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RENFE

Renfe trasladará en año y medio a sus trabajadores de Chamartín a su nueva sede de Méndez Álvaro

La compañía reubicará al personal y el centro de formación de ‘Las Caracolas’ en el edificio Faro, adquirido por 109 millones y reformado como nuevo espacio corporativo

Estación Renfe Madrid-Chamartín-Clara Campoamor

Estación Renfe Madrid-Chamartín-Clara Campoamor / ADIF

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Renfe prevé trasladar en el plazo de un año o año y medio a los trabajadores y al centro de formación que actualmente ocupan las oficinas de Chamartín, conocidas como ‘Las Caracolas’, a su nueva sede en Madrid: el edificio Faro, adquirido el pasado mes de noviembre. Así lo ha explicado el director general de Organización y Talento de la compañía, José Lucas Calzado.

El inmueble, comprado por 109 millones de euros a la gestora francesa Ardian, ha sido presentado este miércoles por GCA Architects, el estudio encargado de su reforma. El edificio cuenta con 14 plantas, una superficie de 21.000 metros cuadrados, 226 plazas de aparcamiento y distintas soluciones vinculadas a la movilidad sostenible.

La compra del Faro permitirá a Renfe dar respuesta a la necesidad de reubicar a parte de su plantilla tras el desalojo previsto de las oficinas de Chamartín, afectadas por el desarrollo urbanístico de Madrid Nuevo Norte. Además, la operación ayudará a aliviar la falta de espacio en los edificios propios que la compañía tiene en la Avenida Ciudad de Barcelona y en el Paseo de las Delicias.

La nueva sede, antigua oficina de Cetelem, se encuentra en la calle Retamar, en la zona de Méndez Álvaro. Su ubicación, próxima a la estación de Atocha y a otros edificios corporativos de Renfe, encaja con los planes de crecimiento de la empresa y con sus necesidades de concentración de personal en la capital.

Renfe calcula que la operación supondrá un ahorro de más de 100 millones de euros en concepto de amortización. Según sus estimaciones, el coste acumulado de los alquileres necesarios en Madrid para reubicar a la plantilla durante un horizonte de 50 años habría ascendido a unos 230 millones de euros.

Durante la presentación, el socio de GCA Architects, Juan Riveiro, ha definido el edificio Faro como “la expresión de una manera propia de entender la arquitectura corporativa: más humana, más abierta y concebida desde una mirada responsable”. A su juicio, el proyecto representa un modelo que anticipa el futuro de los entornos laborales.

La directora del proyecto, Alba Carrasco, ha señalado que uno de los principales retos de la reforma fue transformar un edificio inicialmente cerrado y opaco. “No partimos de un lienzo en blanco: existía un edificio con una piel muy dura y opaca. Era un volumen cerrado que tuvimos que abrir para permitir que la luz entrara y dotarlo de más ligereza”, ha explicado.

La intervención ha reconfigurado por completo el interior del inmueble para potenciar la luminosidad, la flexibilidad y el trabajo colaborativo. El nuevo diseño organiza el edificio en torno a un único núcleo central, libera las plantas y permite vistas de 360 grados sobre la ciudad, además de facilitar nuevas circulaciones y usos más versátiles de los espacios.