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CONSULTA COMPARTIDA

Esther e Isabel, las gemelas oftalmólogas que operan ojos siempre juntas: "Parecemos siamesas, nos dicen que rozamos lo enfermizo”

Las hermanas Parro Tobajas, que pasan consulta en Madrid, lograron la misma nota en el MIR y estudiaron los mismos másteres con el objetivo de que sus caminos no se separasen

Esther e Isabel, las gemelas oftalmólogas que operan siempre juntas en Madrid.

Esther e Isabel, las gemelas oftalmólogas que operan siempre juntas en Madrid. / CEDIDA

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

Siempre juntas. 15 días es el máximo tiempo que han pasado separadas. “Y fue por la luna de miel de mi hermana. Me sentí coja, me faltaba algo”, dice Isabel, una de las gemelas Parro Tobajas. Junto a Esther, operan cientos de ojos en su propia clínica en Madrid. Nacidas en Coria, Cáceres, llegaron a la capital hace ya 18 años sin imaginar que su destino era permanecer una al lado de la otra. “Los gemelos están muy unidos de por sí, pero nosotras somos como siamesas sin estar pegadas. Nuestros padres nos dicen que roza lo enfermizo”, añaden al unísono. Cursaron Medicina en Salamanca y después se mudaron a Madrid para estudiar el MIR, donde obtuvieron exactamente el mismo número de preguntas netas: “Ocurrió lo impensable. Quedamos una delante de la otra entre más de 15.000 personas. Pudimos escoger la misma especialidad: oftalmología. No fue a propósito, pero siempre hemos sacado las mismas notas. Estudiamos a la vez desde que éramos pequeñas”. 

Las hermanas Parro Tobajas lograron la misma nota en el MIR y estudiaron los mismos másteres.

Las hermanas Parro Tobajas lograron la misma nota en el MIR y estudiaron los mismos másteres. / CEDIDA

Tantas han sido las coincidencias, que durante su etapa escolar fueron varios los profesores que pensaron que copiaban en las pruebas. “En matemáticas nos equivocábamos en la misma cuenta, en el mismo número. La coordinación de las dos siempre ha sido increíble. La clave estaba en pensar qué pondría mi hermana. No es telepatía”, apunta Esther. Pese a las advertencias y vaticinios de su círculo cercano, las gemelas lograron especializarse en el mismo hospital, el Gregorio Marañón de Madrid: “Todos nos decían que era muy difícil. Era extremadamente poco probable. Con que en el MIR nos hubiera diferenciado una pregunta, ya nos habrían separado 500 puestos”. Juntas también realizaron dos másteres: Estrabismo, Neuroftalmología y Oftalmología Pediátrica en Barcelona y Medicina Estética en Madrid: “Sólo había una plaza, pero cuando nos vieron a las dos nos dijeron que estábamos seleccionadas. Después abrimos una sociedad para trabajar también como cirujanas estéticas. Trabajamos en un hospital privado, compartimos consulta y operamos juntas”. 

Vocación familiar

Su recorrido profesional comenzó por separado, una en cada hospital. Sin embargo, tras años de lucha, hasta que no terminaron juntas, compartiendo despacho, no se han “quedado agusto”. “Mi hermana es una parte de mí. Sin ella me falta algo. Mis hijos son lo más importante en mi vida junto a ella. Están todos al mismo nivel”, señala Esther bajo la atenta mirada de su hermana, que asegura que se han vuelto algo dependientes con el paso de los años: “Del resto del mundo somos muy independientes, eso sí. Somos dos y no necesitamos a nadie más”. Lejos de ser las únicas sanitarias de la familia, comparten vocación con gran parte de su árbol genealógico. Hay farmacéuticos, enfermeros y, como ellas, médicos. “Desde pequeñas queríamos ser como mi tío, que nos contaba sus anécdotas en consulta. Mientras el resto de primos pasaban el rato jugando, nosotras no nos separábamos de él. Le escuchábamos durante horas. Lo teníamos claro”, sostienen.

Durante su etapa escolar fueron varios los profesores que pensaron que copiaban en las pruebas.

Durante su etapa escolar fueron varios los profesores que pensaron que copiaban en las pruebas. / CEDIDA

Pese a ser idénticas, hay algunas cosas que las diferencian. A diferencia de su hermana, Esther se ha casado y formado una familia. También es zurda, tiene un carácter marcado y algo impulsiva, según cuenta. Isabel, por su parte, es diestra y “mucho más calmada” que su gemela. “En las cirugías operamos cada una un ojo. Siempre la nariz te molesta un poco, por lo que así es más sencillo”, dicen. Primero una y luego la otra. Nadie más en la sala, ni siquiera un instrumentista o auxiliar: “No necesitamos comunicarnos. Ella opera y yo la instrumento. Sé exactamente lo que necesita y que si pone la mano de una forma, yo tengo que colocarme de otra para que a ella no le moleste. Esta compenetración sería imposible con alguien más”. Su parecido, tanto físico como gestual, les ha permitido salir de un apuro de vez en cuando. “Nos hemos hecho pasar la una por la otra muchas veces. Incluso ahora, si a una no le apetece coger el teléfono, lo hace la otra. Queremos estar cada vez más juntas”, suman.

Media naranja

Esta unión ha hecho que para muchos, las hermanas Parro Tobajas representen una única persona y sean referidas como tal. “Siempre nos tratan así, en pack. Tenemos que decir que somos dos porque nos hablan en singular. Si alguien tiene un problema o discusión con mi hermana, se enfada con las dos sin motivo. Y viceversa. Vamos juntas para lo bueno y para lo malo”, bromean. No es la única desventaja que encuentran en el hecho de ser gemelas. Desde pequeñas han experimentado una comparación, física e intelectual: “Que si una es más alta que la otra, que si esta tiene la cara más ancha… Nos ha terminado generando complejos que arrastramos a día de hoy. Por eso trabajamos en estar iguales al cien por cien. Cuando nos conocen, nos observan para sacarnos diferencias”. Son, como ellas mismas dicen, su propia media naranja: “Nuestros novios siempre han dicho que priorizamos a nuestra gemela en vez de a la pareja. El marido de Esther sabe que soy yo. Él lo entiende, pero otros no lo han hecho y se han ido. Nosotras vamos antes que nadie”.

Su afán por ser inidentificables les lleva a comprar la misma ropa.

Su afán por ser inidentificables les lleva a comprar la misma ropa. / CEDIDA

Su afán por ser inidentificables les lleva a comprar la misma ropa, aunque a una le guste más que a la otra. “Compramos dos de cada prenda, la que más nos guste a las dos. Hemos aparecido mil veces igual vestidas en consulta sin habernos puesto de acuerdo. Otros días lo hacemos a propósito, aunque siempre con un detalle que nos diferencie, para que no se nos queden mirando. Aún así, es imposible. Todo el mundo se da la vuelta. Nos da hasta vergüenza”, confiesan. Este tipo de relación, dicen, es impensable en parejas de hermanos que no sean gemelos. Sus primos también lo son y, aunque la vida académica hizo que se separasen, el destino los ha vuelto a juntar. “Tenemos otros dos hermanos, los dos chicos. Se llevan muy bien, pero su conexión no es comparable a la nuestra. Nos dicen que no debemos ser tan dependientes porque el día que pase algo lo vamos a pasar muy mal”, zanja Isabel antes de volver a consulta.