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ARTE

El Prado recupera un tesoro de 1615: la procesión de gigantes con la que Flandes celebró a la Monarquía Hispánica

La obra de David Noveliers se muestra por primera vez en el museo junto a otros tres cuadros de la misma serie sobre las fiestas de Bruselas

'La procesión de gigantes en Bruselas el 31 de mayo de 1615', de David Noveliers .

'La procesión de gigantes en Bruselas el 31 de mayo de 1615', de David Noveliers . / ALBERTO OTERO HERRANZ

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Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid

La fiesta también fue una forma de gobierno. Mucho antes de que la política aprendiera a medirse en imágenes, Isabel Clara Eugenia y Alberto de Austria entendieron que una ciudad en celebración podía funcionar como un gran escenario de autoridad. Ese mundo, el de las procesiones, los gigantes, los gremios, los rituales religiosos y la representación pública del poder en la Bruselas de comienzos del siglo XVII, entra ahora con nueva fuerza en el Museo del Prado. La pinacoteca exhibe por primera vez en sus salas La procesión de gigantes en Bruselas el 31 de mayo de 1615, un lienzo pintado en 1616 por el flamenco David Noveliers y adquirido por el Ministerio de Cultura en 2024. La obra puede verse ya en la sala 80, junto a otros tres cuadros del mismo ciclo que conserva el museo. Con esta llegada, el Prado logra reunir cuatro de las seis pinturas conocidas de una serie que originalmente estuvo formada por ocho grandes composiciones.

El conjunto nació de un encargo de Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, y de su esposo, Alberto de Austria, gobernantes de los Países Bajos meridionales en nombre de la Monarquía Hispánica. Ambos quisieron fijar en pintura las celebraciones celebradas en Bruselas en mayo de 1615, unos festejos de raíz medieval en los que se mezclaban la competición de ballesteros, la ceremonia religiosa en la iglesia de Nuestra Señora de Sablón y las procesiones populares conocidas como ommegang. Aquellas procesiones históricas forman parte desde 2019 del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. El episodio que dio origen al ciclo tuvo además un claro protagonismo femenino. Isabel Clara Eugenia abatió una figura de un pájaro de madera colocada en la aguja de la iglesia de Nuestra Señora de Sablón, un gesto simbólico que la situó en el centro de las celebraciones. Después, ella y Alberto participaron en distintos actos públicos y encargaron a varios pintores de su corte una serie monumental destinada a perpetuar aquella imagen de buen gobierno.

'Fiesta de Nuestra Señora del Bosque', de Denis van Alsloot.

'Fiesta de Nuestra Señora del Bosque', de Denis van Alsloot. / ALBERTO OTERO HERRANZ

La pintura de Noveliers, cuarta obra de la serie original, destaca por su carácter casi documental. En ella desfilan los gigantes y figuras festivas que recorrieron las calles de Bruselas, acompañados por representantes de distintos sectores sociales. La escena permite mirar la ciudad como un organismo vivo: sus ritos, sus jerarquías, su teatralidad urbana y sus modos de celebración. Sin embargo, también revela la intención política que latía bajo la apariencia festiva. Isabel Clara Eugenia y Alberto no aparecen como figuras distantes, sino integrados en una celebración compartida con sus súbditos.

Ese mensaje tenía un destinatario principal: Felipe III, rey de España y hermano de Isabel Clara Eugenia. Los ocho lienzos fueron enviados a Madrid poco después de su realización y en 1618 ya estaban instalados en el palacio real. Un inventario de 1636 los describía como “ocho lienzos de pintura al óleo, con molduras doradas y negras, en que están pintadas las fiestas que se hicieron en año de 1615”. La frase resume la doble naturaleza del conjunto: memoria de una fiesta y documento de poder. La recuperación de esta obra también permite reforzar la lectura de Isabel Clara Eugenia como una de las grandes promotoras artísticas de su tiempo. Desde Flandes impulsó encargos a maestros como Rubens y Jan Brueghel el Viejo, cuyas obras forman hoy parte de los fondos del Prado. Su papel como mecenas y agente cultural de la Monarquía Hispánica ha sido reivindicado en los últimos años por el museo, especialmente a través de iniciativas como El Prado en femenino.

'Fiestas del Ommegang en Bruselas: procesión de gremios', de Denis van Alsloot.

'Fiestas del Ommegang en Bruselas: procesión de gremios', de Denis van Alsloot. / EDUARDO NAVE

La presentación del nuevo lienzo llega acompañada, además, de una intervención que afecta a todo el conjunto expuesto. Las cuatro pinturas se muestran con nuevos marcos realizados específicamente a partir de un estudio histórico, artístico y documental. Están fabricados en madera de pino, policromados en negro y dorados con oro fino de 22 quilates. Su diseño se inspira en modelos flamencos del siglo XVII, con superficies oscuras y perfiles dorados, una tipología sobria que también aparece documentada en inventarios reales españoles. La operación no es un simple cambio ornamental. Los marcos ayudan a armonizar visualmente las cuatro obras y a recuperar una apariencia más próxima a la que debieron tener en su contexto original. También permiten integrar antiguas ampliaciones presentes en algunos lienzos y reforzar la lectura unitaria de un ciclo que llegó a Madrid como una gran narración política.