TELEVISIÓN
Qué fue de Dulce Delapiedra, la niñera de Chabelita que salió del anonimato para plantar cara a la plana mayor del clan Pantoja
La catalana tenía 19 años cuando empezó a vivir y trabajar en casa de la tonadillera, de donde salió tarifando hace algo más de una década por una serie de motivos que ella misma ha narrado

Dulce Delapriedra, en 'Sálvame Deluxe'. / TELECINCO
¡Isabel Pantoja ha adoptado a una niña en Perú! La noticia fue una de las más comentadas por los periodistas del corazón aquel año 1996, en una época en que artistas, jueces, periodistas y políticos estaban poniendo de moda las adopciones de niños en el extranjero. Todo sucedió porque la tonadillera sevillana tenía en mente formar una gran familia junto a su marido, el torero Paquirri, pero sus planes se fueron al traste después de que este falleciera tras sufrir una cogida en Pozoblanco en 1984, apenas unos meses después de dar la bienvenida al mundo a su hijo Kiko Rivera. En 1995, aprovechando una gira en Lima, Isabel inició el procedimiento administrativo ante las autoridades de la ciudad, y durante el proceso de adopción cruzó varias veces el charco (e incluso hizo buenas migas con el autócrata Alberto Fujimori, que entonces gobernaba el país con puño de hierro y tiempo después sería condenado por corrupción).
Corría mayo del 96 cuando Isabel se convirtió en la madre legal de una pequeña de cinco meses, nacida en la ciudad de Cuzco, a la que daría su nombre y apellidos. Ese mismo mes, las dos emprendieron juntas viaje a España y, para evitar que la prensa las molestara, la cantante utilizó la escolta y un coche Mercedes Benz que le proporcionó para la ocasión el presidente peruano. Claro que el respeto a la intimidad que la susodicha solicitó cuando acabó con todos los trámites que le permitieron adoptar a su hija se evaporó a los pocos meses de tenerla en casa. Y es que vendió a su revista de cabecera, a.k.a. ¡Hola!, la exclusiva de la presentación mundial de la niña (según dijeron las agencias de prensa, recibió 25 millones de pesetas de la época por el reportaje).

Isabel Pantoja, fotografiada en Albacete en 2024. / EUROPA PRESS
En aquella extensa entrevista, la Pantoja habló por primera vez de su empleada Dulce Delapiedra, quien, en sus propias palabras, le estaba siendo de gran ayuda en ese momento. “[Dulce] Es la que cuidó desde que vino al mundo a Francisco José y la que ha venido conmigo los dos meses que estuve en Perú para traerme a María Isabel. Pero yo le doy de comer sus biberones de cereales, la cambio de ropa, la baño, la visto, duerme muy bien… ¡es un sol!”. Más tarde supimos que Dulce era una muchacha de origen catalán y con cuatro hermanos que, como ella, sobrevivieron a una infancia difícil marcada por la ausencia de su padre y el prematuro fallecimiento de su madre. “Dulce era muy introvertida, muy tímida, le costaba mucho hablar y relacionarse con los demás”, contó luego una prima suya. “Su infancia fue dura porque en su familia eran bastante pobres, aunque no hasta el punto de haber pasado hambre, gracias a Dios. Su padre es como si nunca hubiera existido, pues no se ha hecho cargo de sus hijos".
Nuestra protagonista encontró bastante consuelo en la música de su ídolo Agustín Pantoja, hermano de la tonadillera, que entre principios de los ochenta y finales de los noventa lanzó varios discos. Tanto es así que a veces le enviaba cartas expresando su admiración y compartiendo sus anhelos. Una vez tuvo ocasión de conocer a Agustín en persona tras un concierto en Barcelona y, a raíz de la conversación que mantuvieron, la intérprete de Marinero de luces le ofreció irse con ellos a Cantora para trabajar de niñera de Kiko, que todavía era un bebé. Así, desde los 19 años, Dulce se entregó en cuerpo y alma a los Pantoja, renunciando para ello a muchas cosas. “Mi ilusión era casarme y tener hijos”, comentó una vez una mujer que durante muchos años protegió a su jefa de los ataques y pasó por muda a ojos de los paparazzi que la seguían a todas partes. Claro que esto cambió en 2015, cuando Isabel hija, Chabelita o Isa para la mayoría de la gente, se convirtió en concursante del reality Supervivientes yalguno de sus familiares apareció en la tele haciendo ciertos comentarios feos sobre ella.

Isa Pantoja, en 2024. / EUROPA PRESS
Eso enervó a una Dulce que se puso a defender públicamente a su niña, como ella llama cariñosamente a Isa, del mismo modo en que una leona defiende a su cachorro. Ahí empezamos a descubrir por qué tanto una como otra salieron tarifando de Cantora, la finca que Isabel heredó tras quedar viuda y en la que vivió durante décadas. Por lo visto, la Pantoja empezó a perder la confianza en su niñera en tiempos de Julián Muñoz, cuando una amiga le contó que su entonces maromo había tenido un devaneo con la niñera. Julián admitió que sí hubo tonteo, aunque Dulce negó la mayor y en una entrevista aseguró que el entorno de su jefa se sacó aquella maldad de la manga para poder quitarse de en medio al corrupto político, que una vez en la cárcel y sin acceso a buena parte de su dinero pasó a ser tratado por algunos como un estorbo. Varios años después de aquel desliz-no desliz, estando ya la artista procesada por blanqueo de capitales (delito que finalmente la llevó a prisión), Dulce se posicionó al lado de Isa cuando esta empezó a reñir con los suyos por culpa de sus lógicas ganas de salir con los amigos y tener novios.
Alberto Isla y Asraf Beno
Según Isa, a su conservadora madre le sentó como un tiro que con 16 años se liara con un chico algo mayor que ella y, cuando sospechó que los jóvenes habían mantenido relaciones sexuales, la llevó a un ginecólogo para que certificase si realmente había perdido la virginidad, cosa que para la examinada resultó muy humillante. A raíz de esto, la tonadillera le retiró a su hija el acceso a internet y además la internó en un estricto colegio de Jerez de la Frontera. Fue ahí donde Isa entabló relación con el gaditano Alberto Isla cuando todavía no había alcanzado la mayoría de edad. Más pronto que tarde se quedó embarazada y, al cumplir los dieciocho, se marchó de casa para poder empezar a tomar las riendas de su vida. “Isabel le dijo a su hija que si se iba de Cantora no le daría nada. El mayor apoyo para Isa fue la familia de Alberto. Yo también aporté para pañales y comida. Isa no quería que le diera nada, pero no tenía ni 50 euros”, contaría luego su niñera, que durante un tiempo vivió con su niña y la ayudó a criar a su Albertito.
Isa, para ganarse el pan, empezó a conceder exclusivas a revistas y a participar en programas en los que inevitablemente le tocó responder a preguntas sobre su familia, cosa que los Pantoja vivieron como una traición. De este modo supimos que a la joven le dolió enormemente la ausencia de su madre en momentos importantes de su vida, como la presentación de su canción Ahora estoy mejor, el bautizo de su primogénito Albertito, la boda con su actual marido (Asraf Beno, al que conoció durante su paso por Gran Hermano VIP 6), o aquella vez que tuvo que ser operada de urgencia de apendicitis. Eso sí, a pesar de las diferencias que tenían, Isa intentó seguir en contacto con la cantante, a quien de vez en cuando escribía mensajes para preocuparse por su estado y trataba de ir a visitar, a veces hasta saltando la valla de Cantora para poder encontrarla frente a frente.

Kiko Rivera, en 2026. / EUROPA PRESS
Pero en 2024, tras tomar conciencia de que todos sus esfuerzos habían sido en vano, tiró la toalla y se sentó en el plató del programa De viernes para confesar sus traumas y narrar una serie de vejaciones y desprecios que soportó de la plana mayor de los Pantoja, retratados allí como un grupo machista y xenófobo. Desde entonces, la joven de 30 años no mantiene contacto alguno con su madre ni con su hermano Kiko, que también la puso verde, y sigue priorizando su bienestar emocional, cuidando de sí misma y de la familia que ha construido junto a su marido y padre de su segundo hijo. Tampoco se habla con la cantante Dulce, que fue despedida en 2014 y en una entrevista dijo que cuando cogió la baja por primera vez en tres décadas su jefa “se puso a gritar como una loca delante de todos en la casa. Me dejaron sola, no me llevaron al ambulatorio. De Medina Sidonia tuve que ir andando por la carretera”.
La catalana apareció en varios programas como Supervivientes y aseguró haberse sentido exprimida y cansada de tanto capricho que conllevaba el servicio a su jefa, que por lo visto le pagaba seiscientos euros mensuales. “Isabel dormía de día y comía poco. Si le apetecía a las tres de la mañana, pedía un solomillo, un café… Sus manos y sus pies era yo, quería que fuera para toda la vida y envejecer conmigo”, contó. En su última exclusiva, concedida a Lecturas en 2024, Dulce dijo que estaba al límite de sus fuerzas, pues llevaba años con depresión crónica, sufría fibromialgia e insomnio, y andaba acuciada por las deudas (cobrando una minúscula pensión para mayores de 52 años que apenas le daba para pagar el alquiler). "He tomado pastillas para dejar de vivir", llegó a asegurar. “Querría dormir y no despertarme, es de la forma que quiero irme. No me puedo levantar de la cama cuando despierto". Por suerte, fuentes de su entorno señalan a nuestro periódico que hoy día está más recuperada anímicamente y que sigue hablando con frecuencia con su niña, quien la considera como una segunda madre.
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