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ENTREVISTA

Marta Huguet, propietaria de La Peliculera: "La fotografía analógica es una forma de decir que algo merece ser recordado"

Estudió arquitectura, pero pronto descubrió que le gustaban el cine, la ilustración, la literatura infantil y la fotografía analógica. Hace ocho años abrió un negocio donde los amantes de esta técnica pueden encontrar cámaras y accesorios o revelar sus trabajos

Marta Huguet, propietaria de la tienda La Peliculera, en el barrio de Salesas de Madrid.

Marta Huguet, propietaria de la tienda La Peliculera, en el barrio de Salesas de Madrid. / Alba Vigaray

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Álex González

Álex González

Madrid

¿Cómo se le ocurrió la idea de montar este negocio?

Todo empezó cuando comencé a trabajar en lo que entonces era Lomography Caprilephoto. Desde el primer momento me encantó estar detrás del mostrador donde podía compartir mi visión de la fotografía con los clientes, recomendarles cámaras, carretes... Me di cuenta de que pasar el día rodeada de lo que más te apasiona, compartiéndolo con otras personas, es algo enormemente enriquecedor. Cuando el dueño anterior se jubiló y surgió la oportunidad de coger el traspaso, no lo dudé. Me lancé a la aventura con ganas de darle una visión mucho más personal a cómo yo entiendo la fotografía analógica, y así nació La Peliculera.

¿Qué es lo que más se vende?

Hay tres cosas que tienen mucha salida. Por un lado, la película fotográfica para el público más general, sobre todo carretes como el Kodak ColorPlus o el Kodak Ultramax, que son muy versátiles y se adaptan perfectamente a quien está empezando. Por otro lado, las cámaras desechables, que son una puerta de entrada fantástica al mundo analógico porque vienen con todo incluido: no necesitas invertir en una cámara ni en un carrete por separado. Y luego está el revelado, que tiene muchísima demanda, porque a la gente le hace muchísima ilusión poder recibir en el móvil las fotos que ha ido disparando a lo largo del tiempo.

¿Viene gente muy especializada a buscar cámaras analógicas muy concretas?

El perfil de cliente es muy variado, lo cual me encanta. Por un lado, están los que se acaban de adentrar en el mundo analógico y vienen con muchísimas ganas de aprender y de descubrir. Por otro, cada vez viene más gente del ámbito profesional: fotógrafos que trabajan en sesiones de moda, bodas o eventos, y que cada vez más incorporan el analógico a su trabajo porque sus clientes lo piden y porque aporta una estética y una textura que el digital no da. Para ellos tenemos una oferta amplia tanto de película como de cámaras y revelado profesional. Y luego hay un tercer perfil que me parece muy especial como son las personas mayores que llevan usando cámaras analógicas toda su vida, que tienen colecciones increíbles, y que en nosotros encuentran un lugar de confianza donde comprar película, pero también donde poner a punto alguna cámara antigua que llevan años sin usar. Tenemos servicio de reparación y al final somos un poco el sitio donde encuentran todo lo que necesitan.

Entrevista a Marta Huguet, de la tienda La Peliculera, en el barrio de Salesas de Madrid. Una de las cámaras a la venta en el establecimiento.a

Una de las cámaras a la venta en La Peliculera, el establecimiento que Marta Huguet regenta en Madrid. / Alba Vigaray

Su labor de asesoramiento será fundamental, especialmente con los que menos entendemos.

Es, sin duda, la parte que más disfruto de estar aquí. Todos hemos empezado desde cero, y si has crecido con lo digital, el mundo analógico puede parecerte muy ajeno al principio. Para mí es muy enriquecedor poder acompañar a esa persona en todo el proceso y poder recomendarle el carrete adecuado, orientarle sobre con qué cámara empezar, qué tipo de revelado pedir... No es solo vender, es guiarles. Y lo que también es muy bonito es que te contagian su ilusión, porque vienen sin expectativas y cuando ven sus primeras fotos reveladas se quedan maravillados. Diría que el 90% de las personas que lo prueban se enganchan. Porque es una cosa muy mágica.

No es que queden románticos que revelen sus carretes, es que cada vez hay más. Y creo que en el futuro va a haber todavía más, cuando la inteligencia artificial lo impregna todo y cada vez nos preguntamos más si una imagen es real

¿Estar en pleno barrio de Salesas le beneficia?

Es un barrio muy especial para mí y que creo que nos define bastante. Es un barrio con mucha historia y mucho carácter, donde predominan los comercios llevados por sus propios dueños, sin apenas franquicias, con mucho arte, mucha cultura y una oferta de restauración muy cuidada. Tiene una personalidad propia que lo hace muy atractivo, y creo que La Peliculera encaja muy bien en ese ecosistema. El turismo nos beneficia, claro, pero lo que realmente nos sostiene y nos llena de orgullo es nuestra clientela habitual, gente muy fiel que repite y que es nuestro gran apoyo. No dependemos de la compra puntual, sino de una comunidad que ha hecho suya la tienda.

Entrevista a Marta Huguet, de la tienda La Peliculera, en el barrio de Salesas de Madrid. Carretes a la venta en el establecimiento.

Los carretes son uno de los artículos más vendidos en La Peliculera. / Alba Vigaray

¿Todavía quedan románticos que revelan sus carretes de fotos?

No es que queden, es que cada vez hay más. Vivimos en un día a día muy frenético, donde todo es inmediato y todo se consigue al instante, y creo que eso nos lleva a buscar lo contrario: actividades que nos hagan frenar, que nos hagan estar más presentes, más conectados con lo que nos rodea y con la gente que queremos. La fotografía analógica tiene exactamente esa magia. Y creo que en el futuro va a haber todavía más personas que la descubran, especialmente ahora que vivimos en un momento en el que la inteligencia artificial lo impregna todo y cada vez nos preguntamos más si una imagen es real o no. La fotografía analógica es, en ese sentido, la prueba más esencial de que una foto es real, de que algo ha existido, y de que alguien se ha tomado el tiempo y el esfuerzo de capturarlo.

Entrevista a Marta Huguet, de la tienda La Peliculera, en el barrio de Salesas de Madrid.

Huguet, atendiendo a unos clientes en su negocio. / Alba Vigaray

¿Organizan también algún tipo de talleres?

Sí, hacemos talleres con mucha frecuencia. Tenemos dos que son los pilares: uno de iniciación a la fotografía analógica y otro de iniciación al revelado en blanco y negro, que son los que más demanda tienen porque cubren exactamente lo que la gente quiere aprender cuando se acerca por primera vez a este mundo. Pero además hemos creado un formato que nos funciona fenomenal, que es el taller One to One. Al final vivimos con agendas muy locas y a veces es difícil encajar un taller grupal, así que este formato nos permite adaptarnos completamente al horario, al ritmo y a las necesidades de cada persona. De forma puntual también traemos profesionales invitados que imparten talleres más especiales, como el que hicimos el año pasado con Martí Andiñach, un taller de retratos en colodión húmedo que fue una experiencia verdaderamente única. Todos los talleres se pueden reservar online, y se han convertido en un regalo muy recurrente, tanto para cumpleaños como para Navidad. Pero más allá de lo que se aprende, lo que más me gusta de los talleres es que generan una comunidad muy bonita alrededor de La Peliculera.

Mi abuela paterna siempre llevaba una cámara encima. Nunca fue fotógrafa profesional, y sus cámaras eran bastante humildes, pero para ella la fotografía siempre fue una manera de retratar su día a día, de dar valor a lo pequeño. Siempre fotografiaba las flores de sus cactus

¿De dónde le viene esta pasión por la fotografía?

En mi familia siempre ha habido mucho interés por la fotografía. El otro día encontramos la primera foto que yo le hice a mis padres, en Galicia, con cuatro añitos. Pero si hay alguien que me haya marcado de verdad es mi abuela paterna, que siempre llevaba una cámara encima. Nunca fue de forma profesional, y sus cámaras eran bastante humildes, pero para ella la fotografía siempre fue una manera de retratar su día a día, de darle valor a lo pequeño. Recuerdo que siempre fotografiaba las flores de sus cactus cuando florecían, y a nosotros nos hacía gracia porque nos parecía una cosa sin importancia. Pero cuando heredé sus álbumes familiares, descubrí que un 20% de las fotos eran de esas flores. Y entonces lo entendí todo. Para ella sí tenían importancia, y eso es exactamente lo que es la fotografía analógica: una forma de decir que algo merece ser recordado.

Entrevista a Marta Huguet, de la tienda de fotografía analógica La Peliculera, en el barrio de Salesas de Madrid. Uno de los modelos a la venta en el establecimiento.

Otro de los modelos de cámara disponibles en La Peliculera. / Alba Vigaray

¿Y qué hace para tratar de inculcarla a los demás?

Más que inculcar o presionar, creo que la fotografía analógica tiene que hablar por sí sola. Lo que sí creo es que, si alguien tiene ganas de estar más presente en su día a día, de ser más consciente de cómo emplea su tiempo, la fotografía analógica tiene algo muy especial que ofrecer. Porque te obliga a tomar decisiones: qué carrete vas a usar, qué cámara necesitas, qué quieres fotografiar y por qué. Hay una intencionalidad en todo el proceso que hace que cuando recibes las fotos digitalizadas, el resultado sea más especial, más fiel a ti mismo, más real. Así que lo que hacemos desde La Peliculera es simplemente transmitir lo mucho que nos apasiona esto, mostrar los resultados, y dejar que a la gente le pique el gusanillo y descubra si es lo suyo.

¿Cree que la fotografía analógica no pasará de moda?

Creo que la fotografía analógica no pasará de moda, aunque con un matiz importante: para que eso sea así, es fundamental que los precios se mantengan accesibles. Es verdad que cada año sube el precio de la película, sube el coste del revelado, sube el precio de la vida en general, y al final esto es un hobby muy especial pero que requiere una inversión de dinero que lo hace algo más complicado para mucha gente. Dicho esto, creo profundamente que la fotografía analógica siempre va a despertar interés, porque conecta con una parte de nosotros que estamos empezando a valorar más de lo que pensábamos. Creo que estamos ante un movimiento más amplio de regreso a lo manual, a lo lento, a lo tangible, en el que la cerámica, el bordado, la fotografía analógica... todos tienen su lugar. Y me alegra mucho que así sea.