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ALTA VELOCIDAD

"Pocos asientos" y "escasa funcionalidad" en el nuevo vestíbulo de Chamartín tras cuatro años en obras: "Es una estación, no un museo"

Madrileños y viajeros reflexionan sobre las nuevas instalaciones, que inauguraron Pedro Sánchez y Óscar Puente el pasado lunes y alcanzan los 18.000 metros cuadrados

El nuevo vestíbulo de la estación de Madrid Chamartín-Clara Campoamor.

El nuevo vestíbulo de la estación de Madrid Chamartín-Clara Campoamor. / Borja Sanchez

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

La transformación de Madrid Chamartín-Clara Campoamor, iniciada en 2022, ha supuesto una profunda modernización de la principal estación ferroviaria del norte de la capital con el fin de adaptarla al crecimiento de la alta velocidad y de Cercanías. Las obras, ejecutadas por fases para mantener la actividad ferroviaria en todo momento, han ampliado la capacidad de la terminal, renovado espacios públicos y reforzado sus conexiones intermodales, consolidando a Chamartín como uno de los principales nodos de transporte del país.

El proceso culminó este lunes con la apertura del nuevo vestíbulo principal, concebido como el corazón de la estación ya renovada. La inauguración, presidida por Pedro Sánchez y Óscar Puente, estuvo acompañada de cierta tirantez institucional después de que la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid expresaran su sorpresa al no haber sido invitados al acto. El desacuerdo no se centró en la obra, ampliamente respaldada, sino en el protocolo y el protagonismo político de la inauguración: “No quería que hubiera quien le pudiera silbar”, señaló el regidor. 

260602EUROPA PRESSLas obras, ejecutadas por fases para mantener la actividad ferroviaria en todo momento, han ampliado la capacidad de la terminal. D (238322259)

260602EUROPA PRESSLas obras, ejecutadas por fases para mantener la actividad ferroviaria en todo momento, han ampliado la capacidad de la terminal. D (238322259) / Daniel Ramo

Días después, miles de viajeros ya transitan el vestíbulo, caminando de un lado a otro, algunos más cargados que otros. Hay quienes han conseguido un asiento y pueden descansar unos minutos. Los menos afortunados permanecen de pie o en el suelo. Martina es una de ellas. “Estoy terrible y absolutamente decepcionada. Vi la inauguración en televisión y parece que cada uno lo hace todo en su propio beneficio. El resto como si no existiéramos. Somos simplemente criaturas que obedecemos”, señala.

Cargadores sin asiento

Alicantina de nacimiento, viaja mensualmente a Madrid por motivos de trabajo. “La cantidad de viajes que he tenido que hacer estos años y las incomodidades que esto ha supuesto para todo el mundo. Pensábamos que sería la repera. Y no. No hay asientos ni espacio. No hay nada. Si esto es lo que se ve y no hay más, me atrevería a decir que estaba mejor antes. No sé para qué tanto dinero, esfuerzo y molestias para todo el mundo. Lo mínimo es tener asientos para todo el mundo. Si esto está lleno de gente ahora, en junio, entre semana, en agosto será imposible”, lamenta. 

Martina se ha colocado estratégicamente en una de las estaciones de carga para teléfonos móviles y dispositivos electrónicos que se encuentran a lo largo del pasillo. Para su sorpresa, no hay ningún banco ni silla cerca. “Estamos todos cargando los móviles de pie o tirados en el suelo. Nos vamos a tener que pegar por el espacio. Antes ya veías gente tumba, pero pensábamos que esto cambiaría. Ahora creo que nos va a tocar seguir así, especialmente si quieres tener batería”, suma.

El presidente del Gobierno y el ministro de Transportes visitan el nuevo vestíbulo de Chamartín, en Madrid, un día antes de su apertura este martes.

El presidente del Gobierno y el ministro de Transportes visitan el nuevo vestíbulo de Chamartín, en Madrid, un día antes de su apertura este martes. / Daniel Ramo

A su lado, también sentadas en el suelo, Miriam y Andrea, que llegaron hace unos días a Madrid para asistir al concierto de Bad Bunny en el Riyadh Air Metropolitano. “Nada más llegar nos hemos dado cuenta de que hay pocos asientos”, cuentan. Hoy, fecha en la que estaba previsto el regreso a casa, su tren ha sufrido una demora. “Nos va a tocar quedarnos aquí tumbadas un rato más. No hay asientos libres. De hecho, hay muy pocos para la cantidad de viajeros que somos”, dice Miriam.

Aglomeraciones

“Esto lleva cuatro años en obras y parece que lo único que han hecho ha sido poner paneles de madera a modo de decoración. El resto lo vemos igual. No hay apenas diferencias”, apunta Andrea. La pareja asegura haber sido incapaz de encontrar un aseo gratuito: “Hay que pagar para entrar al baño. No creo que eso tenga sentido aquí, es un poco elitista. Por lo menos hace fresco, eso sí”. 

Joaquín ha tenido suerte y se ha podido sentar. Está esperando al Cercanías para volver a casa después de unas reuniones de trabajo y, por lo pronto, cree que el vestíbulo de la estación es “funcional”. “Un poco pequeño, eso sí, para la cantidad de gente que pasa por aquí cada día. Son 25 andenes si no me equivoco. Aunque creo que han hecho un buen trabajo, esperaba que sirviera para evacuar a la gente de forma más efectiva y no estuviésemos tan apelotonados. Aún hay aglomeraciones. Menos que antes, pero aún hay”, sostiene.

El proceso de remodelación culminó este lunes con la apertura del nuevo vestíbulo principal.

El proceso de remodelación culminó este lunes con la apertura del nuevo vestíbulo principal. / Borja Sanchez-Trillo

El madrileño pasa por aquí todos los días y considera que el pasillo no es “tan diferente” al que había antes de las obras: “No se siente así. La decoración y reestructuración las veo, pero en el resto tampoco encuentro demasiadas diferencias”. Entre tanto, a su lado se libera un sitio, rápidamente ocupado de nuevo. Se trata de Mercedes, quien ha pasado una semana en Madrid por trabajo. “Cuando llegué me di cuenta de que donde me tocó esperar tampoco había casi asientos. Una vez pasas el control de seguridad es muy complicado sentarse. Por eso hoy me quedo fuera, para descansar hasta que salga el tren”, añade. 

Comparte preocupaciones e indignación con el resto de viajeros y transeúntes. Sin embargo, cree que muchos de los que pasan por aquí cada día “ni se fijan en el aspecto de la estación. Sólo en que no hay butacas. De hecho, en las salas de espera, siempre hay gente peleándose por los cuatro asientos que hay”. Cree que “va a quedar muy bonito”, pero que “debería ser funcional”. “Es una estación de tren, no un museo”, zanja.