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EDUCACIÓN

El fútbol chapas conquista el recreo de un colegio de Madrid: sin VAR, sin césped y a gritos de "¡tiro!"

En el Colegio Claret, los niños fabrican sus equipos, montan porterías de cartón y resuelven las jugadas dudosas sin árbitro: "Cuando hay dudas, sobre todo en los goles, se lo preguntamos a Javi, el profesor"

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Marina Armas

Marina Armas

Madrid

En este patio de colegio no hacen falta VAR, césped ni botas caras. Basta con una chapa, un garbanzo como balón y muchas ganas de gritar "¡tiro!" antes de disparar a puerta. EL PERIÓDICO DE ESPAÑA se acerca un martes, a la hora del recreo, al Colegio Claret de Madrid para conocer a Rita, Pablo, David, Guille y Mario -alumnos de cuarto, quinto y sexto- y ver de cerca cómo juegan. Durante el descanso, han convertido un juego de toda la vida en una pequeña Champions de bolsillo.

Todo empezó con un profesor, un recuerdo de infancia y una idea que parecía sencilla. Javier Gómez, profesor de Educación Física, recuperó el fútbol chapas dentro del proyecto de patios activos del colegio. La iniciativa arrancó en enero de 2023 y, desde entonces, las chapas han ido ganando terreno recreo a recreo. "Quería fomentar los juegos tradicionales y populares para que no se pierdan", explica Javier. De pequeño, en Segovia, jugaba a carreras de chapas de ciclismo en circuitos de tierra. Aquellos veranos tenían clasificación, ranking, amigos y mucha imaginación. Ahora ha trasladado esa ilusión al colegio, pero con porterías y equipos de fútbol. Y funciona.

Según cuenta Guille, suele haber "unos 40 participantes por curso". Los partidos pueden ser uno contra uno o dos contra dos. Hay equipos masculinos, femeninos y mixtos. A veces juegan la Champions. Otras, el Mundial por países. Como es hoy el caso. El patio, visto desde fuera, parece un estadio diminuto donde cada campo tiene su propia final.

Los equipos se reparten por sorteo. Javier pasa por las clases, pregunta quién participa y qué equipo quiere cada uno. Luego llega lo importante: preparar las chapas. Algunas están pintadas a mano; otras llevan escudos impresos y nombres de futbolistas. También hay equipos inventados, nombres de amigos o conjuntos curiosos, como uno de McDonald’s o incluso uno de guepardos, porque es el animal favorito de David. Porque en el fútbol chapas, la creatividad anota antes de empezar el partido.

Niños juegan al fútbol chapa en el Colegio Claret de Madrid.

Una caja de fútbol chapa en el Colegio Claret de Madrid. / Alba Vigaray

Las porterías también tienen su encanto. Hay algunas hechas con bricks de leche, otras con piezas de Lego y otras con cajas de cartón. No son el Bernabéu ni el Metropolitano, pero tienen más personalidad. Cada portería cuenta una historia. La del niño que la recortó, la del que la pegó, la del que llegó al recreo con una construcción frágil… hasta que aguantó una tanda de penaltis. Porque sí, también hay penas máximas.

Pablo cuenta que los partidos duran lo que dura el recreo: unos 30 minutos. No se acaban al llegar a un número de goles, sino cuando suena el final. Entonces hay "última jugada" y, cuando el balón sale fuera, se termina. Si es un campeonato y el partido acaba empatado, toca tanda al mejor de tres penaltis.

Sin árbitro, pero con acuerdos

Lo que no hay es árbitro. Y ahí está una de las mejores partes. En el fútbol chapas del Claret, los propios niños se organizan. Deciden, discuten, acuerdan y siguen jugando. Si hay dudas, sobre todo en los goles, preguntan a Javi. Pero normalmente, dicen ellos, "se nota". La jugada más delicada es el disparo a puerta, porque antes de tirar hay que avisar diciendo "tiro" En mitad de la emoción, a veces nadie sabe "si se lo hemos dicho o no", cuenta Mario entre risas.

Niños juegan al fútbol chapa en el Colegio Claret de Madrid.

David, Pablo, Guille y Mario juegan a fútbol chapas en el Colegio Claret de Madrid. / Alba Vigaray

El fútbol profesional tiene el VAR. El fútbol chapas tiene el "yo creo que sí lo he dicho". Su profesor cree que ahí está el valor del juego. "Aparecen el respeto, la honestidad, el trabajo en equipo y la responsabilidad", explica. Respeto por el material, por el compañero y por el rival. Honestidad cuando una jugada es dudosa. Trabajo en equipo si juegan por parejas. Y responsabilidad porque, en esta liga, no traer las chapas tiene castigo. Cero puntos. La norma es dura, pero clara. Sin chapa no hay gloria.

El proyecto también ha cambiado el ambiente del recreo. Al ofrecer más alternativas dentro de los patios activos, el espacio se reparte mejor. Además del fútbol chapas, hay petanca, palas, comba, juegos de mesa y otros materiales. El resultado es un patio más tranquilo, con menos choques y más opciones para todos.

Jugar también es conocer a otros

Pero lo más llamativo no es solo cuántos juegan, sino cómo juegan. Guille dice que lo que más le gusta es conocer a otros niños: "Cuando jugamos con otros, a veces los conocemos si no los conocías. Y aprendemos nuevas técnicas". Rita, de quinto, juega en individual y dice que le gusta mucho. En el patio, niñas y niños compiten juntos con total normalidad.

Niños juegan al fútbol chapa en el Colegio Claret de Madrid.

Rita juega a fútbol chapas, mientras David y Pablo miran. / Alba Vigaray

En tiempos de pantallas, móviles y videojuegos, el fútbol chapas parece casi una rebelión silenciosa. No porque esté contra la tecnología, sino porque demuestra que todavía hay juegos capaces de llenar un recreo sin necesidad de batería. Javier lo resume así: "No juegas solo, juegas con o contra otra persona, y no necesitas una pantalla".

Las finales, además, tienen categoría de gran evento. Se celebran en el salón de actos y se retransmiten en pantalla para que todo el mundo pueda verlas. Lo que empezó con chapas en el suelo acaba con público, emoción y nervios de final europea. Quizá por eso el fútbol chapas engancha. Porque no intenta ser perfecto. Porque cada equipo tiene algo de quien lo ha creado. Porque una caja de cartón puede ser una portería. Porque un garbanzo puede ser balón. Porque un recreo puede ser Mundial. Y porque, cuando suena el timbre, todavía queda lo más importante, esa última jugada.