FORMACIÓN
El sueño de pilotar despega entre 7 de cada 10 jóvenes madrileños, pero muchos aún no saben cómo llegar a la cabina
Un estudio de 'European Flyers' revela que al 67,7 % de los madrileños de entre 16 y 29 años le atrae ser piloto, aunque casi la mitad desconoce qué formación necesita
Luis Miñano Gómez, piloto y director general del centro, advierte de que el sector vive "un escenario de alta demanda" y necesita talento

A sus 20 años trabaja como instructor de vuelo en una escuela de aviación. / CEDIDA

Madrid mira al cielo con interés. La profesión de piloto sigue teniendo ese punto de magnetismo que mezcla vocación, prestigio, aventura y futuro laboral. Aunque, arrastra una paradoja: muchos jóvenes se imaginan en una cabina de vuelo, pero no saben muy bien qué camino hay que seguir para llegar a ser pilotos.
Coincidiendo con la celebración de la selectividad, European Flyers, centro de formación aeronáutica de referencia en España, ha encuestado a madrileños de entre 16 y 29 años para conocer cómo ven hoy esta profesión. El resultado dibuja una fotografía clara: a 7 de cada 10 jóvenes madrileños, el 67,7 %, les atrae la idea de ser piloto. Sin embargo, el 49 % no sabe qué hay que estudiar para conseguirlo.
La vocación está ahí. Lo que falta, en muchos casos, es información. Luis Miñano Gómez, piloto de transporte de línea aérea y director general de European Flyers, sintetiza el reto con una idea clara: "Acercar la formación aeronáutica a los jóvenes es clave para que el sector cuente con los profesionales que necesita". Ese acercamiento pasa, en primer lugar, por romper algunos tópicos. Ser piloto no significa únicamente trabajar en una gran aerolínea, ni es una profesión reservada a unos pocos, ni existe una única vía para llegar a la cabina.
El estudio muestra que el 62 % de los encuestados desconoce que existe una vía universitaria para llegar a la cabina. Esa opción es el Grado en Gestión y Operaciones del Transporte Aéreo, conocido como GyOTA, que combina estudios universitarios con la obtención de licencias de piloto. La Universidad Politécnica de Madrid lo imparte junto a un reducido número de centros de formación de vuelo, entre ellos European Flyers, que lo ofrece desde 2018.

Luis Miñano Gómez, piloto de transporte y director de la escuela European Flyers. / Cedida
La acogida, cuando se conoce la opción, es alta: casi el 53 % de los encuestados la considera una alternativa excelente. Un dato especialmente relevante en estas fechas, cuando miles de jóvenes madrileños han afrontado la selectividad y han empezado a decidir qué quieren estudiar, dónde y con qué expectativas laborales.
"Estamos ante el mejor momento para formarse"
Miñano es claro al analizar si España afronta una falta de pilotos: "Sí. El sector de la aviación está viviendo un momento de crecimiento sin precedentes, impulsado por el tirón del turismo, la ampliación de las flotas y el relevo natural de una generación de profesionales que empieza a jubilarse". Según explica, las previsiones de la industria apuntan a que España necesitará incorporar alrededor de 1.120 pilotos al año durante las próximas dos décadas para cubrir las necesidades del mercado. A nivel global, fabricantes como Boeing estiman que harán falta más de 620.000 nuevos profesionales hasta 2040.
"Estamos ante un escenario de alta demanda donde el sector necesita talento, por lo que este es, sin duda, el mejor momento para formarse", subraya el director general de la escuela de pilotos ubicada en el aeródromo de Cuatro Vientos.
De hecho, la empleabilidad es uno de los grandes atractivos. El 64 % de los madrileños encuestados asocia la profesión de piloto con una alta inserción laboral. En otro estudio realizado por la compañía entre jóvenes españoles de 16 a 20 años, ese porcentaje sube hasta el 82 %.
Pero el desconocimiento sigue pesando. Muchos jóvenes continúan vinculando la profesión casi exclusivamente a las aerolíneas comerciales. El 59 % de los madrileños no conoce otras salidas profesionales más allá de ese ámbito, y más de la mitad ignora que un piloto puede trabajar en servicios de emergencia, como extinción de incendios, rescates o transporte sanitario.
"Los datos muestran que muchos jóvenes siguen asociando la profesión de piloto exclusivamente a aerolíneas comerciales, cuando el abanico de salidas profesionales es mucho más amplio: rescates, extinción de incendios, emergencias sanitarias, transporte especializado, aviación ejecutiva, instrucción, entre otros", explica Miñano.
Una carrera con varias pistas de despegue
La trayectoria de un piloto no tiene por qué ser lineal. Puede empezar en una escuela como instructor de vuelo, ganar experiencia, pasar después a servicios de emergencia o salvamento, incorporarse a la aviación corporativa o dar el salto a una compañía comercial. "La carrera de un piloto puede ser dinámica y flexible. Un profesional no tiene por qué hacer lo mismo toda la vida", señala Miñano.
La evolución tampoco se mide solo en salario. También en responsabilidad. Un piloto puede comenzar como copiloto y avanzar hasta comandante. También puede asumir funciones de gestión en operaciones de vuelo dentro de una compañía. La profesión, por tanto, combina especialización técnica, progresión interna y capacidad de adaptación.

La aviación es una gran fuente de contaminación atmosférica y calentamiento / Shutterstock
Esa idea conecta con una de las conclusiones más llamativas del estudio: la principal motivación para querer ser piloto no es el sueldo, ni siquiera la estabilidad laboral. Es la vocación. El 32 % de los madrileños que se sienten atraídos por esta carrera mencionan la llamada vocacional como primer motivo, por delante del salario, con un 23 %, y de la estabilidad laboral, con un 20 %. Viajar, aunque forma parte del imaginario clásico de la profesión, queda más atrás, con un 14 %.
La aviación, en este sentido, conserva algo que pocas profesiones mantienen intacto: la capacidad de despertar ilusión. Pero esa ilusión necesita estructura, orientación y acceso a información clara.
La empleabilidad decide dónde estudiar
A la hora de elegir centro de formación, los jóvenes madrileños tienen una prioridad clara: que existan acuerdos con compañías que faciliten la incorporación al mercado laboral. Lo señala el 69 % de los encuestados, por delante de otros factores. El dato no es menor. Formarse como piloto implica una inversión importante y los jóvenes lo saben. Entre las barreras percibidas aparecen el coste, la dificultad de la formación y las opciones de financiación. El inglés, aunque esencial en el sector, queda como una preocupación secundaria frente a otras cuestiones más inmediatas.
Miñano defiende que la respuesta pasa por tender puentes entre formación y empleo. "En European Flyers lo hacemos mediante acuerdos con grandes compañías aéreas que permiten a nuestros alumnos incorporarse con rapidez al mercado", afirma.
El sector, según apunta, vive una oportunidad comparable a la que supuso la tecnología hace unos años. "Podríamos decir que sí, con la ventaja de que la aviación ofrece un desarrollo profesional muy consolidado y con una demanda que crece rápido", explica. La diferencia, añade, está en que ser piloto combina una alta inserción laboral con "un componente vocacional y de prestigio muy fuerte".
Más allá de pilotar: calma, equipo y responsabilidad
La imagen del piloto como profesional técnico, preciso y altamente formado sigue siendo válida. Pero ya no basta. Las compañías aéreas dan por supuesto que quien llega a un proceso de selección domina el avión. Lo que marca la diferencia, según Miñano, son las habilidades humanas. "Hoy en día, las compañías del sector dan por descontado que un piloto posee un manejo técnico y de vuelo impecable. Lo que realmente marca la diferencia en los procesos de selección actuales son las llamadas habilidades humanas o soft skills", explica.
Entre esas competencias figuran la cultura de la seguridad, la capacidad para gestionar situaciones complejas, la toma de decisiones bajo presión, la conciencia situacional, la comunicación y el trabajo en equipo. En una cabina, recuerda, nadie trabaja solo. "En una cabina el trabajo jamás es individual; se requiere una comunicación clara, asertiva y un respeto absoluto por el resto de profesionales", señala.

La presencia obligatoria de dos pilotos humanos en las cabinas de los aviones durante todo el vuelo podría quedar en el pasado gracias a la IA. / Crédito: Lars Nissen en Pixabay.
Por eso, insiste en que formar pilotos hoy no consiste únicamente en enseñar a despegar, volar y aterrizar. También implica formar profesionales conscientes del impacto de su trabajo. "Queremos formar profesionales que no solo sean seguros a los mandos, sino que sean plenamente conscientes de la responsabilidad y el impacto de su labor en la sociedad", añade.
El reto de atraer más mujeres
El estudio también refleja un desafío pendiente: la brecha de género. La aviación ha sido históricamente una profesión asociada al público masculino, y esa percepción todavía pesa. Entre los madrileños, el atractivo de ser piloto alcanza al 82,2 % de los hombres, frente al 56 % de las mujeres.
La cifra muestra que hay interés también entre ellas, pero evidencia que el sector necesita comunicar mejor sus oportunidades, referentes y vías de acceso. La falta de información, una vez más, puede convertirse en una barrera invisible.
Sostenibilidad en la cabina
La nueva generación no solo mira al empleo. También pregunta por el impacto. La sostenibilidad empieza a formar parte de la decisión profesional. Al 35 % de los encuestados el impacto medioambiental ya le influye a la hora de valorar la profesión, y al 50 % le resultaría más atractiva si avanza hacia modelos más sostenibles.
European Flyers sostiene que esta generación busca una profesión estable, con futuro y cada vez más respetuosa con el medioambiente. En esa línea, el centro se ha convertido en el primer centro de formación aeronáutica en España en registrar su huella de carbono ante el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, con el sello oficial "Calculo y reduzco".
La aviación encara así un doble desafío: formar a los pilotos que el mercado necesita y hacerlo en un contexto de transición hacia modelos más responsables.
Madrid, con su tradición aeronáutica y centros como Cuatro Vientos, vuelve a situarse en una posición estratégica. Hay jóvenes interesados, hay demanda laboral y hay una vía universitaria que muchos aún desconocen. Falta conectar los puntos. Porque el sueño de pilotar sigue despegando. Pero para llegar a la cabina, antes hay que saber dónde empieza la pista.
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