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PAPA LEÓN XIV

Cuenta atrás para la llegada de León XIV a Madrid: ¿por qué el papa cambia de nombre al ser elegido?

El periodista e investigador vaticanista Eric Frattini explica en su nuevo libro 'Vaticano 360' (Poe Books) que el cambio de nombre simboliza tanto un nuevo comienzo como una transformación espiritual

Son muchas las personas que desconocen algunos de los gestos, símbolos y tradiciones que rodean al Vaticano

Son muchas las personas que desconocen algunos de los gestos, símbolos y tradiciones que rodean al Vaticano / Stefano Spaziani/EUROPA PRESS

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Victoria Saulyak

Victoria Saulyak

Madrid

El Papa está a punto de llegar a España. Madrid se engalana para la venida de León XIV, que visitará la capital entre el 6 y el 9 de junio, antes de continuar en Barcelona y Canarias, en la que será la primera visita del máximo responsable de la Iglesia Católica desde el viaje de Benedicto XVI en 2011.

Entre las actividades previstas figuran una vigilia con jóvenes, una misa en Cibeles y un gran encuentro en el Santiago Bernabéu. Madrid ya lo tiene casi todo preparado, pero lo cierto es que, antes de la llegada del Pontífice, son muchas las personas que desconocen algunos de los gestos, símbolos y tradiciones que rodean al Vaticano.

Continúan los preparativos para la visita del Papa, en la plaza de Cibeles

Continúan los preparativos para la visita del Papa, en la plaza de Cibeles / Carlos Luján - Europa Press

Uno de ellos ocurre en el mismo momento en el que un cardenal es elegido Papa. Desde ese instante, deja atrás su nombre de pila y adopta uno nuevo: el nombre con el que será conocido durante todo su pontificado. No se trata de una simple formalidad, sino de una elección cargada de significado. Cada nombre mira al pasado, lanza un mensaje sobre el futuro y, muchas veces, revela qué modelo de Papa quiere ser quien acaba de ser elegido.

Libros como Vaticano 360 ayudan precisamente a entender el sentido de estos rituales y a mirar más allá de la imagen pública del Pontífice. Detrás de un nombre como León XIV no solo hay una tradición centenaria, sino también una declaración de intenciones.

León XIV

Madrid se engalana para la venida de León XIV, que visitará la capital entre el 6 y el 9 de junio / À PUNT

¿Qué implica ser elegido Papa?

Además de alcanzar la condición de jefe supremo de la Iglesia, guía espiritual de más de 1.400 millones de fieles en todo el mundo y jefe de estado de la Ciudad del Vaticano –que incluye la condición de Supremo Juez y Administrador–, implica una transformación total y definitiva de la identidad y la vida personal, empezando por la adopción de un nuevo nombre y la pérdida del vínculo que tiene con su país de origen.

¿Por qué el futuro Papa cambia de nombre al ser elegido?

El cambio de nombre simboliza tanto un nuevo comienzo como una transformación espiritual. Desde el momento en que asume su rol como sucesor de san Pedro también asume una nueva misión al servicio de la Iglesia, por ello tienen la opción de elegir un nuevo nombre que tenga un significado simbólico. Se trata de una elección absolutamente personal sobre la que no existen ni reglas escritas ni leyes canónicas. Ni siquiera están obligados a hacerlo.

¿Siempre ha sido así?

No. Aunque guarda relación con el cambio de nombre de San Pedro, que se llamaba Simón, pero al que Jesús nombró Pedro, se cree que la tradición comenzó con el papa Juan II, en el año 533, quien cambió su nombre, Mercurius, para evitar la asociación con un dios pagano. Una vez inaugurada la tradición, se convirtió en norma. Solo algunos papas decidieron no cambiar de nombre, como Adriano VI (Adrian Florensz, 1522-1523) o Marcelo II (Marcello Cervini, 1555) ambos en el siglo XVI. Este fue el último papa en utilizar su propio nombre.

¿Por qué ningún Papa ha tomado el nombre de Pedro?

No está expresamente prohibido, pero ninguno toma el nombre por respeto a San Pedro Apóstol, el primer papa (30-33/64-67). Aunque su verdadero nombre era Simón (en concreto, Simón bar Jona), Jesús cambió su nombre a Pedro (Petros), que significa “piedra” o “roca” en griego, simbolizando su condición de elegido para liderar la Iglesia tras su pasión, muerte y resurrección.