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PERSONAJES MADRILEÑOS

Así era San José María Rubio Peralta, el "Apóstol de Madrid": capaz de cautivar a la gente con sus sermones, beatificado y canonizado por el papa Juan Pablo II

El religioso fue canonizado después de que se le reconociera su primer milagro, la curación de un sacerdote con cáncer de pulmón

San José María Rubio Peralta ejerció como coadjutor de la parroquia de Chinchón durante nueve meses

San José María Rubio Peralta ejerció como coadjutor de la parroquia de Chinchón durante nueve meses / Montaje de 'El Periódico de España'

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Irene Pérez Toribio

Irene Pérez Toribio

Madrid

José María Rubio Peralta natural de Dalías, en Almería, fue ordenado sacerdote en Madrid en el año 1887, donde se trasladó siguiendo a su maestro y protector el padre Joaquín Torres. Durante sus años en la capital, el santo ejercería el ministerio parroquial en los pueblos de Chinchón y Estremera, donde comenzaría su trabajo con los más pobres y necesitados.

Caracterizado por una vida intensa de oración, este religioso podría haber pasado desapercibido entre quienes ejercían esta profesión, sin embargo, pronto, su ayuda a los más desfavorecidos y enfermos daría inicio a su fama de santo. Aquellos que lo conocieron describían al eclesiástico como "una persona generosa que daba cuanto tenía a los demás". Sería precisamente esta generosidad la que marcaría su nombre en los libros de historia, donde hoy es conocido como "el Apóstol de Madrid".

“Hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios hace”

Aunque el padre Rubio Peralta ejercería como profesor del Seminario de Madrid y Notario de la curia diocesana, su verdadero sueño no se vería cumplido hasta sus 42 años de edad, cuando ingresó en la Compañía de Jesús tras cinco años de formación dedicados a la predicación, la dirección espiritual y el ministerio de la reconciliación.

El padre Rubio, apóstol de los pobres. A la izquierda, abajo, el barrio de La Ventilla en 1920

El padre Rubio, apóstol de los pobres. A la izquierda, abajo, el barrio de La Ventilla en 1920 / Revista Alfa y Omega Nº 347 (2003)

Con una oratoria "sencilla y natural, limpia y digna", el jesuita trabajó incansablemente en sus tareas apostólicas. Tanto es así, que terminó por ser conocido como "Apóstol de Madrid", apodo que usó para calificarle el obispo Leopoldo Eijo Garay. Movido por el lema "hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios hace", fueron muchos los que asombrados recordaban como San José María, pese a ser una persona sencilla, retraída e incluso tímida, era capaz de cautivar con sus palabras a quienes le escuchaban.

El milagro, la curación del padre José Luis Gómez Muntán

Recordado como un verdadero padre para los pobres, San José María Rubio Peralta fue beatificado por Juan Pablo II el 16 de octubre de 1985 y canonizado por el mismo papa el 4 de mayo de 2003. Todo ello después de que se le reconociera oficialmente su primer milagro: la curación del padre José Luis Gómez Muntán.

Sepulcro del padre Rubio, en la iglesia de los Jesuitas de la madrileña calle Serrano

Sepulcro del padre Rubio, en la iglesia de los Jesuitas de la madrileña calle Serrano / Revista Alfa y Omega Nº 347 (2003)

José Luis fue diagnosticado con cáncer de pulmón el 11 de diciembre de 1987. Al tratar de operarlo, resultó imposible extirpar el tumor y los médicos le aseguraron que apenas le quedaban unos meses de vida. Viendo el rápido deterioro del eclesiástico, su superior, el Padre Santiago García-Lomás pidió su curación por intercesión del padre Rubio, a quién tenía gran devoción.

El enfermo no solo logró superar la enfermedad que se creía incurable, sino que, tras biopsias posteriores, se pudo comprobar que el tumor había desaparecido por completo. Tras su curación, el padre José Luis continuó su vida con normalidad y fallecería el 8 de marzo de 2006 a los 77 años de edad.