'SLOW TRAVEL'
Menos planes, más calma: por qué Cádiz atrae a los madrileños que quieren frenar
Daia Slow Beach Hotel Conil ha reabierto temporada con una propuesta pensada para viajeros adultos que quieren bajar el ritmo: talleres artesanos, gastronomía participativa, bienestar, astronomía y una relación más pausada con el destino

Abril Morillo, artista gaditana y encargada de impartir los talleres creativos de DAIA, durante una de las experiencias artesanales con las que el hotel refuerza su apuesta por el slow travel. / A.S.M.N.

El viaje de verdad empieza cuando consigues frenar. Para muchos madrileños, ese momento no tiene que ver solo con la playa o con cambiar de paisaje, sino con salir, aunque sea unos días, de una rutina marcada por horarios, pantallas y sensación constante de prisa. En ese terreno se mueve Daia Slow Beach Hotel Conil, un hogar temporal recomendado para adultos, situado frente a la playa de La Fontanilla, que ha hecho del slow travel su principal argumento: menos agenda, más tiempo; menos consumo rápido del destino, más conexión con lo que lo rodea.

El entorno y las instalaciones de DAIA Slow Beach Hotel Conil, uno de los hoteles que ha reforzado en Cádiz la idea de viajar sin prisas. / Cedida
El hotel, de cinco estrellas y con 248 habitaciones, ha vuelto a abrir sus puertas el pasado 27 de marzo y ha reforzado esta temporada una programación de actividades culturales, artesanas, gastronómicas y de bienestar con la que intenta ir más allá del alojamiento convencional. La idea no es tanto ofrecer entretenimiento como construir una forma de estancia más pausada y consciente. Dentro de esa estrategia, Daia ha articulado su agenda bajo el paraguas de Moments by Daia, una colección de experiencias pensadas para conectar al huésped con la cultura local, el entorno y también con una cierta necesidad contemporánea de parar.
Madrid aprieta, Cádiz afloja
Ese es, precisamente, el punto donde el proyecto conecta con el público madrileño. "Vengo aquí, desconecto, me evado y descanso", resume Carmen Cominges, directora del hotel, al explicar qué es lo que más repiten los clientes. Según cuenta a El Periódico de España, el concepto gira alrededor de esa necesidad de frenar: desayuno tranquilo, piscina, lectura, talleres, gastronomía, atardecer y una relación más amable con el tiempo. "Todo gira en torno a eso: descansar, disfrutar del buen tiempo y de la buena comida que tenemos aquí", añade. Cominges sitúa el origen de esta apuesta en una intuición muy actual: "Vimos que en la sociedad había una falta de tiempo para descansar". Hace unos años, recuerda, hablar de slow travel generaba incluso cierta extrañeza. "La gente decía: slow, ¿qué? ¿Que sois lentos?". Hoy, sin embargo, el término se entiende mucho mejor, porque responde a algo reconocible: la fatiga de unas vacaciones que a veces se convierten en otra agenda llena de obligaciones.
En verano, además, el hotel nota claramente el peso del cliente madrileño. "En verano vienen un montón de madrileños", reconoce la directora. La frase encaja con una realidad bastante evidente: para muchos habitantes de Madrid, la costa gaditana no es solo un destino de sol y playa, sino una forma concreta de cortar con el ritmo urbano y entrar en otra cadencia, más luminosa, más exterior y más cercana a lo manual y lo cotidiano.

Piscinas, zonas exteriores y espacios comunes de DAIA Slow Beach Hotel Conil, concebidos para una estancia centrada en el ritmo lento y la desconexión. / Cedida
Talleres para usar las manos y bajar la cabeza del ruido
Buena parte de esa filosofía toma forma en los talleres artesanales que el hotel ha convertido en una de sus señas de identidad. En el Atelier de DAIA, la artista gaditana Abril Morillo imparte actividades como pintura de azulejos, cestería, macramé, creación de velas artesanales o elaboración de inciensos con hierbas y flores secas, propuestas pensadas más como una pausa consciente que como una clase al uso. El año pasado pasaron por estos talleres "1.300 personas, y esta temporada la programación se ha consolidado con seis propuestas semanales", sostiene a este medio. La clave no está tanto en llevarse una pieza hecha a mano como en detenerse: pintar, trenzar o mezclar aromas obliga a recuperar algo que a menudo desaparece en la vida diaria, especialmente en ciudades como Madrid, donde casi todo se hace deprisa: "concentrarse sin competir". Morillo lo resume con una reflexión sencilla: "La idea es desconectar un poco, usar las manos, porque ya sabemos que el cerebro necesita usar las manos para desconectar". En el taller de azulejos, por ejemplo, insiste en que "esto no es un examen" y en que lo importante no es la perfección, sino el proceso. Quizá ahí esté una de las razones por las que estas actividades funcionan tan bien: proponen una forma de descanso activa, pero sin presión.

Abril Morillo, una de las creadoras locales que participan en la programación de DAIA, durante uno de los talleres artesanales del hotel en Conil. / A.S.M.N.
Comer también puede formar parte del viaje lento
La gastronomía es otra de las claves del proyecto y una de las maneras más visibles de entender cómo DAIA lleva la filosofía slow al plato. No se trata solo de hablar de producto local y de temporada, sino de desplegarlo en espacios distintos, con ritmos distintos y con una relación más consciente con el entorno. El hotel articula esa propuesta entre lugares como Origin Fire Cult Grillhouse, centrado en las brasas; Salamar Sea & Rice Tribute, más vinculado a la tradición marinera y los arroces; el rooftop Tavira, pensado para la coctelería y el atardecer; además del chiringuito Daia Beach y Siesta Pool Bar, que cubren los momentos más informales del día.

Las instalaciones de DAIA Slow Beach Hotel Conil, donde el descanso, la gastronomía y el bienestar forman parte de una misma experiencia. / Cedida
A esa oferta se suman talleres gastronómicos como la elaboración de gazpacho, licuados, catas de vinos andaluces o degustaciones de aceite de oliva, pensados para que el huésped no solo coma, sino que entienda mejor el destino a través de su recetario y de sus productos. Y en esa misma lógica encajan especialmente Roots y Salamar, dos restaurantes donde la cocina termina de fijar ese vínculo entre descanso, territorio y experiencia. En ambos aparece una mirada muy concreta: la de los hermanos Vittorio y Riccardo Figurato, restauradores afincados en Madrid y responsables de una parte esencial del concepto culinario del hotel. Su trayectoria, iniciada en Chamberí, recibió en 2025 un importante reconocimiento internacional de 50 Top Pizza.
En Roots, la filosofía farm to table se traduce en pizzas de masa madre y horno de leña, donde la técnica napolitana se cruza con ingredientes andaluces de proximidad, desde verduras de huertas ecológicas hasta quesos artesanos y aceitunas locales. Salamar, por su parte, mira más al mar y a la tradición gaditana, con una cocina apoyada en producto fresco de la zona y abierta a referencias mediterráneas. El hotel trabaja además con pequeños productores andaluces, entre agricultores, ganaderos y pescadores, de modo que la gastronomía no funciona aquí solo como un complemento del descanso, sino como otra forma de relacionarse con Cádiz desde un consumo más atento y más conectado con lo que ocurre alrededor.

El entorno y las instalaciones de DAIA Slow Beach Hotel Conil, uno de los hoteles que ha reforzado en Cádiz la idea de viajar sin prisas. / Cedida
Cominges señala, además, que el atardecer funciona casi como un ritual dentro de la experiencia del hotel. A esa hora, la ubicación frente al Atlántico se convierte en una parte central del relato, reforzada por una propuesta de coctelería que el hotel ha trabajado con el sello de Diego Cabrera, fundador de la coctelería madrileña Salmon Guru. "Para nosotros, el atardecer es un evento dentro de la marca", explica Cominges. No tanto por el espectáculo en sí como por lo que permite: alargar la pausa. La idea no es competir con el paisaje, sino sumarse a él y convertir la pausa en un pequeño ritual. En esa línea se entienden cócteles como Sherry Cole, una versión del rebujito que parte de una mezcla de vinos de Jerez —amontillado y manzanilla—, cordial de penja pepper y refresco, manteniendo el carácter refrescante del clásico andaluz, pero con más acidez y estructura.
También Ultramarino, uno de los tragos más singulares de la carta, elaborado con ginebra, un toque de mezcal, ruibarbo, vino manzanilla y cordial de lima. La mezcla se ensambla y se introduce en ánforas hechas expresamente para el hotel, que permanecen sumergidas en agua de mar durante 72 horas. Ese proceso genera una especie de intercambio que modifica la densidad del cóctel, le aporta un punto más umami y deja que las notas salinas potencien los sabores de la bebida. "Cada uno tiene una manera de entender el retiro y, en nuestro caso, es sofisticada, pero sin ser invasiva", sostiene Cabrera a este medio. Esa es precisamente la clave de la propuesta: cócteles con técnica y relato, pero pensados para beberse sin solemnidad, mirando al Atlántico y dejando que el atardecer haga el resto.
Bienestar, astronomía y postales frente a la hiperconexión
La programación de esta temporada también incorpora otras actividades que completan el enfoque "slow". Entre ellas figuran colaboraciones con La Ciudad de las Estrellas para observaciones astronómicas, sesiones de yoga —incluidas variantes como yin yoga o rocket inspired—, meditación, sound healing y música en directo en distintos momentos del día. El hotel cuenta además con piscina principal, piscina interior climatizada, jacuzzis exteriores y un área de Wellness by Germaine de Capuccini con tratamientos holísticos. Hay incluso pequeños gestos que intentan recuperar una cierta nostalgia de viaje más lenta, como las "postales en las habitaciones para fomentar la costumbre de escribir a mano durante la estancia y después enviarlo", subraya esta iniciativa con orgullo la directora del hotel. Puede parecer menor, pero forma parte del mismo relato: si todo hoy va demasiado rápido, quizá el verdadero lujo sea hacer algo despacio.

La zona de spa y masajes de DAIA Slow Beach Hotel Conil, concebida como uno de los espacios centrales de su propuesta de bienestar y descanso consciente. / Cedida
Un lujo más silencioso y también más sostenible
La otra capa del proyecto está en la sostenibilidad, un aspecto que el grupo hotelero ya venía trabajando antes de la reapertura. Entre las medidas implantadas figuran filtros regenerativos en las piscinas, una tecnología que, según la compañía, permite ahorrar 1,7 millones de litros de agua al año, reducir el uso de químicos y mejorar la calidad del agua al retener partículas de hasta una micra. La inversión en esta medida fue de 24.000 euros. El hotel forma parte además de un proyecto de gestión energética que ha llevado a Daia a ser reconocido como uno de los 10 mejores proyectos de sostenibilidad y rehabilitación hotelera de 2024 en los premios Re Think.

Las zonas comunes de DAIA Slow Beach Hotel Conil, diseñadas para favorecer la desconexión y una relación más pausada con el destino. / Cedida
En paralelo, Daia se ha convertido en el primer establecimiento de la provincia de Cádiz en entrar en Serandipians by Traveller Made, una red internacional de hoteles singulares vinculada al lujo experiencial. Al final, lo que propone este tipo de escapada encaja bien con una demanda muy reconocible entre los madrileños: salir de la ciudad no solo para cambiar de sitio, sino para cambiar de velocidad. No hacer más cosas, sino hacerlas de otra manera. En un momento en que incluso el descanso parece a veces programado con ansiedad, el slow travel gana terreno justamente por eso: porque convierte en plan algo tan elemental como no tener que correr.