ARTE
El Rubens que se ocultaba bajo el barniz: el Thyssen desvela los secretos de 'Venus y Cupido'
El museo que lidera Guillermo Solana presenta una exposición dedicada al proceso de restauración de esta obra y los hallazgos sobre la técnica del artista

Redacción

Durante mucho tiempo, Venus y Cupido parecía hablar desde detrás de una cortina dorada. No era exactamente silencio, pero sí una voz amortiguada: la del barniz oxidado, la de antiguas intervenciones que habían acabado alterando el pulso cromático de Peter Paul Rubens. Ahora, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza invita a mirar de nuevo el cuadro, no sólo como una escena mitológica, sino como un organismo recuperado, estudiado capa a capa hasta revelar parte de su respiración original. La sala 19 acogerá hasta el 13 de septiembre La restauración de Venus y Cupido, un montaje que convierte el trabajo de conservación en relato expositivo. La pintura, realizada hacia 1606-1611, se presenta acompañada de recursos digitales, comparativas del antes y el después, detalles ampliados, textos técnicos y una proyección audiovisual. La propuesta permite al visitante entrar en un territorio que normalmente permanece fuera de escena: el laboratorio, la toma de decisiones, los hallazgos invisibles a simple vista.
"La Venus ante el espejo es un tema que en la Edad Media tenía un sesgo moralizante. Representaba un pecado de soberbia, la contemplación de la belleza. Pero también puede ser un emblema del conocimiento de la belleza", ha subrayado Guillermo Solana, director del Thyssen. La intervención se ha prolongado durante año y medio. No se trataba de una operación de embellecimiento, sino de una investigación con bisturí histórico. El equipo de restauración ha retirado el barniz envejecido que había amarilleado la superficie y comprometía la lectura de la obra, especialmente en las zonas claras. Con esa limpieza ha emergido una pintura más respirable: las carnaciones recuperan matices, el espacio gana profundidad y la composición vuelve a tener una perspectiva menos plana, más cercana a la intención del artista.

Detalle del proceso de limpieza de la obra 'Venus y Cupido', de Rubens. / MUSEO THYSSEN
El lienzo, en términos generales, se encontraba estable, aunque no intacto. Presentaba pequeñas pérdidas, reintegraciones antiguas, craquelados y leves levantamientos de pintura. La restauración ha permitido consolidar esas áreas frágiles y reforzar la conservación futura de la obra. Pero el verdadero atractivo del proyecto está en lo que las técnicas de imagen han sacado a la luz: la manera en que Rubens pensó, preparó y ejecutó la escena. "La imagen habla por sí sola. Intervenir una pieza así es un lujo, un aprendizaje tremendo sobre el trabajo del maestro Rubens. El proceso ha sido brutal. Hemos podido acercanos a él y entenderle mejor", ha explicado Alejandra Martos, responsable del área de Restauración.
La reflectografía infrarroja ha revelado un dibujo subyacente, especialmente preciso en las figuras y en la zona inferior derecha. No hay aquí grandes arrepentimientos ni una composición en disputa. La explicación resulta elocuente: Rubens trabajaba a partir de un modelo de Tiziano, lo que le permitió arrancar con una estructura muy definida. Aun así, la pintura no es una simple traslación mecánica. En los detalles se percibe la mano de un artista que calcula, ajusta y decide. "Hemos podido ver que, además de preparar la tela a su manera, aplicó una capa de blanco de plomo sólo sobre las figuras para resaltarlas, como si quiesiera que la luz saliera de ellas", ha continuado Martos.
Los secretos del marco
La radiografía confirma el buen estado general del cuadro, aunque muestra desgarros en la zona central que pudieron estar detrás de un reentelado antiguo. También revela que el soporte original era una sola pieza de tejido, recortada en los bordes probablemente para sanearla. Pero lo más fascinante aparece en la diferencia entre las figuras y el fondo: Venus y Cupido están construidos con capas ricas, empastes densos y una materia pictórica elaborada, mientras el entorno oscuro se mantiene más suelto. Entre los descubrimientos más delicados figuran pequeñas modificaciones compositivas. En el reflejo del espejo, la mirada de Venus parece haber tenido inicialmente otra dirección: primero se orientaba hacia el espectador y después Rubens la desplazó hacia su izquierda. También se han detectado variaciones en la posición de los pies de Cupido.

Detalle del procedimiento de limpieza realizado en la pintura 'Venus y Cupido'. / MUSEO THYSSEN
El proyecto también ha atendido al marco, una pieza francesa de estilo Regencia posterior a la pintura. Tallado en madera y dorado al agua, combina brillos y zonas mate. Su restauración ha incluido limpiezas controladas, fijación de grietas, reconstrucción de pérdidas y reintegraciones con técnicas reversibles. El objetivo no era borrar el tiempo, sino ordenar sus huellas para que el conjunto acompañe de nuevo al lienzo sin imponerse sobre él. La exposición del Thyssen propone, en suma, una forma distinta de mirar a Rubens. No desde la distancia solemne del museo, sino desde la intimidad de sus procedimientos. Allí donde antes había un velo amarillento, aparece ahora una pintura más compleja. Venus y Cupido no solo vuelve restaurada, sino explicándose.
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