ENTREVISTA
Ginebras, la ternura punk que sacude Madrid: "Ojalá acabe ya el abuso de poder por parte de ciertos hombres que han manchado la profesión"
Magüi, Sandra, Raquel y Juls llegan a las Noches del Botánico con 'Donde nada es para tanto', un álbum en el que abrazan la madurez, la ternura y el fuego sin renunciar a su espíritu rock

Ginebras, fotografiadas en Vanana Records. / ALBA VIGARAY

La forma en la que Ginebras ha zarandeado la música en España es abrumadora. Con letras abruptas y melodías escarpadas, han ido confeccionando uno de los cancioneros más interesantes de la década. Son directas, altamente adictivas. Cada vez que Magüi, Sandra, Raquel y Juls suenan, el mundo se vuelve un poquito menos hostil: hay tanta esperanza almacenada en sus canciones que, en tiempos tan, tan, tan polarizados, ojo, resultan un bálsamo para el corazón. En Donde nada es para tanto, su último elepé, han vuelto a reivindicar la ternura, el dolor, la inocencia y el fuego que tanto les caracteriza. Han madurazo, se nota. Pero no se engañen: siguen siendo igual de punkis aunque sus letras ahora viajen hacia otros puertos. Este sábado, tocan en las Noches del Botánico. Y se dejarán el alma. Ya lo verán.
P. Este disco parte de un punto distinto al que nacieron los anteriores, ¿desde que lugar lo han hecho?
S. Lo compusimos durante la última gira, mientras sufríamos desengaños amorosos y pérdidas de seres queridos. Fue una etapa en la que nos dio por reflexionar.
M. ¿Has visto Cómo conocí a vuestra madre? Sandra y yo empezamos a verla con 28 años, justo la edad que tienen los protagonistas cuando arranca la serie. Y nos voló la cabeza. Es, posiblemente, el mejor resumen de este álbum: los personajes crecen, se hacen preguntas y, como pueden, intentan superar los obstáculos que les surgen. Y estas canciones plantean estos debates. La vida es divertida, pero hay que afrontar demasiadas cosas.
P. Hacerse mayor no está mal.
M. Si los alquileres estuvieran mejor y tuviera pareja, sí. Lo que más me gusta de crecer es la sabiduría que vas adquiriendo. Ahora, por suerte, puedo ver con perspectiva lo que con 20 años me parecía el fin del mundo. Me ayuda a pensar que lo que hoy me está quitando horas de sueño, en una década, por ejemplo, no es para tanto.
R. Vas ganando experiencia. A los veintipocos crees que vas a morirte por la primera novia que te deja.

'Donde nada es para tanto' es el último elepé de Ginebras. / ALBA VIGARAY
P. ¿Son muy distintas a las chicas que debutaron en 2019 con Todas mis ex tienen novio?
R. Sí. Y menos mal. Si llevásemos siete años tocando y, musicalmente, no se notase, sería muy extraño. Por suerte, ha habido una evolución.
M. Estábamos muy verdes al principio. Todo fue tan rápido que casi grabamos el disco sin sabernos los acordes. En este proyecto, en cambio, hemos tenido claro lo que queríamos hacer desde el primer minuto.
P. ¿Han sentido la presión por revalidar el éxito cosechado?
J. Nos hemos frustrado alguna vez porque no sentíamos que estuviera saliéndonos lo que se entiende por temazo. Así que nos reunimos y decidimos tirar hacia adelante con lo que teníamos.
R. Por primera vez, hemos cogido el volante. Hasta entonces, nos dejábamos llevar por la inercia. Y, aquí, definimos muy bien nuestro sonido.
P. ¿Ha habido, en este sentido, un proceso de autoaceptación?
M. Sin duda. No queríamos sacar algo que no nos latiera. Y, de hecho, creemos que el proyecto ha funcionado por esto. Suponíamos que habría gente que empatizaría con nosotras. No nos hubiéramos perdonado sacar algo que no nos representara.
J. Las canciones no mueren cuando las publicas, tienes que seguir defendiéndolas durante años. Y, a veces, durante toda la vida. Por lo que tienes que hacer algo que te llene siempre.
P. ¿Alguna vez las han dirigido hacia un lugar en el que no se sintieran cómodas del todo?
M. No, hemos sido firmes en nuestras convicciones.
J. Hubo un tiempo en el que nos empecinamos en hacer un tema que era la hostia. Y se lo pusimos a varias personas que nos corroboraron que lo iba a petar. Sin embargo, no nos identificaba para nada. No pegaba en esta nueva etapa. Así que lo descartamos. No lo sacamos, pese a que todo el mundo decía que era el hit.
P. ¿Lo sacarán?
S. Puede que algún día. Lo bueno es que, en este álbum, las cuatro hemos ido en la misma sintonía. Es verdad que cada una tiene su personalidad y, como en cualquier familia, hay debates en los que no estamos de acuerdo. Pero aquí hemos ido a piñón.
M. Si nos hubiéramos quedado en las Ginebras de Billie Max, no estaríamos así de cómodas.
P. Muchas de las nuevas canciones parten de una experiencia muy personal, como Mi diario, por ejemplo, que pueden interpretarse en clave universal.
S. Todas son liberadoras. Es como si fueses a tomar unas cañas con tus amigas y les contases todo lo que te ha pasado últimamente. Y eso hace que, al final, las acabes incluyendo en la historia.
M. A mí me flipa cuando escucho a una artista y siento que está hablando de mí. Es muy loco que me marquen tanto ciertas letras. Esa honestidad es brutal. Que alguien se sienta identificado con tu música es mágico.
P. Hay cierta inspiración de Olivia Rodrigo, ¿puede ser?
M. Qué piropazo.
S. Tenemos dos temas que no han visto la luz y que empiezan con un bajo súper potente al estilo de ella. También revolotea de alguna forma El pensamiento circular, de Iván Ferreiro. Y Leiva, por supuesto. También están muchos amigos de festivales que, poco a poco, de tanto escucharles, nos han emocionado. Cora Yako y Karavana están muy presentes.

Ginebras tocarán en las Noches del Botánico este sábado. / ALBA VIGARAY
P. ¿Qué han descubierto del mundo a través de estas canciones?
R. Hubo un tiempo en el que nos acostumbramos a que nos pasaran muchísimas cosas sin poder asimilarlas. Íbamos a mil por hora. Y, ahora, por fin, hemos descubierto que Ginebras también es calma. El hecho de cambiar no significa retroceder. Hemos aprendido a disfrutar del camino.
J. El concepto de felicidad está mal descrito. La vida son momentos. Y los malos también hay que abrazarlos.
P. En Mundo hostil, Gigantes y El bosque se adentran en atmósferas más densas, menos habituales en su música. ¿Cómo llegaron a ellas cuando su universo es bien distinto?
M. Queríamos abrir miras, enseñar a la gente otras facetas. Estas son las tres canciones más íntimas que nos han salido.
S. Siempre las hemos hecho. Lo que ocurre es que nunca encajaban en los discos. Ahora, hemos decidido incluirlas porque tienen el punto de esperanza que nos identifica. Nos apetece descubrir y experimentar. Y lo seguiremos haciendo.
P. ¿Han vivido algún desengaño profesional?
R. La industria nos ha querido bastante. Tuvimos muy buen ojo cuando elegimos a nuestro equipo.
S. Hemos vivido alguno que otro. A lo mejor no deberíamos haber hecho el Movistar Arena. O haber contratado a ciertas personas. Pero han sido mínimos. Son equivocaciones que cualquiera podría tener.
La industria arrastra un machismo estructural desde su nacimiento. ¿Qué cosas normalizadas les parecen inaceptables ya?
S. Notamos una gran desigualdad en el equipo técnico de gira. No obstante, existe una comunión entre todas las mujeres que nos dedicamos a la música para combatir la invisibilización que sufren las productoras e ingenieras, por ejemplo. Si hay que recomendar artistas, periodistas o fotógrafas, ahí estamos todas dándonos la mano y haciéndonos la publicidad que las bandas veteranas no suelen hacernos.
M. Otra cosa que nos parece inaceptable es la comparación de bandas femeninas, sean del género que sea, por el simple hecho de estar compuestas por mujeres. Que pare eso ya. Por no hablar de los micromachismos que siguen presentes en los escenarios. Al principio, nos callábamos porque era algo que no esperas que pase y no sabes ni qué responder, pero hemos aprendido y decimos basta. Y, por último, comentar la presión estética que, por desgracia, las mujeres en general llevamos muy arraigada por el patriarcado.
P. ¿Se puede liberar una lucha feminista a través de la música?
J. Absolutamente. El mero hecho de que niños y niñas crezcan viendo a cuatro mujeres tocando encima del mismo escenario en el que actúan cuatro hombres ya es un acto feminista en sí. Que ellas crezcan sabiendo que pueden y que ellos crezcan sin sorprenderse por ver una mujer tocar la batería es muy poderoso.
¿Qué les gustaría que cambiara de aquí al próximo 8M?
M. Que aumente la visibilización e inclusión de las mujeres en el sector técnico y directivo. Que cada vez haya más jefas de equipo. Que desaparezcan los micromachismos sobre el escenario y debajo de ellos. Que los promotores aprendan que, si no les dan la oportunidad a bandas femeninas emergentes, jamás tendrán headliners femeninos. Y que acabe ya el abuso de poder por parte de ciertos hombres músicos que han manchado la profesión.
P. ¿La música les ha hecho libres?
M. Nos ha dado un sentido y un lugar. Es nuestra razón de ser.
R. Y una voz. Todos tenemos emociones que molaría compartir con los demás. Nosotras tenemos el lujo de poder hacerlo. Es una libertad súper chula. Sin ella, Ginebras no existiría.