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EUROLIGA (FINAL FOUR) | OLYMPIAKOS 92-85 REAL MADRID

El Real Madrid, huérfano de Tavares, muere en la orilla y dice adiós al sueño de la duodécima ante Olympiacos

El conjunto de Scariolo sucumbe ante el poderío griego en un final de partido trágico, con controvertidas decisiones arbitrales desfavorables para los blancos

Olympiacos y Real Madrid disputan la final

Olympiacos y Real Madrid disputan la final / EFE

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David Magán

David Magán

Gozaba de pocos argumentos baloncestísticos el Real Madrid de baloncesto en su intento por alcanzar su duodécimo título europeo. Lo hacía además ante Olympiakos, el mejor equipo de la temporada regular en Euroliga. Y lo hacía también en Atenas, en un pabellón teñido de rojiblanco. Los de Scariolo viajaban a la capital griega sin juego interior alguno. Pese a ello, el equipo blanco se mantuvo en partido hasta la última de las posesiones para acabar muriendo en la orilla (92-85) con el error de Feliz en un triple liberado para empatar la final prácticamente sobre la bocina.

Lyles sostiene al Real Madrid

Arrancó Scariolo de nuevo con Trey Lyles en el puesto de ‘5’ obligado por las circunstancias. El que había sido su hombre de confianza en la semifinal ante Valencia Basket volvió a dar un paso al frente y sostuvo al equipo con 21 puntos en la primera mitad. La intensidad defensiva liderada por Facundo Campazzo y el ritmo de juego de los blancos fueron decisivos en el fulgurante inicio del Real Madrid. Diez puntos consecutivos de Lyles le permitieron firmar un 3-15 en el marcador de inicio para trasladar un claro mensaje a todos los presentes en el OAKA: los blancos estaban dispuestos a competir la final pese a las bajas.

Intentaba engancharse en el marcador el equipo griego abusando del juego interior. Milutinov y Vezenkov capitalizaron el ataque de los de Bartzokas en el primer asalto. Los blancos impusieron un intercambio de golpes que, ante la falta de hombres grandes, les beneficiaba. Las dos faltas personales tempraneras de Campazzo condicionaron la presencia del argentino durante toda la primera mitad.

En este contexto, emergió la figura de un Andrés Feliz valiente en las penetraciones. Ingresó Llull en pista por primera vez en toda la final. Ha sido el octavo partido por el título del hombre que decidió la última final disputada entre estos dos equipos. Bajo los abucheos del público griego, ‘El increíble’ provocó una pérdida y convirtió un triple decisivo cuando más apretaba Olympiakos. Evan Fournier, con ocho puntos consecutivos, lideró este resurgir de los locales. Al término del segundo cuarto llegó la primera ventaja en el marcador del campeón griego.

Seguía sufriendo enormemente la ausencia de Edy Tavares el Real Madrid, que se marchó con un marcador de 20-10 en el rebote, ninguno de ellos ofensivos. La puesta en escena de los blancos les permitió gozar de una ventaja de hasta 12 puntos respecto a Olympiakos, pero la primera mitad de la final terminó por decantarse del lado de los griegos (46-44).

El Madrid roza el milagro

Le costó al Real Madrid a la salida de vestuarios. Tardó en anotar algo más de dos minutos el equipo de Scariolo, en contraposición con lo vivido en el primer tiempo. Fue Hezonja el encargado de romper la sequía. También el croata mostró su versión más generosa, liderando el apartado de asistencias en el Real Madrid. Llegó entonces la jugada polémica del partido con el altercado entre Campazzo y McKissic. No le alteró la técnica y, por ende, tercera falta personal del argentino el plan a Sergio Scariolo. Tras esta acción, apareció una respuesta contundente del Madrid para devolver el +4 al marcador del OAKA al término del tercer asalto.

Se obcecó el Madrid en ataque, buscando continuamente a Lyles, que fue incapaz de anotar en el tramo final del partido y se topó con cuatro faltas condenatorias. Saltó Hezonja a escena para devolver la clarividencia al equipo de Scariolo. El Madrid, que llegaba cual cordero al matadero, fue capaz de trasladar el nerviosismo a las gradas del pabellón y a los pupilos de Bartzokas.

Se alcanzaron los últimos 120 segundos de partido con empate en el marcador (80-80), pero dos decisiones arbitrales comprometidas cayeron del lado de los anfitriones. El conjunto griego cerró el encuentro desde la línea de personal y consiguió su cuarto título continental ante un Real Madrid que mostró toda la casta que lo caracteriza.