EN CLAVE DE HUMOR
Jorge Guerra, cómico: "Los animales son más fáciles de entender que las personas que los llevan al veterinario"
Veterinario, cómico, guionista y creador del programa animalero 'Vipchos', Jorge Guerra lleva al teatro su oficio más inesperado: mirar a los animales, a sus dueños y a la propia veterinaria desde el humor

Jorge Guerra, veterinario, guionista y cómico, lleva al escenario su particular mirada sobre los animales y sus dueños. / Cedida

Jorge Guerra empezó a escribir comedia en la biblioteca de la Facultad de Veterinaria de Cáceres, entre apuntes de anatomía, patología y toxicología. Allí, mientras estudiaba enfermedades y terminología médica, también escribía chistes, versionaba anuncios y pensaba ideas para llevar al escenario. Más de dos décadas después, aquella mezcla improbable se ha convertido en una identidad propia: veterinario, guionista, cómico y autor teatral.
Ahora presenta en Madrid, Veterinario: un show de comedia, muy animal, un espectáculo en el que convierte la profesión veterinaria, los animales y nuestra forma de relacionarnos con ellos en material cómico. Pero no se trata solo de reírse de perros, gatos o dueños intensos. Guerra utiliza el escenario para hablar también de una profesión que, asegura, sigue siendo profundamente desconocida y poco valorada. "La veterinaria es la base de la pirámide sanitaria", defiende.

Jorge Guerra, creador del programa animalero ‘Vipchos’, repasa con humor los tópicos y situaciones absurdas de la profesión veterinaria. / Cedida
En su humor hay ternura, mala leche, oficio y una mirada muy afilada sobre el ser humano. Porque después de años tratando con animales, propietarios, inspecciones sanitarias, mataderos, empresas y públicos de todo tipo, Jorge Guerra parece tenerlo claro: los animales son más fáciles de entender. El problema, casi siempre, somos nosotros.
¿Cuándo se dio cuenta de que podía unir veterinaria y comedia en un mismo espectáculo?
De alguna manera, siempre ha ido todo de la mano. Cuando empecé a hacer y escribir comedia, en 1999, pertenecía al grupo de teatro de la Universidad de Extremadura. En la facultad no solo estudiaba anatomía, patología o toxicología, también escribía chistes, bloques e ideas para llevar al escenario. Unos amigos y yo formamos un grupo de humor, los Hermanos Picoletti, y durante tres temporadas actuamos semanalmente en el Corral de las Cigüeñas, en Cáceres. También hacíamos teatro y un programa semanal de radio. Era inevitable que en los guiones hubiera influencia veterinaria, porque era lo que estaba estudiando. Recuerdo que creamos dos personajes llamados Cocoide y Enfisema. La terminología médica está llena de palabras muy cómicas. Más adelante, en 2013, mi primer monólogo para Comedy Central giraba en torno a mi experiencia como veterinario en Inglaterra. Después de muchísimos años de aprendizaje como guionista, cómico y veterinario, siento que esas tres patitas tenían que ser una sola.
¿Qué le dio más vértigo la primera vez: enfrentarse a un animal complicado o a un público que no se ríe?
Afortunadamente no me he tenido que enfrentar muchas veces a animales complicados. Si acaso, a algún torillo de lidia que no se dejaba hacer el saneamiento o al pavo macho del corral, que te viene hecho un miura y te taladra las botas. A públicos que no se ríen, muchas más veces. Y eso también es un aprendizaje. Doloroso, pero aprendizaje. Las pulsaciones te suben a mil, sudas por sitios que no sabías que podían sudar y la boca se te pone zapatilla. Nunca me he enfrentado a un toro de lidia fuera de una manga, pero te aseguro que un pinchazo en el escenario, bonito no es.
¿La veterinaria le hizo mejor cómico o la comedia le hizo mirar de otra forma la veterinaria?
Desde luego, lo segundo. La comedia no solo me hace mirar la veterinaria de otra forma, sino que me hace verlo absolutamente todo de otra forma. Una vez que entras, y más si lo profesionalizas, no hay escapatoria. A veces es agotador, porque piensas en chistes y en comedia en prácticamente todo momento, incluso en situaciones en las que, en teoría, no debería desarrollarse el bello arte de la comedia. Pero después de 27 años, he decidido que dentro se está calentito y muy a gusto.
En 'Veterinario' convierte su profesión, los animales y nuestra relación con ellos en material de comedia. ¿Recuerda la primera historia que pensó: “esto tengo que contarlo en un escenario”?
No te podría decir cuál fue la primera historia, pero sí recuerdo el momento exacto en el que empecé a escribir mis historias de veterinario para llevarlas al escenario. Era a finales de 2008, vivía en Colchester y todavía recuerdo que me surgió mientras limpiaba una moqueta en casa. Ya en 2009, de vuelta en España, me volví a subir a un escenario a contar mis experiencias después de seis años dedicado por completo a la veterinaria.
¿Los animales son más fáciles de entender que las personas que los llevan al veterinario?
Por descontado. Los animales son simples. Yo siempre digo que un perro es un perro, y da para lo que da. Los hay muy listos, claro que sí, pero no olvidemos que son perros. Su inteligencia alcanza el máximo al que puede llegar siendo perro y siendo de una determinada raza. Las personas adultas, en cambio, eso no hay quien lo pille. Al final, una clínica veterinaria no es más que otro negocio a pie de calle que genera clientela fiel. Hay gente que acude muchas veces con cualquier excusa inventada cuando, en realidad, lo que necesita es hablar, desahogarse y ser escuchada. Esto pasa en las clínicas, en las farmacias, en las droguerías y en la cola de la pescadería, si queda alguna.
¿Estamos humanizando demasiado a los animales o ellos ya nos han domesticado a nosotros?
No sé si es correcto decir que estamos humanizando a los animales, porque humanizar no es precisamente la principal virtud del ser humano. Paradójicamente, el ser humano es muy bueno haciendo lo contrario: deshumanizar. Pero sí, dejando de lado filosofías, hay personas que no permiten que su perro sea un perro. No aceptan la naturaleza del animal que tanto aman, y eso puede suponer un perjuicio serio, tanto físico como emocional. Un ejemplo: un perro necesita hacer ejercicio. Unos más que otros, pero tienen que moverse. Si se pasan más tiempo en brazos que caminando, eso puede derivar en problemas de salud y de comportamiento. Eso no es amor.
¿Qué tipo de dueño da más juego cómico?
Los dueños de perros y gatos siguen patrones bastante reconocibles. Yo me incluyo, por supuesto. También he dicho alguna vez que mi perro era el más listo y el más guapo, como todo el mundo. Eso lo convierte en un patrón y, por tanto, en algo risible, no peyorativo.
Percibo que los dueños de gatos tienen siempre cierto halo de superioridad, no sé si moral o intelectual, y gustan de extender las características de sus animales a sí mismos: independencia, observación, autarquía... Los dueños de perros tienen un patrón más amplio, porque los perros son más heterogéneos. Hay más razas, más modelos de comportamiento y más idiosincrasias. La polarización no se escapa ni en la veterinaria: igual que hay que decidir si eres de Coca-Cola o Pepsi, de La Revuelta o El Hormiguero, de Blur o de Oasis, aquí la pregunta común es: ¿eres de perros o de gatos?
Perro o gato.
Perro. Ven a mi espectáculo y te cuento por qué.
También denuncia algunas cosas que hacemos con los animales y que, vistas desde fuera, resultan ridículas.
Hay gente que comete verdaderas aberraciones contra sus animales y lo ve sensato. Personas que tatúan a perros y gatos, previa sedación, o que tiñen a caniches gigantes con colores fantasía. Mi código deontológico me obliga a denunciar esos atentados, mi ética me empuja a explicar por qué no deberían suceder y mi comedia me obliga a intentar ridiculizar desde el escenario tanto esos actos como a quienes los cometen. Esa gente no es la que más ama a los animales, aunque considere que hace lo mejor para ellos. En realidad piensa en sí misma. Utiliza al animal como complemento y para alimentar su propio ego.

Jorge Guerra, creador del programa animalero ‘Vipchos’, repasa con humor los tópicos y situaciones absurdas de la profesión veterinaria. / Cedida
¿Le interesa que el público salga diciendo "me he reído" o "soy exactamente ese dueño"?
Me interesa que el público salga habiéndose reído, tanto si se siente identificado como si no. El espectáculo no va dedicado a los dueños, sino a sus perros y a la profesión veterinaria en toda su extensión. Algo les cae a los dueños, claro, pero no son el eje del espectáculo.
¿A qué se refiere cuando habla de "la veterinaria en toda su extensión"?
A que la veterinaria es un campo enorme y no puedo hablar solo de lo que sucede en una clínica de pequeños animales. Mi vida veterinaria laboral se ha centrado en la industria alimentaria, la sanidad y la calidad. Los animales son nuestra responsabilidad desde que nacen hasta que exhalan su último suspiro en los mataderos. Y tampoco paramos ahí: siguen siendo nuestra responsabilidad después de muertos, cuando ya son carne apta para el consumo.
Todo eso la gente lo desconoce. No hay una sola semana en la que no tenga que explicar cuál es el rol de los veterinarios en el día a día de la población. La veterinaria es la base de la pirámide sanitaria, pero el desconocimiento es enorme. Durante 2020 y los años posteriores me indignó no ver a veterinarios hablando sobre la pandemia de coronavirus, cuando es una cuestión de competencia veterinaria.
¿Hay alguna anécdota que todavía no se ha atrevido a contar?
No. Desde la comedia, no creo que haya nada que no me atreva a contar. Anécdotas guardadas en mi cajón de memoria porque no me atreva a contarlas, no hay.
¿Dónde está el límite entre reírse de una profesión dura y banalizarla?
Si alguien se ríe de una profesión, cualquier profesión, directamente la está banalizando. Yo no recuerdo haberme reído jamás de ninguna. Haré chistes con las cosas referentes a cualquier oficio, contaré anécdotas, el día a día, las observaciones, los clichés, pero si alguien banaliza una profesión desde el escenario, eso no es comedia.
¿Se puede hacer humor con temas delicados como la enfermedad o la muerte de un animal?
He trabajado muchísimo en mataderos. Tú verás si se puede. La comedia puede entrar en sitios muy incómodos. Otra cosa es cómo se haga, desde dónde se haga y con qué intención.
¿Se ha autocensurado alguna vez por miedo a que alguien se molestara?
Por miedo a molestar a alguien, no. Todo lo contrario. Hay comedia blanca de mucha calidad, incluso yo tengo bloques muy blancos, pero no es mi norma general. No me gustan los rodeos, las correcciones impuestas ni los eufemismos. Creo que si tienes una plataforma hay que utilizarla con un motivo.
Sí me censuré una vez y me odié a mí mismo. Tenía que acudir como invitado a un podcast, pero el tema chocaba demasiado con el sitio en el que estaba trabajando en ese momento. Lo sopesé y decidí vetarme. Pero no escribir sobre ciertos temas en ciertos lugares no es autocensura; es adaptarse a la línea editorial de la gente para la que escribes.
¿Cómo se transforma una anécdota real en un monólogo que funcione?
Si es real, ya casi lo tienes. Luego la pintas con recursos cómicos y literarios: muecas, gestos, silencios, miradas, pausas o actuación. Y ahí lo tienes.
¿Cómo es el público amante de los animales? ¿Más entregado o más susceptible?
Maravilloso. La persona que ama a los animales tiene cierta sensibilidad. La concienciación animal conlleva cierta concienciación ambiental, ecológica, social y empática. En ese sentido, es un público sensible, de lágrima fácil pese a que es un espectáculo de comedia. Hay mucha comunión entre ellos.
¿Cómo se hace humor corporativo sin que parezca un PowerPoint con chistes?
Son muchísimos años escribiendo chistes y utilizando herramientas cómicas. Evidentemente hay que investigar quiénes son, qué hacen y por qué. Cuanta más información tengamos, más certeros serán los chistes. Pero, en el fondo, todo es extrapolable. En nuestras cabezas, los chistes y bloques son piezas de Lego. Tenemos miles almacenadas en la cabeza y en cuadernos. Se puede jugar con esas piezas para construir el puzzle que necesitas.
¿Le han pedido alguna vez suavizar un chiste porque "el jefe está delante"?
Sí. Y lo que he intentado hacer a continuación es hacerlo incluso más fino y más punzante.
¿Cuál es el animal más cómico?
Hay tantos que no sabría decir. Los gatos son únicos y me muero de la risa cuando hacen cosas de gatos, sobre todo cuando se caen o se resbalan. El básico del humor funciona hasta con otras especies. Los perros también me hacen reír. Son la pureza, la inocencia. No tienen intención de hacerte reír cuando se les queda un labio levantado o cuando se asustan con uno de sus pedos, pero te hacen reír. Un oso panda rodando cuesta abajo. Una zarigüeya fingiendo su muerte. El okapi, al que dedico un bloque en el espectáculo...
Aunque el animal que más me ha hecho reír fue mi perro, Loco, un bóxer atigrado más cerca genéticamente de Pepe Viyuela que del lobo. Hasta en sus últimos días fue capaz de arrancarme risas.
Después de todo lo que ha visto como veterinario y en los escenarios, ¿quién le parece más raro: el animal o el ser humano?
¿Tú qué crees?
- El eclipse solar en Madrid, en directo: ¡arranca la cuenta atrás para el gran fenómeno astronómico!
- Estos son los mejores lugares para ver el eclipse solar del 12 de agosto en el Corredor del Henares
- Estos son los municipios de Toledo donde mejor se verá el eclipse solar del 12 de agosto
- La calle de Madrid con más famosos por metro cuadrado: de Pedro Almodóvar a Anabel Alonso o Roca Rey
- Sara Hernández (Getafe): 'No se puede pasar de puntillas por la vida; hay que hacer ruido, mucho ruido
- Loles León y su accidentada noche con Jeremy Irons: entró en su habitación y acabó con la pelvis rota
- De la luz roja a sus gafas de borrego 'homologadas': la nueva polémica de Marcos Llorente, esta vez por el eclipse
- Dónde conseguir gratis en Madrid las gafas para ver el eclipse solar del 12 de agosto: todos los puntos de reparto