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EXPOSICIÓN

La rebelión de las funcionarias invisibles: la vida secreta de quienes clasifican, custodian y archivan España

En 'Disfuncionarias', Tanit Plana ocupa el Museo Cerralbo con una propuesta crítica sobre el trabajo soterrado, los sistemas de control y la memoria que se guarda entre expedientes

Una de las piezas de 'Disfuncionarias', de Tanit Plana.

Una de las piezas de 'Disfuncionarias', de Tanit Plana. / CEDIDA

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Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid

Hay museos que parecen hechos para detener el tiempo. El Cerralbo es un palacio donde las alfombras, los espejos, las lámparas y los retratos conservan todavía la respiración de otra época. Un búnker de memoria al que Tanit Plana ha introducido una presencia extraña, casi fantasmal. Sus imágenes no se comportan como cuadros ni como documentos: caen en forma de telas, se suspenden, se esconden, rozan el espacio. Así empieza Disfuncionarias, una exposición que se adentra en la trastienda de las instituciones: se trata de una instalación site specific que propone hasta el 25 de octubre una aproximación sensible y crítica al cuerpo funcionarial.

En esa fricción entre belleza y burocracia, entre archivo y cuerpo, entre pasado aristocrático e inteligencia artificial, la artista construye una de las propuestas más sugerentes de PHotoEspaña 2026. Porque Disfuncionarias no habla sólo de fotografías ni de museos. Habla de lo que queda fuera de campo: de las tareas silenciosas, de las clasificaciones imperfectas, de las vidas que no caben del todo en una ficha y de la fragilidad de cualquier sistema empeñado en ordenar el mundo.

Tanit Plana, en el Museo Cerralbo.

Tanit Plana, en el Museo Cerralbo. / JORQUERA

El Cerralbo, con su condición de antigua casa palaciega, multiplica el sentido de la intervención. No es lo mismo presentar estas obras en un espacio neutro que hacerlo entre los ecos de una colección histórica, rodeadas de objetos que han atravesado décadas de inventarios, mudanzas, restauraciones, relatos y cuidados. El museo aparece entonces no sólo como escenario, sino como argumento. Cada sala recuerda que conservar también es interpretar, elegir, nombrar. Y que todo orden, por refinado que parezca, deja siempre algo sin resolver.

La artista barcelonesa trabaja aquí con telas de gran formato que cruzan el espacio expositivo y alteran la relación habitual entre fotografía y mirada. La imagen deja de estar quieta: se curva, se pliega, se ondula, adquiere una cualidad corporal. El visitante no se sitúa simplemente delante de la obra: la rodea, la atraviesa, la percibe como una presencia que modifica el aire de la sala. Ese gesto tiene algo de revelación. En un museo, la fotografía suele prometer precisión, prueba, registro. Plana, en cambio, la vuelve blanda, frágil, casi respirable. Lo que antes podía ser documento se convierte en materia.

'Disfuncionarias' es una instalación que propone una aproximación sensible y crítica al cuerpo funcionarial.

'Disfuncionarias' es una instalación que propone una aproximación sensible y crítica al cuerpo funcionarial. / CEDIDA

El título contiene buena parte de la tensión del proyecto. Disfuncionarias suena a función y a disfunción, a administración y a desajuste. En esa palabra inventada se cuela una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando los sistemas encargados de custodiar la memoria no bastan para comprenderla? Los museos clasifican, numeran, describen, contextualizan. Sin embargo, los objetos no se agotan en su ficha. Guardan usos perdidos, procedencias complejas, silencios, azares. Todo aquello que no siempre cabe en una base de datos. Por ello, la aparición de la inteligencia artificial funciona como una prolongación contemporánea de un viejo deseo: hacer el mundo legible.

No todo lo valioso se exhibe

En la sala, los volúmenes cubiertos refuerzan esa impresión de misterio. Son cuerpos sin identidad clara, formas envueltas que parecen esperar algo. Su presencia introduce una idea hermosa y perturbadora: cuidar también consiste, a veces, en cubrir. No todo lo valioso se exhibe. Ahí reside la delicadeza de Disfuncionarias. El proyecto no denuncia de forma estridente ni formula una tesis cerrada. Prefiere insinuar. Hace visible el reverso del museo sin romper su hechizo. Invita a pensar en quienes trabajan entre bastidores, en las rutinas que sostienen el patrimonio. Frente a la fantasía de control total, Plana reivindica la materia que se resiste.

Una de las piezas de 'Disfuncionarias', de Tanit Plana.

Una de las piezas de 'Disfuncionarias', de Tanit Plana. / CEDIDA

La instalación encuentra su fuerza en esa mezcla de precisión conceptual y atmósfera sensorial. En tiempos obsesionados con convertirlo todo en información, Disfuncionarias propone una pausa. Nos pide mirar aquello que normalmente no atendemos: el sistema que sostiene la belleza, la administración que precede al asombro, el cuidado escondido tras la apariencia de permanencia. Y, en el corazón de un palacio lleno de objetos antiguos, Plana deja una imagen extrañamente contemporánea: la de un museo que, para seguir vivo, ojo, debe aceptar que siempre habrá algo que se le escape.