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RUTAS

El collado olvidado que conserva la memoria del acceso histórico a Buitrago

El Portachuelo Viejo recorre uno de los antiguos pasos serranos que conducían a Buitrago desde el sur

La ruta tiene valor precisamente porque no necesita grandes artificios: su fuerza está en devolver atención a un camino apartado

La ruta tiene valor precisamente porque no necesita grandes artificios: su fuerza está en devolver atención a un camino apartado / Turismo Buitrago de Lozoya

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Victoria Saulyak

Madrid

No es un secreto, en la Sierra Norte de Madrid, algunos caminos antiguos conservan todavía la huella de quienes los recorrieron antes de que las carreteras modernas transformaran el territorio. El Portachuelo Viejo es uno de ellos, uno de esos pasos discretos que, aunque perdió protagonismo con el tiempo, sigue guardando la memoria de una forma antigua de acceder a Buitrago.

Su ruta invita a observar el paisaje no solo como un entorno natural, sino como un testimonio histórico de tránsito, comunicación y relación entre la sierra y la villa. Hoy el tránsito principal avanza por otro lugar, pero el antiguo paso sigue contando cómo se entraba en la villa antes de que la carretera cambiara la manera de cruzar el territorio.

Y es que el Portachuelo Viejo no destaca por una gran construcción monumental, sino por su función: era un lugar de paso. Ese detalle lo convierte en una pieza del patrimonio viario serrano, un tipo de patrimonio que no siempre se reconoce a primera vista porque está hecho de caminos, collados y trazados heredados.

Portachuelo Viejo no destaca por una gran construcción monumental, sino por su función: era un lugar de paso

Portachuelo Viejo no destaca por una gran construcción monumental, sino por su función: era un lugar de paso / SIERRA NORTE MADRID

El paso que quedó al margen

Lo cierto es que el Portachuelo Viejo fue sustituido por el Portachuelo Nuevo, el punto por donde discurre hoy la autovía N-I. Esa sustitución resume una transformación del territorio: los caminos antiguos quedaron desplazados por una circulación más directa, más rápida y más adaptada al tráfico moderno. La ruta permite volver al trazado anterior y entender Buitrago desde su acceso histórico.

El interés del recorrido está en esa comparación silenciosa entre dos formas de moverse. El viejo collado respondía a una lógica de paso serrano, adaptada al relieve y a la entrada hacia Buitrago desde el sur. El nuevo eje convirtió ese tránsito en carretera. El paisaje conserva ambas capas, aunque una de ellas haya quedado casi fuera del uso cotidiano.

Caminar por el Portachuelo Viejo permite recuperar una idea sencilla: antes de las grandes vías, entrar en Buitrago exigía leer la sierra. Los pasos no eran solo puntos del terreno, sino corredores entre pueblos, caminos y defensas naturales. El collado ordenaba el acceso y marcaba una transición hacia la villa.

Caminar por el Portachuelo Viejo permite recuperar una idea sencilla: antes de las grandes vías, entrar en Buitrago exigía leer la sierra

Caminar por el Portachuelo Viejo permite recuperar una idea sencilla: antes de las grandes vías, entrar en Buitrago exigía leer la sierra / SIERRA NORTE MADRID

La ruta tiene valor precisamente porque no necesita grandes artificios. Su fuerza está en devolver atención a un camino apartado, a un nombre que conserva la memoria de un acceso antiguo y a un paisaje donde la historia del tránsito todavía puede leerse sobre el terreno.

Recorrer este antiguo paso permite recuperar una lectura más lenta del paisaje y comprender Buitrago desde una de sus entradas históricas. Aunque el tránsito moderno haya elegido otro camino, el viejo collado sigue conservando su valor como memoria viva del patrimonio viario serrano.