SEGUNDO DÍA
¿Un Mad Cool gay? El éxito de Lorde, Florence y Jennie explica por qué hay que programar a más mujeres: "Por fin el cartel habla nuestro idioma"
La jornada más 'queer' del festival desató una comunión inédita en Villaverde y dejó una evidencia incómoda para la industria: ellas también llenan, sólo hay que darles espacio

Florence + The Machine, en el Mad Cool 2026. / CEDIDA

Quién lo iba a decir. ¿Un Mad Cool gay? Dos mundos antagónicos, por fin, tras años dándose la espalda, se han abrazado. Y, claro, la respuesta fue ensordecedora. Anoche, con Lorde, CMAT y Jennie a la cabeza, una marea arcoíris tomó el Iberdrola Music con fervor. Hubo purpurina y flores. No faltaron los corsés. Pero, sobre todo, a diferencia de otros públicos, la entrega fue absoluta. Nunca antes se había visto algo así en Villaverde: 12 mujeres incendiando un festival masculino. Fue, posiblemente, la jornada más LGTBIQ+ de sus 10 años. Y, oye, demasiado había tardado. Dado el resultado, es probable que vuelva a repetirse. “Ya era hora. ¿Tú sabes lo importante que es esto para nosotros? Vamos conquistando nuevos espacios. Y eso es maravilloso”, dijo Carlos, de 32. A su lado, Mario y Alberto asentían eufóricos mientras, de fondo, Florence + The Machine desataba la euforia. Corrieron. Es su diosa. Y, como tal, le debían pleitesía.
Florence es un foco de luz natural que ilumina a todo aquel que desea entrar en su territorio. La puerta de entrada a un paraje donde la libertad, la igualdad y la fraternidad confluyen. Sin demasiada parafernalia, asaltó el escenario. Llegó solemne, con una sonrisa a medias. Siempre tranquila, pues sabe de sobra que tiene un puñado de temas ganadores. Arropada por una banda de altura, inició una comunión pop de enorme magnetismo. De hecho, bastaron tan sólo tres canciones para que la multitud se moviese a su velocidad. “Fue mi refugio cuando aún no había salido del armario. La escuchaba en mi habitación, a solas. En su música hay una intensidad que, en ocasiones, tristemente, a los gays nos han hecho sentir como algo malo. Ella ha sabido convertir dicho exceso en belleza”, relató Salvador, de 40. La artista se mostró cercana, altamente sagaz. Logró crear una atmósfera capaz de unir al primero de la fila con el último.

Jennie, en el Mad Cool. / Kiko Huesca / EFE
El calor que lleva días achicharrando Madrid no restó fuerza a la velada. Al contrario: avivó un fuego interno que, como sucede en el Brava, el festival LGTBIQ+ por excelencia en Madrid, terminó de coronarla. Fue tal la intensidad emocional que, cuando Jennie pisó las tablas, ya entrada la noche, se quedó impactada con la escena: miles de personas gritando sus letras con el corazón encogido. Es lo que tiene tocar la fibra de esta manera. “Para mí, ha sido terapéutica. No porque sus temas me dieran soluciones, sino porque me permitían estar roto sin pudor. Ella me enseñó que puedo mostrar mi fragilidad sin necesidad de ocultarme”, confesó Laura, de 25, que lleva años siguiéndole la pista como parte de Blackpink. Ahora, en solitario, con Ruby bajo el brazo, está llevando el k-pop a países tan alejados como España, pero especialmente rendidos a este género. Felina e imponente, derrochó poder por los cuatro costados.

Lorde, en el Mad Cool 2026. / JAVIER BRAGADO
Lorde, por su parte, resucitó aquella adolescencia que transformó en himno generacional. Es cierto que hoy canta desde un lugar más quebrado, pero sigue conservando la mirada que la catapultó. Este jueves, hizo del silencio y el cuerpo un lenguaje propio. Habló con la piel, mostrando las múltiples pieles sobre las que ha construido su carrera. “Tiene una cosa rara de hacerte sentir observado y acompañado a la vez. No mira desde arriba, escarba en tu herida. Siempre me sorprende la intimidad con la que vive. Para quienes crecimos con Royals y, más tarde, ojo, sobrevivimos a Melodrama, verla ahora es reencontrarse con una versión adulta de uno mismo. No es una diva clásica”, apuntó Sergio, que acaba de estrenar los 30. Y no le falta razón: no busca el clímax en el glitter, sino en el corazón. De ahí que rechace todo artificio que nuble lo verdaderamente importante para ella: el dolor.
La rabia de Renée Rapp
The Who, Rosalía, Green Day, Gracie Abrams, Olivia Rodrigo, Bon Iver, Metallica y Alanis Morissette son algunos de los nombres que Mad Cool ha reunido en Madrid desde que, en 2016, su director, Javier Arnaiz, puso en marcha la gran cita musical de la capital. 10 veranos después, la filosofía con la que nació sigue vigente: combinar un cartel de altura, una identidad propia y una experiencia global. “Es la primera vez que voy a ver a Renée Rapp. Estoy nervioso. La sigo desde que apareció en la serie The Sex Lives of College Girls. Y, cuando dio el salto a la música, poco después, terminó de enamorarme. No es una estrella luchando por caer bien. Muestra su rabia, su deseo y su pena con la transparencia de quien ya no puede más. Y eso la hace especial”, aseguró Claudia, de 37. A flor de piel, la artista protagonizó un desahogo colectivo de raíz teatral y carisma blindado. Con su voz como centro de gravedad, destapó sus cortes más profundos.

Amrita, en el Mad Cool 2026. / EFE
Existe la errónea creencia de que los hombres arrastran a más público que las mujeres. Un punto de vista que lleva décadas lastrando la entrada de proyectos femeninos a los carteles de mayor caché. Sin embargo, anoche, con el éxito que cosecharon Chloe Slater, Amrita y Sadie Jean, quedó desmontada la mentira. Ambas demostraron que el tirón no entiende de género, sino de música, presencia y conexión con una audiencia que respondió con entusiasmo. Sus conciertos no fueron una nota al margen dentro del festival, sino una prueba más de que el público está preparado para ver a mujeres ocupar espacios centrales sin que su convocatoria tenga que ponerse siempre bajo sospecha. Chloe Slater lo hizo desde una energía más afilada, con ese nervio de guitarras, actitud generacional y letras que miran de frente al desencanto juvenil. Sadie, en cambio, jugó la carta del pop confesional y emocionalmente transparente.
Eléctrica Zara Larsson
“Si siempre programas a las mismos grupos, claro que parecen los únicos capaces de hacerlo. Las mujeres han contado su fuerza y vulnerabilidad desde lugares que a muchos maricas nos han permitido reconocernos. Nos han dado lenguajes y referentes, una forma de estar en el mundo. Por ello, precisamente, es esencial verlas no como cuota, sino como centro. Por fin el cartel habla nuestro idioma”, subrayó Adrián, de 29, fiel seguidor de Candela Gómez. De ella adora su voz cruda y honesta. Y eso que, al arrancar la jornada, padeció los estragos del horario y del calor. Su pop de cabina telefónica, nostálgico, pero universal, tiene efecto llamada: tras editar Colirio, su primer epé, muy recomendado, esta joven ilustradora y compositora ha regresado con la propuesta más honesta de su trayectoria. Le queda mucho por vivir, obvio, tiene 20 años, y ojalá lo recoja todo en sus canciones. Será una delicia escucharlas. Como las del resto.

Sadie Jean, en el Mad Cool 2026. / EFE
Mención aparte merece Zara Larsson: quien la vio recibió justo lo que se esperaba de ella. Ni más ni menos: un show rebosante de actitud y casi ninguna pompa. Es verdad que, en ocasiones, peca de estridente. Pero es lo que hay. Se la quiere así o no se la quiere. Un privilegio que muy pocos pueden permitirse. Electrizó como nadie un recinto cansado de la canícula con una buena dosis de electropop sueco. “Lo que más me gusta de ella es que no intenta suavizar sus aristas. Es puro brillo, puro músculo. Un soplo de aire fresco para cualquier persona que necesite un empujoncito”, señaló Andrés, de 42. Una reflexión que resumió a la perfección esta noche gay: los festivales no se empequeñecen cuando dan su lugar a las mujeres, se ensanchan y ganan matices. Frente a quienes se preguntan si ellas convocan, la respuesta es contundente: sostienen, arrastran y transforman.