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El álbum más gamberro del Madrid gris, castizo, chino, 'queer' y nocturno: 36 fotos de una ciudad que nunca se deja domesticar

El Museo Municipal de Arte Contemporáneo acoge una muestra colectiva en la que diferentes fotógrafos aportan su visión de Madrid y documentan la transformación de la ciudad en las últimas décadas

Una de las fotografías que Chema Prado ha prestado a 'Topología de un contraste'.

Una de las fotografías que Chema Prado ha prestado a 'Topología de un contraste'. / CEDIDA

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Madrid

"Toda ciudad acaba pareciéndose a sus imágenes", comentaba esta semana Óscar Manrique en la presentación de Topología de un contraste, exposición enmarcada en la programación de PHotoEspaña 2026 que, hasta el 27 de febrero de 2027 permanecerá abierta en el Museo Municipal de Arte Contemporáneo de Madrid. Fundado hace ahora 25 años, aunque el centro no cuenta con una muestra permanente de fotografías, sí que alberga una interesante colección compuesta por más de 2.000 imágenes que han llegado a la institución a través de compra, donaciones o depósito. Entre ellas, las que el Ayuntamiento de Madrid encargó a Ouka Leele en 1987 —como Rapelle-toi, fotografía que utilizaba La Cibeles como marco de una escena mitológica—, piezas de Alberto García Alix, de Rosa Muñoz, de Chema Madoz o incluso de Diego González Ragel, bisabuelo de María Santoyo, actual directora del PHotoEspaña.

A lo largo de sus casi tres décadas de trayectoria, este festival siempre ha mostrado una especial vinculación con la capital, definida por los organizadores de la exposición como una urbe llena de contrastes "centro y periferia, tradición y modernidad, institucionalidad y contestación, poder económico y precariedad, élite cultural y cultura popular. Estas dicotomías no son episodios accidentales, sino líneas de fuerza que atraviesan su configuración urbana y simbólica. Cambian los protagonistas, los lenguajes y los escenarios arquitectónicos, pero la lógica de oposición permanece reconocible". Una tensión presente en el día a día que no ha impedido que, como apuntaba Óscar Manrique, Madrid haya "aprendido a vivir en un equilibrio en el que se combinan sus atractivos y sus contradicciones".

'Gran terminal 3', de José Manuel Ballester.

'Gran terminal 3', de José Manuel Ballester. / CEDIDA

Formada por 36 imágenes de diferentes formatos, Topología de un contraste está concebida, en palabras de su comisario, "como una obra única, compleja y diversa", que permite recorrer los cambios experimentados por la ciudad en las últimas décadas, a través de su fisonomía urbana y sus gentes. De esta forma, el visitante puede ver desde las imágenes de la Gran Vía de los años 1971/1972 disparadas por Carlos Morales Mengotti —en las que el artista vallisoletano retrata una ciudad con vocación internacional apresada en la grisura del franquismo—, hasta una colorista imagen de José Manuel Navia en la que el reportero documenta uno de los desfiles del Orgullo de la capital. Entre medias, un retrato de Rosy de Palma realizado por Pablo Pérez Mínguez, instantáneas del Rastro, bares de calamares, fachadas de comercios históricos como Caramelos Paco, paisajes urbanos, monumentos como el Ángel caído, edificios icónicos como las Torres Kio, interiores del Metro, infraestructuras como la terminal 4 del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas o interiores domésticos de aspecto futurista como La habitación de Luis, fotografía de Alberto García Alix, cuyo aspecto diáfano y minimalista contrasta con el abigarramiento decimonónico del estudio de Ramón Gómez de la Serna, que comparte espacio con la muestra y es uno de los grandes atractivos del Museo.

En 1996, cuando Alberto García Alix realizó esa imagen que se expone en Topología de un contraste, era ya un hecho que ese futuro automático de robots, coches voladores, viajes espaciales y teletransportación anunciado durante décadas no era más que una fantasía surgida de las películas y libros de ciencia ficción. El futuro de Madrid a las puertas del siglo XXI era muy diferente a ese futuro, como documentan las fotografías de Ami Chang y el fotógrafo uruguayo Mauricio Skrycky. La primera muestra la transformación experimentada por la ciudad con la llegada de los ciudadanos de origen chino a través del interior de sus supermercados y comercios. El segundo retrata en sus fotografías, pertenecientes a la serie Madrid 5500º K, una urbe nocturna, extrema y fiestera que no duerme, no descansa y puede ser tan atractiva como agresiva y crispante.

'La habitacion de Luis', de Alberto García Alix.

'La habitacion de Luis', de Alberto García Alix. / CEDIDA

"Es la propia mirada la que crea la ciudad", aseguraba Carlota Bustos, la directora del Centro de Arte Contemporáneo de Madrid, que proponía que, después de ver la exposición, fuera el ciudadano el que continuase ese relato disgregado aportando como elemento de cohesión su propia experiencia. Una tarea que Óscar Manrique ya ha realizado tanto en su calidad de comisario de la muestra como de habitante del la ciudad y de la que afirma que "a pesar de todos los cambios y las diferentes miradas, sigo reconociendo la ciudad".