ORGULLO 2026 EN MADRID
Los mayores LGTBI, "grandes olvidados" en las celebraciones del Orgullo: "En el colectivo hay edadismo, con 50 años ya eres viejo"
La Fundación 26 de Diciembre recuerda la primera manifestación arcoíris en la capital, que tuvo lugar en 1978 y reflexiona sobre el papel de los mayores en la reivindicación actual

Comida en la Fundación 26 de diciembre / JOSÉ LUIS ROCA

Él estaba ahí. En 1977 se celebró la primera manifestación del Orgullo en España. Tuvo lugar en Barcelona, apenas unos días después de las primeras elecciones democráticas. “Fue reprimida por los antidisturbios, a palos, pero sembró la semilla y ese mismo año se creó en Madrid el Frente de Liberación Homosexual de Castilla y se constituye la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español, donde están las organizaciones de Cataluña, País Vasco, Valencia, Andalucía y Madrid”, relata Ramón Linaza, activista y organizador de la primera marcha en la capital. Recuerda que fueron meses de trabajo para conseguir que fuese una movilización autorizada: “Queríamos que la gente acudiese sin miedo. Y lo conseguimos. Fue una experiencia sorprendente. Sabíamos que iría mucha gente, pero no imaginábamos reunir a más de 10.000 personas. Trabajamos con el tejido social afectado por la ley de Peligrosidad Social, como prostitutas, presos comunes, sindicalistas, feministas…”.
Junto al resto de organizadores, Linaza habló con la Federación Socialista Madrileña y el Partido Comunista para lograr que la solicitud de autorización al Gobierno Civil fuese firmada por el teniente de alcalde y un diputado. “Era la primera vez que podíamos manifestarnos públicamente y lo queríamos hacer bien. Hubo dos características que se han conservado a lo largo de las décadas del orgullo: la diversidad y la alegría. Estábamos reivindicando la alegría de vivir, la libertad, el amor, el sexo, etcétera”, dice. El Gobierno impuso un recorrido alejado del centro, “discreto, en el que no nos viera prácticamente nadie”. Caminaron desde O’Donell hasta Mariano de Cavia, donde algunos vecinos “tiraron petardos desde las ventanas”. “La policía nos presionó para que acelerásemos y ni siquiera nos permitieron decir unas palabras al final. Las televisiones no lo cubrieron, pero tuvo repercusión en los periódicos. Al año siguiente no la autorizaron y nos mandaron hacer un picnic en Casa de Campo. La manifestación no volvió hasta años después”, cuenta.

Primera manifestación del Orgullo en Madrid, en 1978. / EFE
Han pasado los años y la manifestación por el Orgullo LGTBIQ+ en Madrid ha evolucionado hasta convertirse en un referente nacional e internacional. Sin embargo, ¿dónde están quienes, como Ramón, caminaron durante los primeros años? “Los mayores queer son los grandes olvidados. Eso es así. Se estima que, durante el franquismo, 5.000 mujeres trans y hombres homosexuales fueron represaliados en cárceles como la de Carabanchel, con el pabellón de los invertidos. A las mujeres se las institucionalizaba en la iglesia o ingresaban en psiquiátricos. A día de hoy no se ha reparado esa herida, no se ha hecho justicia”, expresa Juan José Arguello, presidente de la Fundación 26 de Diciembre, dedicada a la atención integral de mayores del colectivo. Arguello invita a la comunidad a reflexionar “hacia dónde nos ha llevado el sistema sociopolítico de las últimas décadas”.
Secuelas y vulnerabilidades
“La comunidad LGTBI ha comprado el modelo de la eterna juventud, con cánones determinados en los que no encajan los mayores. Una persona de 50 años en el colectivo ya es vieja. Sufren edadismo constantemente. Sales por Chueca y no ves a ninguna persona mayor. La mayoría arrastran varias vulnerabilidades, como la económica. Tienen una situación económica paupérrima. En aquellos años se refugiaban en el mundo artístico porque era más abierto y, cuando llegaban a la jubilación, se enteraban de que nadie había cotizado por elles. Ahora, los que viven, lo hacen con 400 euros al mes. Otros fueron despojados por sus familias o usurpados sus bienes”, explica. Las secuelas no son sólo financieras o sociales, también las hay físicas: “Son habituales los casos de VIH, hay mayor incidencia en cánceres de colon, ovarios o útero, malformaciones en las caras de las mujeres trans como consecuencia de malos tratamientos… Todo ello hace que un 40% padezca depresión, ansiedad o dependencias”.

Juan José Arguello, presidente de la Fundación 26 de Diciembre. / ALBA VIGARAY
Desde su creación en 2010, la fundación ha atendido a más de 17.000 personas y presta servicios a más de 700 usuarios cada mes. “Facilitamos siempre una red social, atendiendo al déficit que arrastran desde hace décadas, como es la falta de apoyo social y el aislamiento. Muchos parecen de proyectos de vida y otros han claudicado. Arrastrarán heridas toda su vida. Avanzamos hacia una sociedad intergeneracional. Necesitamos a los mayores para que nos transmitan su bagaje y su experiencia”, dice. Arguello, que ha sido testigo de las celebraciones del Orgullo desde hace años, defiende que se trata de una reivindicación y no una fiesta: “El sistema nos ha comido y ahora es un encuentro lúdico en el que se fagocitan los eslóganes de una manifestación. Los primeros años era algo controlado, no tan masivo. A raíz de la ley de Matrimonio Igualitario se disparó a raíz de que el Partido Popular lo recurriese ante el Tribunal Constitucional. Era momento de luchar y aferrarse a los derechos que nos estaban concediendo”.
Infrarepresentación
Federico Pascual, usuario en la fundación, ha dejado de acudir a la manifestación que recorre el centro de la ciudad. “Los primeros a los que asistí, hace más de 25 años, ya comenzaban a ser festivos y tenían carrozas comerciales. Conforme ha pasado el tiempo me he distanciado, ya que creo que está demasiado mercantilizada. Amigos me insisten en que es hora de celebrar, que ya hemos pasado malos momentos y hay que disfrutar, pero no creo que vuelva a asistir. Prefiero la marcha del Orgullo Crítico, donde me siento más representado”, sostiene. El madrileño recuerda cuando, a principios de los 2000, ya había público ajeno a la reivindicación, “que se quedaba a los lados de la carretera y comenzaba a aceptar la vistosidad. Predominaba pasarlo bien y estaba asociado a la bebida. La representación de marcas comenzó a eclipsar todo lo demás y nuestra voz pasaba a un segundo plano. Nadie se acuerda de lo que decían las pancartas”.

Madrid durante la manifestación estatal del Orgullo LGTBI+ 2025, a 5 de julio de 2025. / Alejandro Martínez Vélez
Parte del éxito, insiste, está en la implicación del sector hostelero y de restauración: “Vieron que la celebración era una buena ocasión para aumentar los ingresos dado al efecto llamada que ahora trae turismo nacional e internacional”. Si bien Federico no acudirá a la marcha de este sábado, otros usuarios lo harán en su representación. “Somos muchos los que tenemos problemas de movilidad y el calor a quienes somos mayores nos afecta de una manera más notoria. La manifestación dura entre tres y cinco horas con muchas paradas. No está pensada para nosotros. Estamos infrarepresentados. Cuando se pregunten dónde están los homosexuales y transexuales de 70, 80 o 90 años, la respuesta es sencilla. En lugares como este, donde podemos encontrar gente con historias similares”, concluye