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IGUALDAD

Lo que opinan las mujeres de su situación en la iglesia tras la visita del Papa: "Mandaría a algunos sacerdotes a África para que cambiaran el chip"

Mónica Arca, ex religiosa, y María Jesús Berzosa, jesuitina en Roma y mano derecha de Bergoglio, reflexionan sobre algunos avances acontecidos hasta la fecha dentro de la institución

Varias monjas esperan la llegada del Papa León XIV a la vigilia de oración con los jóvenes, en la Plaza de Lima.

Varias monjas esperan la llegada del Papa León XIV a la vigilia de oración con los jóvenes, en la Plaza de Lima. / A. Pérez Meca / Europa Press

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

León XIV ha dejado Madrid. Tras su paso por Barcelona y Canarias, el pontífice pondrá fin este viernes a su primer viaje eclesiástico por España, que no ha dejado indiferente a nadie. De creyentes que han reafirmado su fe frente a Prevost a un público ateo que no termina de entender el despliegue de infraestructuras realizado durante estos días. Ha pasado más de un año desde el comienzo de su pontificado y, entre las decisiones más comentadas, se encuentra el nombramiento de María Montserrat Alvarado como prefecta del Dicasterio para la Comunicación, que asumirá el mando a partir del 1 de noviembre. Esta designación la convierte en la primera mujer no religiosa en ocupar un cargo equivalente al de ministra dentro de la estructura administrativa de la Iglesia católica. Además, ratificó a Raffaella Petrini, también miembro de la Comisión de Asuntos Reservados, como secretaria general de Gobernación del Estado vaticano, similar a una alcaldía. Dos hitos que suponen un gran avance en la situación de las mujeres dentro de la Iglesia, pero ¿qué piensan ellas? ¿es suficiente?

“Es algo positivo, aunque se podrían hacer muchos más. Siguen la ideología de Francisco y eso es algo bueno para nosotras. Son novedosos cuando no tendrían que serlo. Las mujeres podríamos ocupar muchos más espacios, no necesariamente el obispado ni el arzobispado. Tienen que ponerse al día en materia de igualdad”, reconoce Mónica Arca, ex religiosa y misionera. Nacida en Madrid, encontró su fe al mismo tiempo que descubrió su homosexualidad, aunque eso nunca supuso un problema, asegura. Licenciada en Teología Moral por la Universidad Católica Argentina, realizó un primer acercamiento a una comunidad dedicada a la evangelización: “Hice unos ejercicios espirituales y viajé como misionera a un país extranjero. Ahí descubrí mi vocación”. Tras más de 20 años entre España y Latinoamérica, Mónica atravesó una crisis personal tras la pandemia por Covid-19 que le hizo desvincularse de la institución: “Llegó un momento en el que dejé de sentirme identificada con los valores de mi comunidad. Vi cosas muy desagradables y le pregunté al Señor”. 

Fue así como, tras un periodo de discernimiento que se alargó tres años, Arca regresó a España para renunciar a los votos de pobreza, castidad y miseria y abandonar así su comunidad. “Siempre dije lo que pensaba, pero nunca me tomaron en cuenta. En la Iglesia hay abuso de poder y la concentración de autoridad es algo muy negativo. Me planteé hasta ser protestante para tener la oportunidad de ser sacerdote”, dice. Para ella, hablar de la mujer en la Iglesia es como hacerlo de un átomo en el universo. “En África no existimos y en Latinoamérica estamos apaleadas, pisadas. Se piden reivindicaciones en Europa cuando en otros puntos no se ha avanzado absolutamente nada. Hablamos de siglos de inhumanidad en términos globales”, critica. A lo largo de estas dos décadas, Mónica ha acompañado como pastora a grupos de jóvenes, matrimonios y parejas. También ha vivido en lugares “con mucha miseria”, como el conurbano bonaerense, a las afueras de Buenos Aires, donde Bergoglio estuvo “muy presente”. 

"No tiene perdón"

“Mi labor como mujer siempre ha sido satisfactoria. Nunca fui una mera asistenta o viví ajena al reconocimiento. He sentido que mi labor pastoral ha estado al mismo nivel que la de cualquier sacerdote”, suma. De hecho, recuerda cuando en Argentina, los fieles le repetían que le gustaban más sus misas que las del cura. Esto ocurría únicamente cuando el presbítero no llegaba a tiempo: “La Iglesia allí no es tan jerárquica y la eucaristía era idéntica, pero sin la consagración. En España también las hice alguna vez en pueblos de Guadalajara, durante las Pascuas misioneras. Eran situaciones excepcionales, a pesar de la superpoblación de sacerdotes que hay en España: “A algunos les mandaría a África o a la Amazonía para que volvieran con otro chip mental. Para comprender la vida hay que viajar a otras partes del mundo”. En su opinión, la situación nacional “no tiene perdón”. 

“Somos educados en una igualdad que luego no se traduce. Es una pena que haya hombres dentro y fuera de la institución con esa visión del feminismo. Se nos ve como infantes, las últimas de la escala. Deben darnos responsabilidades y aprender a mirarnos como un tú”, concluye. En una entrevista para Un café en las alturas, videopodcast de Prensa Ibérica, el Padre Ángel expresó que “no es ninguna herejía que la mujer llegue a tener el mismo papel que el Papa en la Iglesia. Una frase que Eric Frattini, experto vaticanista y Jesús Avezuela, director general de la Fundación Pablo VI, analizaron semanas después en el mismo formato. “La importancia del papel femenino en el Vaticano lo inició Francisco y León XIV ha continuado con esa línea. Los nombramientos de Alvarado y Petrini en el Vaticano se entienden como un acercamiento para acabar con la polarización social que hubo durante el pontificado de Bergoglio”, señaló Frattini. 

Avezuela, por su parte, habló de la necesidad de integrar y transmitir serenidad para que todos se sientan integrados: “Prevost ha logrado un equilibrio extraordinario. Creo que la Iglesia debe seguir dando pasos. Su reloj no es el mismo que el del resto de humanos, pero tiene que adaptarse a la sociedad en la que vivimos”. Alguien que ha vivido de cerca los tiempos del Vaticano es María Luisa Berzosa, una jesuitina nacida en Valladolid y afincada en Roma desde hace seis años. Fue la mano derecha de Francisco, quien la nombró consultora de la Secretaría del Sínodo. “Con él llegué a sentirme importante. Nos hacía sentir únicos a todos los que le rodeábamos. No tenía prisa, nos dedicaba tiempo. Él y yo tuvimos una relación muy estrecha en entornos informales. Había momentod de regalos y bromas. Logré sentirme mujer y después consagrada, parte del equipo”, dice. Desde 2018, Berzosa ha participado en los Sínodos de los Jóvenes, la Amazonía y la Sinodalidad como parte de las comisiones de espiritualidad y comunicación. 

Escasos avances

También en las asambleas de 2023 y 2024, donde fue designada como facilitadora de las mesas redondas. En la actualidad, Berzosa se ocupa de hablar del sínodo, de la situación de las mujeres dentro de la Iglesia y otros temas “que corresponden a este momento eclesial”. “Voy a congregaciones y diócesis interesadas en avanzar, además de acompañar a personas marginales o que han sido abusadas”, cuenta. En los últimos años, cree, se ha avanzado “muy lentamente” en la igualdad. “Se ha ido incorporando lo que dice la reforma de la curia, que cualquier dicasterio puede ser presidido por una mujer, incluso laica. Lo que va más lento es el diaconado y el sacerdocio femenino. Se dijo que estaban pausados, pero hemos insistido y dialogado con las comisiones de estudio para que no se cierre el tema. No sabemos si llegará a algún puerto o no, pero hay empeño por nuestra parte para avanzar”, relata. Si bien Mónica señalaba que en España hay exceso de sacerdotes, María Luisa asegura que escasean en algunos lugares de la Amazonía. 

“Hay comunidades en las que se produce una única eucaristía al año. Ya es una cuestión de dignidad bautismal. Si nosotras pudiéramos ser ordenadas, el problema disminuiría. Pero no. Tiene que haber un varón, célibe y ordenado para que la misa tenga lugar. No hay sacramento del orden. ¿Dejamos que la gente viva y muera sin ayuda porque no hay curas? Hay contradicciones que deberían ser subsanadas con el paso de los años, pues no hay argumentos teológicos de peso que las demuestren. La tradición y el poder clerical parecen pesar más. Nos toca empujar como mujeres, dar un paso al frente. Espacio que dejamos, espacio que no volvemos a recuperar. Ojalá que hagamos una iglesia de hermanos y hermanas sin tantas categorías”, suma. Berzosa recuerda cómo desde que León era cardenal, contaba con numerosas mujeres en su equipo, algunas amigas de la vallisoletana: “Estaban encantadas de tener un jefe como él. Confío en que siga dando pasos, que abra el aula sinodal a todo tipo de personas”.

Por lo que algunas compañeras le cuentan, cree que en su país natal hay un movimiento “a favor de la inclusión y de la toma de postura”. Sabe que hay equipos y comisiones femeninas en algunas diócesis más avanzadas y su deseo no es otro que una Iglesia justa y abierta. Mónica y María Jesús defienden que a día de hoy es inútil pensar en una mujer como Papa. “Está lejos, como lo están el sacerdocio y el diácono, pero ojalá”, dice una. La otra, ni siquiera cree que sea factible dentro de unos años. “Sólo hace falta ver la situación. Pero la vida da muchas vueltas”, zanja.