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ARTE

Un recorrido por el Museo del Prado a lomos de dragones

Desde Rubens hasta Tiepolo, el Museo del Prado alberga representaciones de dragones que combaten contra santos y ángeles, encarnando la lucha entre el bien y el mal

Un recorrido por el Museo del Prado a lomos de dragones

Un recorrido por el Museo del Prado a lomos de dragones. / EFE

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Cristina Lladó (EFE)

Madrid

Los dragones que ahora pueblan sagas enteras en libros, series y películas no son nada nuevo en el mundo del arte. Una mirada curiosa puede descubrirlos en una selección de obras del Museo del Prado que cuentan magníficas historias y leyendas bíblicas, mitológicas y del medievo.

En la cultura occidental, los dragones son seres aterradores que representan al demonio y los males del infierno, salvo cuando aparecen en escudos, blasones y firmas. Entonces son benignos y prueba de fiereza y valentía, como el dragón rojo de la bandera de Gales. Los dragones orientales también son buenos y, a diferencia de sus contrapartes occidentales, simbolizan la sabiduría, la buena fortuna y el poder.

El experto en pintura europea hasta 1500, José Juan Pérez Preciado, acompaña a EFE en un paseo por el Museo del Prado descubriendo dragones, cuyo imaginario inspirado en serpientes, grifos y otros seres de los bestiarios medievales ha ido evolucionado hasta el universo de la fantasía contemporánea. Es decir, son los precursores de los seres mágicos de Dragones y mazmorras; de Smaug, el último de la Tierra Media en El hobbit; de Fújur, el tierno dragón de la suerte de La historia interminable; de Desdentado, de Cómo entrenar a tu dragón; de Drogon, Rhaegal y Viserion de Juego de Tronos; y de los poderosos Vhagar, Caraxes y los que quedan por llegar con la inminente nueva entrega de La casa del dragón.

Daenerys y los dragones de Juego de Tronos

Un dragón escupe fuego junto a Daenerys en la serie 'Juego de Tronos'. / HBO

Dragones aterradores

De todos los dragones y fieras en el Prado, sin duda el más aterrador es el de Lucha de san Jorge y el dragón (1606-1608), de Peter Paul Rubens. Una horrible fiera con ojos desorbitados y fauces abiertas y ensangrentadas está siendo alanceada por un feroz san Jorge a caballo. Cuenta la leyenda que el militar romano llegó a Silca, ciudad de Libia, donde había un gran lago habitado por un dragón. El pueblo, para aplacar la ira del monstruo, le lanzaba dos ovejas diarias como alimento. Al acabarse las ovejas, comenzaron a sacrificar a los habitantes del pueblo, elegidos por sorteo. Así, le llegó el turno a la hija del rey, quien se encontró con san Jorge, que la salvó. Ella contempla la horrible escena en segundo plano y agarrada a un corderito aterrado.

'Lucha de San Jorge y el dragón', cuadro de Rubens en el Museo del Prado.

'Lucha de San Jorge y el dragón', cuadro de Rubens en el Museo del Prado. / Wikipedia

Frente a la fiereza desatada de san Jorge, la tranquila elegancia de San Miguel Arcángel, del Maestro de Zafra, quien se enfrenta con serenidad y gallardía a un horrible dragón con cabeza y garras de león, alas de murciélago y cola de serpiente. El cuadro representa la lucha de los ángeles y arcángeles contra el maligno, en una batalla de ángeles buenos contra los caídos.

También vence al dragón con elegancia y naturalidad la Inmaculada Concepción, quien en el cuadro de Giambattista Tiepolo (1696-1770) aparece sobre la bola del mundo y pisando a una serpiente de rostro aterrador, representación del mal, que lleva en la boca una manzana, símbolo del pecado original. El monstruo, a veces serpiente, a veces dragón, tiene en este cuadro un rostro más cercano a lo que entendemos hoy en día como un dragón. "Quizás sea este uno de los dragones que más se parece a los que vemos en la cultura posmoderna, las series de televisión actuales o en las películas, que todos hemos conocido o conocemos", señala Pérez Preciado.

La Inmaculada Concepción vence al dragón con elegancia y naturalidad  en el cuadro de Giambattista Tiepolo en el Museo del Prado.

La Inmaculada Concepción vence al dragón con elegancia y naturalidad en el cuadro de Giambattista Tiepolo en el Museo del Prado. / EFE/ María Aguilella Pardo

Pero los dragones no solo son terrestres, sino también los hay marinos y sin alas. Es el que emerge de las aguas con las fauces abiertas en Andrómeda y el dragón (1580-1600), un cuadro anónimo, copia de Tiziano.

Dragones buenos

Los dragones también están muy presentes en heráldica, si bien cuando aparecen en escudos no suelen ser malignos, sino símbolo de fuerza y fiereza, explica Pérez Preciado, señalando un maravilloso alfarje (techo artesonado plano), datado sobre el año 1400. Las esquinas de sus vigas muestran amenazadoras cabezas de dragón con grandes dientes, pero su fiereza no debe ser tanta cuando "¡por la boca echan flores!", exclama apuntando a unos lirios que asoman por sus fauces.

También recuerda que el pintor Lucas Cranach el Viejo (1472-1553) firma sus cuadros con una minúscula serpiente con alas. Pero solo hasta 1537: cuando muere su hijo Hans a los 24 años y "en un momento de depresión, Cranach el Viejo corta las alas de su firma y la deja en una sinuosa serpiente a la que le han robado la fuerza".

Otro ejemplo son los objetos del Tesoro del Delfín, en especial el Gran Vaso en forma de dragón o 'caquessettao', una delicada pieza en cristal de roca tallado de finales del XVI, así como los detalles decorativos de las piezas firmadas en el taller de Pierre Delabarre (1625-1854), el llamado Maestro de los Dragones, quien se inspiraba en Leonardo da Vinci, explica Pérez Preciado. Finalmente, tras una mañana hablando de dragones y otras fieras terribles, al experto se le escapa la revelación: "Dragones hay de todos los colores, pero mi dragón particular es blanco, el de La historia interminable".