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FINAL CONFERENCE LEAGUE

"Vallecas también es parte de Badajoz": la familia que dormirá "las noches que hagan falta en el coche" para vivir la final del Rayo "en nuestro barrio"

Cristina y sus hijos, habituales en Vallecas a pesar de vivir a 400 kilómetros, llegaron de madrugada a Madrid para conseguir unas de las últimas entradas y vivir el partido a través de las pantallas gigantes: "Para nosotros venir a ver al Rayo es como el que va a la playa, o a una fiesta. Nos gusta más que nada en el mundo"

Cristina y sus hijos Aitor y Noa, en el exterior del Estadio de Vallecas

Cristina y sus hijos Aitor y Noa, en el exterior del Estadio de Vallecas

Daniel Gómez Alonso

Daniel Gómez Alonso

No es que sea extraño ver Vallecas repleto de camisetas del Rayo, pero lo de este miércoles sobrepasa cualquier recuerdo. Amenece el barrio repleto de banderas en los balcones, y pocos son los 'valientes' que se atreven a bajar a sus calles con una vestimenta en la que no se aprecie una franja roja. Se respira en cada rincón la sensación de que lo de hoy es "mágico y soñado", como dijo el capitán Óscar Trejo, pero quizás también irrepetible. Y por eso nadie se lo quiere perder. Ni siquiera los que, aún viviendo a cientos de kilómetros, sienten el barrio "como nuestra casa".

Es la historia de muchos, retratada en este caso en el ejemplo de Cristina y sus hijos. "Para nosotros venir a ver al Rayo es como el que va a la playa, o a una fiesta. Nos gusta más que nada en el mundo", cuenta esta madre que desde las 3.00 horas de la madrugada se ha dedicado a hacer cola (era la primera) con sus pequeños en la puerta de las taquillas del Estadio de Vallecas para conseguir una de las pocas entradas que quedaban para ver el partido en las pantallas del estadio. Junto a su marido, los cuatro salieron de Badajoz, donde viven, a las 23.00 horas del martes, y llegaron directamente a la fila. Y obtuvieron recompensa, consiguiendo los últimos pases, segundos antes de que se colgara el cartel de "no hay billetes".

"Miramos para ver si podíamos ir a Leipzig, pero era imposible. Era ir sin hotel y 600 euros de billete cada viaje. Durmiendo en la calle, gastando en comer... Eso no se podía", reflexiona a su lado su hijo Aitor, con una madurez impropia de sus escasos 13 años. Este año, "aparte de algún partido de Liga", ya estuvieron en el campo en el partido de cuartos contra el AEK de Atenas y en las semis contra el Estrasburgo, "un sueño", y ahora les queda el último paso, la final, también en las gradas, aunque esta vez sea a través de las pantallas 'gigantes'.

"Es mucho dinero, pero es nuestro Rayito"

A él, ya le vale con vivirlo en el barrio con los suyos. De hecho, todavía no se cree mucho haber llegado a este punto. "Era impensable esto. Yo creía que incluso se les iba a complicar la salvación, pero no. Ha sido increíble todo", explica el pequeño, que recalca que "somos del Rayo, no de otro equipo". A su lado, su hermana Noa, de apenas 8 años, asiente convencida mientras juguetea con una bandera del Rayo, dejando claro que en esa familia no hay otra opción.

Cristina y sus hijos, tras conseguir las entradas para ver el partido en el Estadio de Vallecas.

Cristina y sus hijos, tras conseguir las entradas para ver el partido en el Estadio de Vallecas. / EPE

Y eso que no había un vínculo previo. Fue por su padre, que se hizo del Rayo y que "les metió esa pasión en la cabeza". "Y a mi también", añade Cristina, la madre de ambas y ahora mismo tan rayista como cualquiera de ellos. Tanto que ya sienten que son uno más del barrio. "Rara es la vez que venimos y no hacemos amigos. Llevamos viniendo desde hace 10 años ya, cuando mi hijo tenía tres, y siempre conocemos gente, nos reciben, nos cuidan... Es increíble y realmente sentimos que este es como si fuera nuestro barrio, como si fuera uno más de Badajoz", dice Cristina, que enumera las veces que ven al Rayo al año.

"Todos los años venimos dos veces a Madrid como poco, este año más por la Conference. Y luego cuando juegan en Sevilla, contra Betis o Sevilla, también vamos", cuenta. "Este año se nos ha ido de madre, ha sido un esfuercín de más, pero es nuestro Rayito. Es mucho dinero, porque hay que contar gasolina, que ya son otros 100 euros, comida y todo, pero es que nos encanta hacerlo juntos y lo sentimos súper especial".

Una plantilla "en deuda emocional"

"Nos vamos el jueves, y depende de como se ponga esto, igual nos vamos el viernes", aseguran. "Si tenemos que hacer dos noches en el coche, las hacemos. Las que hagan falta, si total no vamos a dormir", se reafirman entre los tres, antes de concluir que "el esfuerzo merece la pena" y que "el año que viene volveremos".

Un perro con el escudo del Rayo.

Un perro con el escudo del Rayo. / EPE

Su historia es única, como la de tantos otros miles que hoy abarrotarán el barrio, o como la de los más de 11.000 rayistas que han desembarcado en Leipzig para representar al que desde ya es "el barrio más grande de Europa". Con todos ellos siente que tienen Iñigo Pérez y los suyos una "deuda emocional por los esfuerzos que hacen con nosotros, con colas eternas, estos viajes...". Aunque ellos no se lo reclaman, todo lo contrario, insistiendo en que nunca se hicieron del Rayo por ganar, todo lo contrario. Y que sus jugadores y cuerpo técnico ya han pasado a la historia, pase lo que pase esta noche.

"Debemos representar muy bien lo que es el barrio de Vallecas, nuestra gente, lo que vemos en las gradas, hoy aquí", insistió el técnico del Rayo. Quizás pensando en Rafael Garrido, el abonado número 1, y Toñi Sanjuán, la abonada más antigua, que estarán hoy en las gradas alemanas. O puede que en Marisa, que al contrario de ellos no ha podido viajar "porque soy pensionista y no me da el dinero". O en Carlos, que nació en el barrio hace seis décadas y hoy paseaba orgulloso por sus calles junto a su perrita, que llevaba un pañuelo con el escudo. O en Moha, un joven que llegó hace no tanto pero que ya no concibe otra cosa que no sea "ser del Rayo". O, simplemente, pensando en todos en general, y ninguno en particular. Lo que, al fin y al cambio, representa "el barrio".