad de Madrid afronta un verano marcado por el incremento de las temperaturas extremas y el riesgo que estas suponen para algunos grupos de población. Entre ellos, los miles de trabajadores que desarrollan su actividad al aire libre durante los meses críticos. Teniendo en cuenta que España registró 3.832 muertes atribuibles al exceso de calor, un 87,6% más que el año anterior, según el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo) del Ministerio de Sanidad, la prevención de golpes de calor cobra especial relevancia. Sectores como la limpieza viaria, la construcción, la logística o los servicios de emergencia son los perfiles en los que se ha puesto el foco a la hora de reducir el número de incidencias. 

“591 de esas muertes ocurrieron en la región. Estamos ante un problema de salud laboral de gran relevancia que obliga a replantearse los modelos tradicionales de prevención frente al calor”, explica Jaime de Andrés, codirector de Biodata Bank en España, la compañía japonesa detrás de la pulsera inteligente CANARIA+, capaz de detectar el riesgo de golpe de calor antes de que aparezcan los primeros síntomas. Esta, alerta al usuario mediante vibración, sonido y una señal luminosa para que interrumpa la actividad, se hidrate y busque un lugar fresco: “Fue desarrollada originalmente con el objetivo de proteger a los trabajadores y voluntarios de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Desde entonces hemos extendido la actividad a sectores cuyos trabajadores están expuestos a altas temperaturas”. 

Una pulsera que anticipa golpes de calor a obreros y barrenderos en Madrid.

Una pulsera que anticipa golpes de calor a obreros y barrenderos en Madrid. / CEDIDA

La tecnología, que ya ha sido validada en proyectos con organizaciones como Airbus, el hospital suizo de Valais o los bomberos de Tokio, mide el flujo de calor estimando cuánta energía térmica retiene y disipa el cuerpo al mismo tiempo que monitoriza cambios en la temperatura corporal profunda. “Cuando detecta variaciones anómalas identifica una posible situación de riesgo y alerta al usuario cuando se aproxima a la zona de peligro. El usuario debe realizar una pausa de entre cinco y 15 minutos y proceder a su enfriamiento. No puede retomar la actividad hasta que el indicador vuelva a ser verde”, dice. La aplicación de la misma resulta útil en una región como Madrid, donde la sensación térmica supera los 40 grados en zonas urbanas durante parte del verano.

Hasta 50 grados

De Andrés pone el foco en la capacidad de esta pulsera para detectar los incrementos de riesgo antes incluso de la aparición de síntomas visibles, permitiendo intervenir antes de que se produzca un colapso. “Es relevante si se tiene en cuenta que en un alto porcentaje de los casos de golpe de calor, los síntomas no se identifican a tiempo y, cuando se detectan, a veces ya es demasiado tarde”, sostiene. Siendo Madrid una ciudad relevante por su combinación de temperaturas altas en verano, elevada intensidad urbana y concentración de actividades laborales al aire libre, el codirector fija la mirada en el personal de limpieza urbana, los trabajadores de la construcción, la jardinería, los servicios logísticos y también en quienes trabajan en fábricas, fundiciones, metalurgia o cuerpos de seguridad y emergencias.  

Joaquín Pavón es uno de ellos. A sus 59 años, el natural de Madrid, lleva tres décadas montando andamios en las calles de la capital en todas las épocas del año. “Tengo compañeros que han sufrido golpes de calor y es muy complicado bajar a una persona de un andamio en esa situación. Es un peso muerto. Sabemos lo que hay que hacer por los cursos de prevención de riesgos laborales, pero realmente pocas veces te enseñan a cómo actuar en esas situaciones”, apunta. El veterano, que o recuerda un verano en el que no se hayan superado los 40 grados, agradece la puesta en marcha de iniciativas como esta: “Antes el único método para aguantar el calor era bajar el andamio, buscar un suministro de agua y mojarse, beber y volver a subir cada cierto tiempo. Sin embargo, estando a 25 metros de altura, no siempre es fácil, por eso también subíamos el agua con la polea”.

La pulsera CANARIA+ de Joaquín Pavón, trabajador a pie de calle en Madrid.

La pulsera CANARIA+ de Joaquín Pavón, trabajador a pie de calle en Madrid. / CEDIDA

La seguridad en el sector ha adquirido una mayor importancia en los últimos años, al igual que lo ha hecho la educación al operario, señala: “Antes no teníamos ni arnés ni mosquetones. Ha ido mejorando en todos los sentidos, aunque ello haya reducido la productividad. Al estar enganchados al andamio, perdemos movilidad y somos más lentos”. Fue el año pasado cuando, tras las primeras olas de calor, la empresa otorgó una pulsera a cada trabajador. “Estando en el andamio, lo que intentábamos era sacar el trabajo lo más rápido posible para bajar cuanto antes, llegando a forzar el cuerpo más de lo que lo permite. No nos dábamos cuenta, pero no queríamos subir de nuevo. Y así se producían muchos golpes de calor”, suma. Si bien reconoce que la temporada pasada se registraron algunos errores en el dispositivo, asegura que la de este año ha mejorado considerablemente.

Protección de datos

“Si pita tienes que bajar a descansar a la sombra 20 minutos. Antes sólo bajábamos cuando teníamos sed. Aunque en la calle haya 35 grados, la fachada al sol suele tener 10 grados más, es decir 45 grados. Y nuestros hierros pueden llegar a los 50 grados. Pasar ocho horas en esas condiciones es inconcebible”, cree. La primera vez que su muñeca comenzó a vibrar, Joaquín no le dio demasiada importancia. Sin embargo, pronto entendió que era un sistema que velaba por su integridad. “Es un razonamiento lógico y puro. En esta profesión está normalizado trabajar en estas circunstancias. Toda la vida se ha trabajado al sol, como en el campo. Ahora, que el calor llega antes a Madrid que hace años, ha incrementado la jornada intensiva. La peor hora siempre es a partir de las 14:00 horas, que es el punto álgido”, sostiene, reconociendo que muchas de estas muertes “podrían haberse evitado”.

España, según expone el codirector de la compañía en España, es uno de los pocos territorios de la Unión Europea que cuenta con una regulación específica para la protección de los trabajadores frente al estrés térmico. “Creemos que todavía existe una brecha entre la norma y su aplicación práctica. Medidas actuales como pausas de hidratación o reorganización de horarios, basadas en indicadores ambientales, son necesarias y positivas, aunque no siempre suficientes para cubrir la variabilidad real del riesgo”, insiste. Si bien es un ámbito de interés a futuro, el proyecto de CANARIA+ se encuentra aún en fase inicial. “En caso de colectivos vulnerables existen entornos controlados como residencias, donde el uso podría plantearse a nivel institucional si el centro lo decide. Sin embargo, la distribución a nivel municipal o particular aún no es un escenario real”, reconoce.

Un jardinero trabaja con la pulsera en su muñeca.

Un jardinero trabaja con la pulsera en su muñeca. / CEDIDA

La protección de datos y privacidad del usuario están garantizadas, pues el aparato no transmite datos a ningún sistema externo ni requiere conectividad constante. Toda la información registrada se procesa directamente en el dispositivo, que se limita exclusivamente a parámetros relacionados con la respuesta térmica del usuario. “El enfoque es deliberadamente simple y analógico en ese sentido, con el fin de que el trabajador se sienta protegido y no monitorizado. Ante la tendencia de veranos cada vez más extremos, este tipo de tecnologías acabarán integrándose de forma natural en los protocolos de prevención laboral en sectores con exposición al calor, del mismo modo que hoy son habituales los elementos como el casco o el chaleco reflectante”, zanja.