DÍA MUNDIAL SIN TABACO
La trampa del "cigarrillo de emergencia": "En Madrid se vive como la única tabla de salvación ante el estrés"
El uso del cigarrillo electrónico triplica al formato físico entre los jóvenes madrileños, quienes lo perciben erróneamente como menos dañino.

Una persona fumando / FREEPIK
Cada 31 de mayo, el Día Mundial sin Tabaco invita a revisar una de las mayores epidemias prevenibles del mundo. En la Comunidad de Madrid, sin embargo, el escenario se ha transformado: el desplome del cigarrillo tradicional coexiste con un auge silencioso de los vapeadores y el policonsumo entre los menores. Los datos de la Consejería de Sanidad confirman que solo el 2,5% de los menores madrileños fuma tabaco convencional a diario (frente al 17,2% de los adultos). Sin embargo, según la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC), el uso del cigarrillo electrónico ya triplica al formato físico en las aulas: un 11,9% de los jóvenes vapea. Detrás de este trasvase hay un factor determinante: el 84% de ellos los consume porque cree que son "menos dañinos".
La estética de la golosina y la trampa del 'vapor limpio'
El vapeo ha recuperado para los jóvenes los códigos estéticos que el tabaco tradicional había perdido: diseños tecnológicos, colores llamativos y aromas afrutados que inundan las redes sociales. La Dra. Estrella Pulido Requero, psicóloga sanitaria y profesora de Psicopatología en la Universidad Alfonso X el Sabio (UAX), advierte en declaraciones a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA que esta estrategia comercial no es casual: "Los colores vivos, los aromas afrutados y los diseños casi de juguete reducen la percepción de riesgo. Hacen que el vapeador parezca más cercano a una golosina o a un accesorio tecnológico que a una conducta adictiva".
La psicóloga desmonta de raíz el mito del "vapor limpio". Aunque el dispositivo no contenga nicotina, el peligro radica en la habituación, ya que "se instaura un hábito gestual y psicológico idéntico al del tabaco tradicional. El adolescente aprende a usarlo para calmarse, socializar o, simplemente, regular el aburrimiento". Para combatir esto, Pulido Requero propone impulsar la alfabetización mediática en los institutos: "Hay que enseñarles a leer el marketing emocional. Que se pregunten qué emoción intenta vender la publicidad y qué consecuencias reales oculta el llenar los pulmones de sustancias innecesarias".
La cultura de terraza y el ritmo de Madrid como catalizadores
El mapa de la adicción se dibuja también a través del urbanismo y las costumbres de la capital. El estrés de los trayectos, las jornadas intensas y la cultura de cañas y terrazas actúan como catalizadores del hábito. “El ritmo de Madrid hace que el cigarrillo de emergencia se viva como la única pausa disponible ante el estrés.

Dos mujeres fuman en una terraza / María José López - Europa Press
La disponibilidad y la normalización social en las terrazas refuerzan esa conducta”, explica la experta, que añade cómo desprogramar esta convicción: "Una estrategia útil es introducir momentos breves de regulación: comer con calma y fuera del puesto de trabajo, caminar unos minutos, hacer algo de ejercicio, escuchar una canción que nos active o nos serene, o reservar un pequeño espacio de ocio personal, como leer, ver una película o simplemente cuidarse. La clave es que el cerebro aprenda que puede bajar la tensión sin recurrir al tabaco".
Mayor incidencia en las adolescentes
El auge del vapeo es especialmente visible entre las chicas, superando en algunos tramos de edad el consumo masculino con picos de hasta el 40%. Para la experta de la UAX, este fenómeno responde a dinámicas propias de la edad. "En la adolescencia, muchas chicas inician antes conductas que perciben como adultas debido a que su desarrollo madurativo suele adelantarse. Si el vapeo se presenta como algo estético, discreto y social, encaja muy bien en esa búsqueda de identidad y autonomía", explica la doctora, quien insiste en descifrar la utilidad del objeto para cada menor sin culpabilizar: "Debemos entender qué función cumple en cada caso: si se trata de pertenecer al grupo, parecer mayor, calmar la ansiedad o intentar regular la imagen corporal".
Policonsumo, el cóctel invisible
El riesgo en estas edades se multiplica porque el cerebro continúa desarrollándose hasta los veinte años, y el vapeo rara vez viaja solo. El cruce con el alcohol y el cannabis en el ocio nocturno desata un efecto sinérgico peligroso que afecta a la memoria, la atención y la regulación emocional. "El policonsumo es un reto clínico porque los jóvenes ven estas sustancias como ocio y no como drogas. Se refuerzan entre sí: el alcohol reduce el autocontrol, el tabaco mantiene la dependencia y el cannabis altera la percepción del riesgo”, advierte la experta. La doctora cita estudios como los de Jacobus y Tapert (2014) y Squeglia (2009), que vinculan el alcohol y el cannabis con alteraciones cerebrales y un peor rendimiento en adolescentes. “El tabaco surge por exploración asociada al ocio, pero la adicción acaba afectando al sueño, la concentración y los estudios; hay que intervenir antes de que se consolide”, concluye Pulido Requero.
"Abandonar la nicotina mejora la salud mental"
El engranaje de la adicción parte de una idea errónea: que el tabaco relaja. "El fumador confunde alivio con calma", sentencia Pulido Requero. Cuando baja la nicotina aparece la abstinencia; al fumar, el malestar desaparece de forma puntual. "En realidad solo se calma la ansiedad que el propio tabaco ha generado". La evidencia, como el estudio de Taylor y colaboradores en el BMJ (2014), muestra que dejar de fumar reduce ansiedad, depresión y estrés.
Superar la adicción implica romper los vínculos entre el tabaco y rutinas como el café o el descanso. "Se echa de menos la nicotina, pero también el hábito gestual”, señala la especialista. En las primeras fases recomienda sustitutos como chicles de nicotina, ocupar las manos o cambiar de entorno y beber agua. El mindfulness ayuda a observar el deseo sin actuar: "Cada vez que surge el impulso y no se fuma, el cerebro aprende una nueva ruta".
"Si la rutina se adapta al tabaco, la adicción ya dirige el comportamiento"
El entorno familiar es clave: crecer con fumadores duplica el riesgo de consumo. "Si se fuma en casa, el tabaco deja de ser excepcional”, advierte la experta, que subraya el valor del ejemplo y de los espacios sin humo. Cuando no es posible dejarlo, proteger las zonas comunes sigue siendo esencial: “Un hogar libre de humo transmite normalización de la salud". Para quienes lo justifican por estrés o vida social, la experta plantea una pregunta directa: "¿Controlas tú el tabaco o el tabaco te controla a ti?". Más allá de la cantidad, el indicador clave es la dependencia de la rutina. "Pedir ayuda profesional no es debilidad, sino una forma eficaz de recuperar el control", concluye.
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