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ESCAPADA

Ermita de Nazaret: el paseo de Montejo donde la sierra conserva memoria medieval

La ruta parte de Montejo de la Sierra y sube hasta una ermita vinculada a las monterías del siglo XIV

Hayedo de Montejo de la Sierra.

Hayedo de Montejo de la Sierra. / COMUNIDAD DE MADRID

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La Ermita de Nazaret aparece en lo alto del cerro antes incluso de que el camino termine de ganar altura. Esa imagen -levantar la vista y encontrar la ermita como destino- resume buena parte del encanto de este paseo por Montejo de la Sierra: una ruta breve, serrana y atravesada por la memoria medieval, en la que el paisaje no solo acompaña el recorrido, sino que ayuda a entenderlo. La caminata suma 8,3 kilómetros, salva un desnivel de 248 metros y tiene una dificultad de 2 sobre 5.

El vínculo histórico aparece pronto. Las primeras referencias a la ermita figuran en Las Monterías de Alfonso XI, tratado de caza del siglo XIV en el que se menciona el entorno del Redondillo, la dehesa de Santa María y el collado de Jarama como escenario de cacerías de oso en verano y jabalí en invierno. La ruta permite leer ese pasado desde el terreno: praderas, laderas, pasos ganaderos y cerros que conservan el peso de una sierra transitada mucho antes de convertirse en plan de fin de semana.

De la plaza al cerro

El paseo arranca en la Plaza de la Fuente, en Montejo de la Sierra. Allí está la fuente de los tres caños, construida en el siglo XIX e inaugurada por Clara Campoamor en 1927, que sirvió como abrevadero para el ganado. Desde ese punto, el camino desciende hacia la Ermita de la Soledad, del siglo XVI, y continúa hasta una pasarela que cruza el río de la Madre. La ruta empieza dentro del pueblo, pero enseguida cambia de escala.

A partir de ese cruce comienza la subida. El sendero atraviesa grandes praderas que acogieron antiguos linares y deja ver, desde lejos, la ermita sobre el cerro. Esa imagen ordena el recorrido: no se avanza hacia un monumento aislado, sino hacia una atalaya. Una vez arriba, el premio está en las panorámicas del valle, abiertas desde un punto elevado que convierte la ermita en mirador natural.

La vuelta amplía el paseo por vías pecuarias. El camino sale hacia el norte desde el lateral de la ermita, cruza un zarzo y entra en una vía amplia delimitada por muros de piedra seca. Después aparecen el camino de los Cañuelos, el arroyo de los Santillos, praderas, rodales de robles y rosales silvestres. La ruta no busca grandes golpes de efecto. Su fuerza está en esos elementos reconocibles de la Sierra Norte: piedra, pasto, agua y caminos ganaderos.

El regreso hacia Montejo serpentea entre robles antes de abrirse de nuevo en una pradera desde la que vuelve a verse el pueblo. Para entonces, la Ermita de Nazaret ya ha quedado atrás, pero no como una simple parada del camino. Su presencia ordena el paseo y permite enlazar, en una misma ruta, la vida rural, las vías pecuarias y aquel pasado de caza medieval que todavía parece leerse en la forma del paisaje.