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VISITA DE LEÓN XIV

La visita papal deja una factura desigual en la hostelería madrileña: más público en la calle y bares de paso, menos en restaurantes

Los cortes de tráfico y las restricciones de movilidad por los actos multitudinarios en Plaza de Lima y Cibeles dejaron una lectura desigual para la hostelería: buena imagen de ciudad, pero dificultades para los locales situados en el recorrido

El papamóvil, en Cibeles.

El papamóvil, en Cibeles.

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Andrea San Martín

Andrea San Martín

Madrid

Madrid ha vuelto a levantar persianas con normalidad después de varios días en los que la visita del papa León XIV alteró el ritmo habitual de la ciudad y, especialmente, el de los bares y restaurantes situados en la llamada zona cero de los cortes de tráfico. La capital vivió un acontecimiento de dimensión internacional, con dos grandes actos multitudinarios en Plaza de Lima y Plaza de Cibeles y alrededor de 1,8 millones de personas congregadas en total, según los datos manejados por la organización. Pero para la hostelería más pegada al recorrido, la postal tuvo también una letra pequeña: accesos limitados, terrazas inutilizadas, reservas canceladas, proveedores condicionados y clientes habituales que optaron por no acercarse.

El balance, como casi siempre en Madrid cuando la ciudad se convierte en escenario global, tiene dos caras. Hostelería Madrid subraya que el sector ha estado "al pie del cañón" y que la visita ha reforzado la imagen de la capital como destino seguro, organizado y capaz de recibir grandes eventos. Sin embargo, también reconoce un "comportamiento dispar" en la actividad: mientras la hostelería de paso funcionó bien gracias a la afluencia de visitantes, los restaurantes de reserva en mesa sufrieron en zonas concretas vinculadas a los grandes actos al aire libre.

Madrid afronta importantes restricciones de tráfico entre el 3 y el 9 de junio por los preparativos y la visita del Papa León XIV, con especial impacto en Cibeles, plaza de Lima, Castellana, paseo del Prado y Recoletos.

Madrid afronta importantes restricciones de tráfico entre el 3 y el 9 de junio por los preparativos y la visita del Papa León XIV, con especial impacto en Cibeles, plaza de Lima, Castellana, paseo del Prado y Recoletos. / Europa Press

Mucha gente en la calle, menos clientes en mesa

La ecuación no fue tan sencilla como parecía: más personas en Madrid no significó necesariamente más consumo en todos los locales. En los establecimientos situados en las áreas con mayores restricciones, la movilidad fue determinante. El público llegó, la ciudad se llenó y la imagen internacional fue potente, pero muchos clientes habituales no pudieron o no quisieron desplazarse hasta los restaurantes afectados.

Por ejempleo, en Café Gijón, uno de los locales históricos más reconocibles del eje de Recoletos, la dirección lo resume con claridad. "Durante estos días hemos notado que el ritmo de trabajo ha ido a golpecitos", explica Eric Ceballos, actualmente en la dirección del establecimiento, a El Periódico de España. La expectativa inicial era otra: que la presencia de miles de personas en la zona pudiera traducirse en una ocupación elevada. No obstante, la realidad fue distinta. "Teníamos la expectativa de tener todo lleno, pero el tipo de público que vino para el papa no es el que vendría a Café Gijón", sostiene. La terraza deshabilitada y el acceso limitado pesaron más que la afluencia. "Los clientes habituales no podían acceder al local. Más bajada que subida", añade Ceballos, que cifra la reducción de trabajo en torno a "un 65% de lo normal".

Imagen de archivo de la terraza de Gran Café Gijón.

Imagen de archivo de la terraza de Gran Café Gijón. / Cedida

El golpe del teletrabajo y el 'delivery' parado

A los cortes de tráfico se sumó otro factor menos visible, pero muy relevante para la hostelería del centro: el teletrabajo, una de las alternativas del consistorio madrileño con el fin de favorecer la movilidad en la capital. Hostelería Madrid señala que el incremento del trabajo a distancia en las jornadas de viernes y lunes se dejó notar en la actividad general del sector dentro de la M-30. En barrios como Recoletos, donde el consumo de oficinas marca buena parte del día a día, el efecto se notó con especial claridad.

"El 80% de nuestros clientes vienen de oficinas cercanas y si teletrabajan nos afecta directamente a nuestro volumen de ventas", explica Manuel Manzano, uno de los socios de Makan junto a Álex Mteiny. El restaurante, referente de la street food libanesa, acaba de reforzar su presencia en Madrid con un nuevo espacio en la calle Villalar, 3, a un paso del Retiro y la Puerta de Alcalá. Su caso ilustra bien las dificultades de los negocios que dependen tanto del cliente de zona como del flujo habitual de reparto. "Además, al estar las calles cortadas, el servicio de delivery también se ha visto afectado", apunta Manzano a este medio. Por lo que, los cortes no solo condicionaron la llegada del comensal a mesa. También alteraron la logística de un modelo de negocio cada vez más apoyado en pedidos, repartos y movimiento constante entre cocina y calle.

Reservas canceladas y pedidos adelantados

En Retiro, la sensación fue parecida. Rox, propietaria de Taberna La Rox, en la calle Lope de Rueda, asegura que no notaron un incremento especial respecto a un fin de semana habitual. Al contrario: "Tuvimos varias cancelaciones debido a no poder llegar por las restricciones de movilidad". La presencia de miles de personas en el entorno no compensó, en su caso, la pérdida de reservas ni las complicaciones operativas. La hostelera lo resume con una frase que ayuda a entender el perfil de la jornada: "Mucha gente que se moviliza en este tipo de actos viene por devoción y no por ocio". Para parte de la hostelería, ese matiz fue clave. No todo gran evento se traduce en consumo sentado, sobremesa o reserva gastronómica. En algunos casos, la gente pasa, se concentra, espera, se mueve y se marcha.

Además, la preparación tuvo costes añadidos. "Debido a tanta restricción de movilidad tuvimos que adelantar pedidos con una semana de antelación, sumando a esto el doble de gasto para la empresa", explica Rox. Pese a ello, reconoce el valor simbólico del acontecimiento: "Nos pone en vista del mundo e indirectamente hace que toda la ciudad se esfuerce al máximo".

Santiago Pedraza, de Taberna Pedraza, comparte una lectura similar. En su caso, no hubo incremento de reservas ni de ventas, sino lo contrario. "Las dificultades de acceso y la incertidumbre hicieron que muchos clientes habituales decidieran no acercarse al restaurante", señala. Pedraza admite que este tipo de acontecimientos son importantes para la ciudad, pero advierte de que, para muchos negocios de hostelería, la operativa pesa mucho. "Las restricciones, los cortes de tráfico y los problemas de movilidad generan más dificultades que oportunidades", sostiene.

El restaurante intentó anticiparse con compras, personal y horarios, pero las limitaciones afectaron tanto a clientes como a proveedores. "Trabajar con normalidad fue complicado". Tras lo vivido, se queda con una sensación doble: "La satisfacción de haber vivido un acontecimiento histórico para muchas personas, pero también la sensación de haber sufrido bastante desde el punto de vista empresarial".

Taberna Pedraza, el reino de la tortilla de Betanzos.

Taberna Pedraza, el reino de la tortilla de Betanzos. / Taberna Pedraza

La experiencia de Asador Gonzaba Madrid, situado en la calle Hermosilla, 103, en pleno barrio de Salamanca y muy próximo a uno de los puntos clave del recorrido, resume bien el efecto de la jornada: una mezcla de oportunidad y dificultad operativa, según explica su chef, Luis Bordá. El restaurante completó el servicio durante los tres días principales, reforzando el personal de sala, terraza y cocina, aunque la incertidumbre por los cortes de tráfico provocó cancelaciones de reservas cerradas desde hacía meses, especialmente en celebraciones y mesas grandes. Aun así, el establecimiento recibió también a clientes de paso atraídos por el ambiente generado en la ciudad. "Las sensaciones son buenas. Siempre que hay un acontecimiento de esta magnitud, tanto para el restaurante como para Madrid, es positivo", señala Bordá, que reclama, no obstante, una mayor organización para que la hostelería pueda trabajar con más previsión durante eventos de gran afluencia.

Desde Hostelería Madrid, la lectura es más amplia y mira más allá de la caja inmediata. La asociación considera que el principal retorno debe medirse en términos de imagen de ciudad: Madrid como capital acogedora, segura, organizada y preparada para grandes eventos. También destaca la colaboración público-privada y el esfuerzo de los establecimientos para adaptar horarios, turnos, suministros y operativas a un dispositivo de máxima seguridad.

Pero la propia organización reconoce que los beneficios no fueron homogéneos. La hostelería de paso tuvo un buen comportamiento por la presencia de visitantes, mientras que los restaurantes de reserva en mesa, especialmente en zonas vinculadas a Plaza de Lima y Cibeles, registraron caídas por la dificultad de acceso y la previsión de aglomeraciones.

Ahora, con las restricciones levantadas y la ciudad recuperando su pulso habitual, los bares y restaurantes de la zona cero vuelven a su ritmo de siempre.