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ARTE

El arte textil de Aurèlia Muñoz

El Museo Reina Sofía reivindica la contemporaneidad de una artista de proyección internacional

El Reina Sofía acoge «Aurèlia Muñoz: Entes», una exposición que reivindica el textil

El Reina Sofía acoge «Aurèlia Muñoz: Entes», una exposición que reivindica el textil

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Francisco R. Pastoriza

Hay que agradecer al museo Reina Sofía que promocione a artistas que no están en la primera línea de la producción, que no hayan sido valorados en su momento o que hayan sido olvidados pese a la calidad de su obra. Diría que a Aurèlia Muñoz (1926-2011) puede situársela en cualquiera de estas tres categorías, añadiendo además que no se trata de una pintora ni de una escultora sino de creadora en un género, el textil, que pocas veces se tiene en cuenta en el panorama de las artes plásticas. La exposición «Aurèlia Muñoz: Entes», que celebra el centenario del nacimiento de la artista y los 15 años de su muerte, recorre la obra de una de las creadoras internacionales más importantes en esta categoría. El título de la exposición alude a uno de los conceptos fundamentales de su práctica: muchas de sus obras de macramé las titula Ens, «seres sin género con una presencia muy concreta en el mundo», según explicó el comisario Manuel Cirauqui en la presentación de la exposición.

Aurèlia Muñoz se inició en el movimiento de la Nouvelle Tapisserie, de la Escuela Catalana del Tapiz, donde desde los años sesenta del siglo XX se elaboraban piezas de artesanía con fibras y tejidos. Es autora de una gran cantidad de collages y ensamblajes de influencias góticas y surrealistas, bordados pictóricos, estampaciones, estructuras de macramé, que se exponen aquí junto a sus emblemáticas esculturas de pájaros-cometa de fibras anudadas, a sus obras escultóricas de pasta de papel y a obras creadas con materiales como conchas y caracolas marinas, junto a maquetas y dibujos que permanecían inéditos y que la artista ha creado durante cincuenta años. Con ellas reivindica el retorno a la manualidad en el siglo XXI.

Las obras aquí expuestas, algunas de dimensiones colosales, como el tapiz «Homenaje a Jerónimo Bosco» y «La escultura anudada», proceden de colecciones nacionales e internacionales y del propio archivo de la artista y hay referencias a la arquitectura experimental de su época, al arte de la antigüedad y a tradiciones de diversas culturas en los ámbitos experimentales de campos tan distintos como la ingeniería, la ecología y la etnología, en los que utiliza nuevos materiales atendiendo a su impacto en los diversos ecosistemas. Preocupada por el futuro, trasladó sus inquietudes a los ámbitos del posthumanismo, la interespecie y el perspectivismo. Con ello construye un universo de seres que presenta como personajes plurales, entidades sin género, cuerpos textiles animados, arquitecturas vegetales y libros aéreos.

Se inició tardíamente en el arte textil, superados los treinta años, y sus primeras obras las llevó a cabo durante una época marcada por la dictadura, la censura y la desigualdad de género. Después de una formación intuitiva y autónoma a finales de los años cincuenta, inspirada en el románico catalán, la técnica del «dibujo a la aguja», la tradición de bordados populares españoles y europeos y las técnicas textiles de la América precolombina (sobre todo después de sus viajes a México y Brasil), a todos estos elementos incorpora otros pertenecientes a las vanguardias, sobre todo del modernismo y el surrealismo de Gaudí, Miró, Magritte y Paul Klee. En su obra recoge también la influencia de artes populares como la cestería, la cerámica, la indumentaria y los tejidos. En la obra de Aurèlia Muñoz el nudo es el gesto fundamental de su obra. Sus esculturas anudadas son simultáneamente superficie y volumen a través de los cuales explora composiciones plurales y variaciones seriadas. Algunas se suspenden en el aire como entes voladores. El textil es para esta artista una herramienta a través de la que revela y modifica el espacio con gestos artesanales como la puntada, el trazo gráfico y el nudo.

A partir de 1979 desarrolla una serie de esculturas voladoras como aviones primitivos hechas con grandes lonas articuladas con varillas. Los «aerostatos» y los «pájaros-cometas». Influenciados por Leonardo da Vinci, testimonian su fascinación por el aire, las velas y el viento.

Con sus dibujos realizados en los años sesenta sobre hojas de cuaderno o cartulina con bolígrafo, tinta china o acuarela, expone su universo mental y cultural, aunque en raras ocasiones los mostraba al público. Los escenarios de estos dibujos están poblados de animales, humanoides y robots que recuerdan los bestiarios medievales y los pórticos romanos. En las décadas de los 70 y los 80 Aurèlia Muñoz practica en su obra gráfica juegos abstractos y desarrolla con más intensidad sus piezas de papel (ella misma fabricaba el papel) y otorga a los libros un carácter mítico al transformarlos en esculturas voladoras. Trata su trabajo con el papel como una práctica del agua, una exploración del mundo líquido de baños, tintes, coladas, procesos de licuado y secado, gracias a los cuales el papel adopta cualquier forma y cualquier color. Y al mismo tiempo presenta la presencia del mar y el ecosistema marino mediterráneo, que ejercieron sobre la artista una atracción física y mental durante toda su vida (era muy aficionada al buceo).

Se muestran también conjuntos de documentos y materiales de su colección personal, como maquetas y fotografías tomadas por importantes fotógrafos como Lluis Casals y Catalá-Roca.

Aurèlia Muñoz participó en varias Bienales de Lausana dedicadas al textil y su obra se expuso en Europa, Japón y América. Una de las muestras fue en el MoMA de Nueva York, que adquirió tres de sus obras, entre ellas «Águila beix».

  • Título: «Aurèlia Muñoz: Entes»
  • Lugar: Museo Reina Sofía. Madrid
  • Fechas: hasta el 7 de septiembre