GEOLOGÍA
La Sierra Norte de Madrid alberga los fósiles marinos más antiguos de la región: "Es fascinante comprender que estas montañas fueron fondos oceánicos"
Los restos hallados por los geólogos y paleontólogos Juan Carlos Gutiérrez-Marco y Sara Romero pertenecen al Ordovícico Medio y tienen una longevidad aproximada de 470 millones de años

Juan Carlos Gutiérrez-Marco y Sara Romero con algunos de los fósiles hallados en la Sierra de Madrid. / ALBA VIGARAY

Cursaba primero de Geología y, en una de las excursiones a Patones de Arriba donde observaban rocas paleozoicas, una compañera se detuvo. “En aquella zona aflora el cretácico marino y, en la pizarra de una casa en ruinas, se veían un par de trilobites. Los sacamos”, relata Juan Carlos Gutiérrez-Marco, geólogo y paleontólogo en el Instituto de Geociencias, perteneciente al CSIC y a la Universidad Complutense de Madrid. Aquello ocurrió en 1975 y, desde entonces, Gutiérrez-Marco no ha dejado de investigar. “Terminé la carrera y participé en el primer Congreso Geológico de España, celebrado en Segovia en 1980, para el que se me pidió buscar restos del sistema central. Me acordé de los fósiles de Patones y fui a por más. Los encontré allí y también en la carretera de El Atazar. Son los trilobites, braquiópodos, equinodermos y moluscos que habitaron la Tierra hace 470 millones de años, en el Ordovícico Medio”, añade.
Especialista en el Paleozoico, lleva 40 años estudiando el borde del continente de Gondwana, que desapareció hace 300 millones de años para formar Pangea, “la madre de todos los continentes actuales”. “En cuyas costas se desarrolló toda esta película, cuando el territorio que hoy sería la Península Ibérica ocupaba una posición próxima al polo sur. Estábamos frente a la costa del continente antártico actual”, asegura. Por otro lado, Juan Carlos señala que el sistema central surgió a partir de grandes fallas que, hace 60 millones de años, emergieron entre las actuales cuencas del Duero y el Tajo, donde hay una barrera montañosa con rocas del ordovícico: “Estas, que se prolongan desde los montes de León hasta el oeste de la Sierra de Madrid, albergan una gran cantidad de fósiles”. Este año, con motivo del centenario del Museo Geominero, José Luis aportará algunos de sus hallazgos a las jornadas de conmemoración.

Imagen de los braquiópodos hallados en la Sierra Norte de Madrid, con una antiguedad de 470 millones de años. / CEDIDA

Fósil de los trilobites hallados en Patones de Arriba, Madrid. / CEDIDA
“Uní el estudio del territorio de Madrid, iniciado hace décadas, con el de Guadalajara, más reciente. Pese al tiempo transcurrido, hemos dado forma a una investigación sobre fósiles que nunca recibieron la atención necesaria y verá la luz en unos meses”, expresa. No lo ha hecho solo. A estas últimas etapas de la investigación se ha sumado Sara Romero, investigadora predoctoral en la UCM, geóloga y paleontóloga especializada en trilobites del ordovícico medio y superior. “Llevamos seis años mano a mano, primero con mi TFM y, posteriormente, en la tesis doctoral. Los hallazgos producidos desde la década de los 70, cuando él era estudiante, revelan que nos encontrábamos en un mar de no mucha profundidad y sobre latitudes cercanas al polo sur. La fauna encontrada es exclusivamente invertebrada. No había peces, pues estaban restringidos a zonas ecuatoriales, ni otros animales”, cuenta.
470 millones de años
Ambos aseguran que los afloramientos madrileños “no dan más de sí”, pese a que hace décadas eran un tesoro “por la gran cantidad de obras en carreteras que había”. “Ahora todos esos lugares están cubiertos de zarzas, impracticables, por eso nos trasladamos a la sierra de Guadalajara, una continuación de esta”, dicen. Para Gutiérrez-Marco, la geología no entiende de fronteras y su análisis es una forma de cerrar un círculo de conocimiento que, hasta ahora, no estaba completo: “Es un avance más de la ciencia, hemos puesto nuestro granito de arena. Estos trilobites y moluscos están donde se esperaban. Sabemos que es mucho más emocionante y rentable buscar fósiles grandes, de dinosaurios o cosas que entienda la gente, que andar detrás de humildes invertebrados tan antiguos”. Los geólogos advierten de que el metamorfismo o transformación mineral producida en el interior de estas rocas, disminuye cuando se acercan a la provincia de Guadalajara, siendo “un milagro” encontrar restos en la zona.

La Sierra Norte de Madrid alberga los fósiles marinos más antiguos de la región. / ALBA VIGARAY

Los restos hallados por los geólogos y paleontólogos Juan Carlos Gutiérrez-Marco y Sara Romero pertenecen al Ordovícico Medio. / ALBA VIGARAY
Juan Carlos habla de los únicos dos procesos naturales que son función lineal del tiempo: “Uno es la descomposición radioactiva y otro la evolución biológica. Los organismos no pueden retroceder. Si encontramos trilobites en una roca, atendemos al fenómeno de superposición. Son ellos quienes han vivido en el momento de formación de cada estrato. Los que aparecen en las capas inferiores son más antiguos. El estado en el que se encuentran también nos habla de su edad y, gracias a ello, podemos aplicar la lógica en otros lugares del mundo. Son geo-cronómetros para relacionar rocas entre sí”, indica. Su investigación camina de la mano con la de Casiano de Prado, elaborada en 1862. El geólogo dio con los restos fósiles de las pisadas de los organismos que, décadas más tarde, encontraría Gutiérrez-Marco: “Casiano dio con las señales de vida en lo que serían ahora unas arenas de playa en Puebla de la Sierra. Sus hallazgos son de hace 475 millones de años y los nuestros de hace 470”.
112 especies
Del primer al segundo descubrimiento, nadie más trabajó el terreno. “Son tantos kilómetros cuadrados a investigar que muchos renuncian o ni lo intentan. El futuro de la geología en Madrid está en estas arenas, en torno a Puebla de la Sierra, donde probablemente haya organismos que, hasta ahora, han pasado desapercibidos”, dice. Mientras su carrera profesional llega a su fin con 112 nuevas especies descubiertas a sus espaldas, la trayectoria de Sara no ha hecho más que emerger. Sin embargo, su juventud no es sinónimo de continuación: “Deberá encontrar trabajo y financiación para seguir con el estudio. Las condiciones no son favorables”. La buena noticia es que a Romero no le falta motivación. Para ella, investigar codo con codo con su mentor no ha sido otra cosa que un regalo.

Especialista en el Paleozoico, lleva 40 años estudiando el borde del continente de Gondwana. / ALBA VIGARAY

Juan Carlos Gutiérrez-Marco y Sara Romero en su despacho. / ALBA VIGARAY
“Ha sido fascinante comprender lo que era la Tierra hace millones de años y entender que las montañas que vemos ahora fueron fondos oceánicos entonces. Entender la longevidad de estos fósiles y ubicarlos en el tiempo es alucinante. De la geología madrileña apenas se hablaba y, cuando Juan Carlos encontró los trilobites yo ni siquiera había nacido. Tener la posibilidad de estudiar algo que nadie había tocado desde hace tantos años es emocionante. Y más, hacerlo en la ciudad donde nací. Aquí están mis fósiles favoritos”, concluye la joven.