ORGULLO 2026
"¿Pero quién es la mamá 'de verdad'?": el día a día de las familias homoparentales en Madrid
Cuatro parejas de mujeres relatan las trabas burocráticas, los debates en los colegios y la necesidad de visibilizar modelos de crianza que sus niños y niñas viven con naturalidad

Desirée Martín Moreno y Sara Diaz Grande junto a sus hijos, Tai y Roma / VIC PEÑAFIEL
Detrás de cada familia homoparental hay una historia distinta: una vecina con preguntas incómodas, un formulario del colegio que no sabe dónde colocar el nombre de la otra madre o una tarde cualquiera en el parque que transcurre sin que nadie repare en nada especial. En España, las parejas de mujeres pueden ser madres por inseminación artificial, fecundación in vitro, método ROPA —en el que una aporta los óvulos y la otra gesta el embarazo— o adopción. La ley ha ido eliminando trabas, como la obligación de estar casadas para acceder a determinadas técnicas de reproducción asistida, pero la realidad cotidiana no siempre avanza al mismo ritmo.
Ese reconocimiento legal convive con cuestionarios que aún hablan solo de "padre" y "madre", colegios que debaten cómo celebrar el Día del Padre y discursos que siguen cuestionando a las familias LGTBIQA+. Más allá de cómo llegaron sus hijos al mundo, lo que cuentan estas familias es, sobre todo, cómo es criar en una sociedad que ya las reconoce, pero que no siempre las mira con normalidad.
En medio de ese contraste, asociaciones como Galehi, nacida en 2005 en Madrid, acompañan a estas familias y les ofrecen un espacio donde sus hijos conocen modelos parecidos al suyo. A través de ella, EL PERIÓDICO DE ESPAÑA contactó con tres de las cuatro protagonistas de este texto—Desirée, Ana y Elisa—, junto a una cuarta pareja, Alba y Elena.
Desirée y Sara: "No somos de segunda, aunque quieran hacernos sentir así"
Desirée Martín y su mujer, Sara Díaz, viven en Boadilla del Monte y son madres de Roma, de 5 años, y Tai, de 2. A nivel administrativo no han tenido dificultades para inscribir a sus hijos, pero sí se ha topado con comentarios que delatan desconocimiento: "Me he encontrado con mucha ignorancia: preguntas como '¿pero quién es la mamá de verdad?' o '¿pero es un hijo de cada una o son de las dos?'. Con el segundo hicimos colactancia y a la gente le llama bastante la atención", cuenta a este periódico.
De esa experiencia nació Love is Family, una aplicación que está desarrollando para acompañar la maternidad y la paternidad "en todas sus etapas y generar tribu". También ha escrito, en familia, un cuento infantil, porque, dice, "no hay cuentos que integren desde la normalidad los diferentes tipos de familia: adopción, acogimiento, dos mamás, dos papás, abuelos...". Sobre el Día del Padre, Desirée cuenta que en el colegio de sus hijos, privado, se celebraba el Día de las familias, pero este curso la Comisión de Padres decidió recuperar la fecha tradicional: "Nosotras estamos en contra. Nos basamos en la teoría del apego y en que la educación debe ser inclusiva para todos los niños. Una familia que ha perdido a un padre o que está en acogimiento se siente estigmatizada".

En 'La aventura de Roma, Tai y la tortuga Tula' (Babidibú), Desirée y Sara hablan de amor incondicional, diversidad familiar y conexión con la naturaleza / BABIDIBÚ LIBROS
A la hora de viajar, reconoce que presta algo más de atención en países que no reconocen el matrimonio igualitario, aunque nunca ha tenido problemas: estuvo en Dubái sin incidentes y, en Bali, al querer renovar votos, solo una empresa aceptó casarlas.
De Galehi, asociación en la que participa desde que Roma tenía 8 meses y donde llegó a ser vicepresidenta, destaca: "Es superenriquecedor ver que no estás pasando por lo mismo tú sola, conocer a otras familias y que mis hijos vean a más familias como la suya". "Es importante visibilizar que somos una familia normal. Y aunque a veces da miedo el hate por los niños, si nadie da un paso al frente, parece que somos la excepción. No somos de segunda, aunque quieran hacernos sentir así".
Alba y Elena: "La burocracia va muy por detrás"
Alba, educadora infantil en Villalba, y su mujer, Elena, viven en Cerceda y son madres de mellizos de dos años y medio, concebidos por inseminación artificial. Sobre cómo las ha recibido su entorno, Alba recuerda: "Tenemos mucha suerte, nuestro entorno es muy abierto. Nunca nos hemos encontrado con algo extraño". La principal traba, dice, está en el papeleo: "La burocracia va muy por detrás. En muchos formularios de hospitales sigue apareciendo 'padre' y 'madre'. En la preinscripción al registro, la administrativa se quedó bloqueada al ver que no había padre y tuve que decirle que tachara 'padre' y pusiera 'madre'".
En la calle, nadie les ha faltado al respeto, aunque cuenta que se da por hecho que quien lleva el carrito es la madre y la otra, una amiga o una hermana. Como profesora de primaria, Elena tiene una visión cercana de cómo se representa la diversidad familiar en las aulas, algo que Alba traslada a este periódico: "En los libros hay muy poco. No hablo solo de dos mamás, sino de mostrar diferentes realidades: una abuela con su nieta, familias monoparentales, etc."
"Los roles de género son una cuestión de aprendizaje, no de forma de ser. Lo importante es ser referentes de buenos valores, independientemente de quién los transmita".
Sobre el Día del Padre, observa una brecha clara entre centros: "En muchos colegios públicos se está dejando de hacer o se enfoca de manera que el niño decida a quién darle el regalo. Sin embargo, en centros más tradicionales, como el de mis sobrinos, sigue existiendo y a veces generan situaciones incómodas, como cuando un niño quiere darle el regalo de 'Día del Padre' a su madre y se lo impiden por seguir el protocolo del centro".
A quienes defienden que hace falta una figura paterna y otra materna en la crianza, Alba responde con su propia experiencia: "Que los roles son una cuestión de aprendizaje, no de forma de ser. En nuestro caso, yo realizo tareas que a veces se asocian a lo masculino y mi mujer otras que se asocian a lo femenino. Lo importante es ser referentes de buenos valores, independientemente de quién los transmita. Mis hijas ven a una madre arreglando una lámpara y a otra haciendo la declaración de la renta. No hay ninguna diferencia desde mi punto de vista".
Ana y Pepa: "Ahora no soy visible en mi trabajo, antes no había problema"
Ana vive con su mujer, Pepa, en el entorno de Tirso de Molina, y son madres de dos hijos, un niño de 3 años y una niña de 5 meses. Al hablar de su experiencia, explica que en el colegio de Elio, el mayor, no están solas: "En concreto en nuestra clase hay cuatro familias de dos mamás o dos papás", cuenta, y asegura que tanto en la escuela infantil como en el colegio la vivencia ha sido muy positiva. En su entorno cercano no ha sentido rechazo, aunque sí nota cierto desgaste cotidiano: "Es un poco rollo tener que ir explicándolo cada vez que conoces a una persona nueva; nunca terminas de decirlo".
Matiza, eso sí, que esa tranquilidad tiene los límites de una "burbuja". El contraste más duro lo vive en su trabajo como profesora de secundaria. En su antiguo instituto podía hablar abiertamente de su pareja para apoyar a otros alumnos LGTBIQA+. Desde que se trasladó a un centro en una ciudad del sur de la región, la situación cambió: "Soy la única en mi centro y es algo que tengo que proteger. Si algunos grupos de alumnos supieran que soy una madre en una relación homoparental, lo utilizarían en mi contra porque están muy influenciados por discursos de derecha. Ahora mismo no soy visible en mi trabajo; antes sí, incluso hacíamos celebraciones por el orgullo y la inclusión, pero ahora cualquier cosa feminista que intentamos hacer es un problema. No por el centro, que lo favorece, sino por el alumnado. Es algo que me agobia bastante".

Las familias que integran Galehi, en la manifestación del Orgullo LGTBIQA+ / GALEHI
Esa experiencia en el aula la lleva a hablar de un cambio generacional que percibe como imparable: "Veo un retroceso tremendo. No estamos preparados para competir contra las tonterías y mensajes peligrosísimos a los que están expuestos tantas horas al día. Ya no existe la autoridad ni el respeto; le dan el mismo valor a lo que dice un influencer en un vídeo que a lo que les digo yo. Hay mucho poder y dinero metido en estos creadores de contenido, y las derechas llevan mucho tiempo haciendo campaña ahí; es terrorífico".
Elisa y Ana: "Lo importante es que te quieran, hay muchas maneras de formar familia"
Elisa González y su mujer, Ana, viven en Tenerife y son madres de dos hijos: la primera llegó por el método ROPA y el segundo, por adopción, tras un proceso de cuatro años. Elisa recuerda que aquella primera maternidad estuvo condicionada por la ley: "Empezamos a estar juntas en el 98 y en el 2013 nos planteamos ser madres. Nos vimos obligadas a casarnos".
Eligieron el método ROPA porque les permitía compartir el proceso: "Nos pareció una manera de que las dos estuviéramos vinculadas: era mi óvulo y ella gestó a nuestra hija". Tuvieron que acudir a la sanidad privada porque, asegura, "en la pública, en ese momento, habían dejado de cubrir el método ROPA para personas del mismo sexo". Para Elisa, esa implicación compartida fue clave: "No es una persona sola la que se estimula y la que luego carga con el embarazo. Es algo compartido".
También recuerda trabas al inscribir a su hija mayor en el Registro Civil de Madrid, donde vivían antes. A un amigo suyo, que tuvo una hija dos días después, le permitieron registrarla sin problema; a ella, no: "Me dijeron que no estábamos empadronadas en la misma casa, y aunque estábamos casadas, tuve que esperar a que mi mujer viniera después de haber parido para dar su consentimiento".

La familia de Elisa y Ana, un "modelo de diversidad" para su entorno / cedida
Pese a ese trámite, ambas aseguran no haber encontrado prejuicios en su entorno. "Todo el mundo está agradecido de que formemos parte de su vida porque, si no, sus hijos no habrían conocido la diversidad", cuenta Elisa. También lo han visto en su familia: su sobrina, de 21 años, "salió recientemente del armario" y tiene novia desde el año pasado. "Como lo ha visto desde toda la vida, lo vive con mucha naturalidad", resume.
A quienes dudan de si dar el paso de formar una familia homoparental, Elisa responde: "Lo importante es tener gente que te quiera. No hace falta que haya un vínculo de sangre o genes; hay muchas maneras de formar familia". El acompañamiento asociativo, primero en Galehi y después en Copile, también fue clave: "Fue un refugio conocer gente con las mismas inquietudes. El camino se hace mucho más llevadero".
Un modelo familiar cada vez más visible, entre avances y resistencias
Las cuatro historias recogidas muestran que, más allá de cómo llegaron sus hijos al mundo, lo que define el día a día de estas familias es una mezcla de normalidad y vigilancia constante. Alba, Ana y Elisa aseguran no haber sufrido rechazo directo en su entorno cercano —barrio, amigos, colegio—, pero todas señalan trabas puntuales: formularios administrativos que no contemplan a dos madres, un Registro Civil que exige más requisitos de los habituales, o un aula donde ser visible deja de ser una opción segura.
Frente a esas sombras, las luces se repiten en los cuatro testimonios: la sensación de comunidad que aporta el asociacionismo, la normalidad con la que sus hijos viven la diversidad familiar y frases que resumen, con distintas palabras, la misma idea: "Hay muchas maneras de formar familia".
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