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ARTE

La exposición gratuita del artista madrileño Fernando Sánchez Castillo que reabre el Palacio de Velázquez dentro del Retiro

El palacio convertido en museo dentro del parque del Retiro vuelve a abrir sus puertas tras más de años cerrado con una muestra sobre el arte y el poder

Fernando Sanchez Castillo preparando su obra para ARCO

Fernando Sanchez Castillo preparando su obra para ARCO / @fernandosanchez_castillo

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Valeria López Peña

Valeria López Peña

Madrid

El Palacio de Velázquez ha reabierto su acceso al público esta semana. Ahora, el Retiro acoge una de las sedes del Museo Nacional de Arte Reina Sofía. Al llegar, los madrileños se encontrarán con 'La Perla Peregrina', del artista castizo Fernando Sánchez Castillo, reconocido por adentrarse en el papel del arte como elemento de protesta, la construcción que hacemos del poder y el relato "objetivo" que llamamos historia.

El histórico edificio construido entre 1881 y 1883, reabre tras obras de rehabilitación para mejorar la accesibilidad, sostenibilidad y las condiciones de conservación. Su primera muestr fue la Exposición Nacional de Minería, y mucho más de un siglo después acoge a 'La Perla Peregrina', muestra gratuita que estará abierta al público hasta el 8 de marzo de 2027.

Arte para desmantelar al poder

La exposición recoge desde acuarelas, esculturas y piezas prestadas, hasta objetos y vídeos, para consolidar la cultura como medio de reflexión crítica e intervención en las narrativas del poder, así como en la memoria social y cultural. Con el taller como epicentro, invita a reflexionar sobre el poder del arte en la protesta, para construir gestos de resistencia. De hecho, el mismo Sánchez Castillo sostiene en una entrevista con el Museo Reina Sofía que "el arte es una fuerza que hace temblar las narraciones del Estado".

En este sentido, su obra gira al rededor del poder, sus símbolos y su fragilidad, por lo que se interesa precisamente en desmontarlo, principalmente a través de la escultura. Analiza monumentos, imágenes, gestos y leyendas para poner en manifiesto que la historia siempre la cuenta el ganador, mientras que los espectadores tendrán que enfrentar el vacío y las preguntas sin resolver que conlleva desmantelar estas construcciones artificiales.

A partir de la modificación de materiales, trabaja con los restos de la historia. Las escalas y los usos subvierten la relación entre ellos, al tiempo que activan nuevas capas de significado. Por ejemplo, Sánchez Castillo transforma una escultura monumental en un columpio, unos robots en herramientas de abstracción o pone a bailar vehículos antidisturbios. Esta ccontradicción entre su función original y su papel en la obra, cuestiona lo que se considera "normal". Pero lo que ha posicionado su trabajo para llegar al Palacio Velázquez es su diálogo con momentos clave de la historia del arte, sea el período Barroco, el minimalismo o incluso las vanguardias.

Su camino comenzó mucho tiempo atrás. Nació en Madrid en 1970, y saltó a la fama dentro de la escena artística española con la obra del 'Columpio', que inauguró en la XII bienal de Shanghái en 2018, aunque también ha participado en otras bienales como la de São Paulo. Más allá del Palacio de Velázquez, ha llevado sus exposiciones individuales a otros importantes museos, como el MoMA PS1 (Nueva York) y el Tate Modern (Londres), pero también ha llegado a Stedelijk Museum (Amsterdam), Center for Contemporary Art (Linz), Centre d’Art Contemporain (Genève), entre otros.

La Perla Peregrina, símbolo de autoridad

Detrás de su fachada decorada con llamativas cerámicas y azulejos, obra del ceramista madrileño Daniel Zuloaga Boneta, los ciudadanos podrán ver las más de 200 obras que componen la exposición inaugural, entre las que figuran trabajos en proceso de creación.

La muestra toma su nombre de la célebre joya encontrada en Panamá en el siglo XVI. La perla de gran tamaño y forma irregular, llegó a la corte de Felipe II y desde entonces se ha vuelto sinónimo de círculos de poder, autoridad dinástica y las mejores pinturas. Velázquez y su taller la representan en el sombrero de Felipe III y en la cintura de Isabel de Borbón, a veces junto al Estanque, un diamante de excepcional belleza.

Pasó los siglos en la corte de Madrid, pero José Bonaparte la saca de España dando inicio a una enredada travesía. Por ello, en ese momento, se perdió su rastro hasta 1969, cuando Richard Burton la adquiere en una subasta como regalo a Elizabeth Taylor. Volvió a la mesa de subastas en 2011 y volvió a desaparecer.

Pero la perla desde su propio origen es el resultado de una negociación entre daño y forma, violencia y belleza, ya que surge de la intrusión de un cuerpo extraño al interior de un molusco, que termina por recubrirlo con capas nácar. De la misma forma, la historia es un relato con capas de relatos, por lo que la violencia fundacional no es superficial, en su lugar, las imágenes y ceremonias pueden llegar a ser sus cómplices al retirar la mirada. 'La perla peregrina', entonces, se adentra en ese hábito de aislar el trauma.