HACE 400 AÑOS
El mapa más antiguo de Madrid revela que hubo un almacén de hielo en el centro de la ciudad: "Era subterráneo, en la glorieta de Bilbao"
El ejemplar, que reside en el Museo de Historia de Madrid y data de 1622, fue un encargo del rey Felipe IV al cartógrafo Antonio Mancelli

El mapa de Antonio Mancelli, datado de 1622, en detalle. / MUSEO DE HISTORIA DE MADRID

La evolución histórica de un territorio no se entiende sin su cartografía. El Museo de Historia de Madrid conserva una amplia colección de piezas relacionadas con el pasado de la capital, entre las que destaca un ejemplar más especial que los demás: se trata del más antiguo de la ciudad, fechado en 1622. Su autor es Antonio Mancelli, un cartógrafo italiano al que Felipe IV encargó este trabajo. “Estos planos tienen un enorme valor documental. Al compararlos con los posteriores se pueden apreciar todos los cambios urbanos y ayudan a datar transformaciones que, de otro modo, serían muy difíciles de precisar. Es una forma de reconstruir la historia”, explica Hortensia Barderas, directora del museo. Este plano refleja la ciudad en tiempos de los Austrias, una etapa decisiva para la ciudad.
“Contamos con dos mapas, uno en blanco y negro y otro coloreado”, añade. La relevancia de esta obra se entiende por el momento histórico en el que surge Madrid como capital: “Acababa de convertirse en la sede de la corte de España y comenzaba a ganar protagonismo”. En aquella época, la Plaza Mayor se engalanaba con tapices, estandartes y banderas para celebrar la llegada de Felipe IV. Desde el Ayuntamiento de Madrid señalan que fue precisamente ese ambiente “efervescente” el que quedó plasmado por primera vez en un plano de la ciudad. El mapa de Mancelli, desconocido hasta entonces, recibió el título de La Villa de Madrid Corte de los Reyes Católicos de Espanna. Mide 46 x 72 centímetros y, según el propio autor, su elaboración le llevó alrededor de ocho años antes de entregarlo al Ayuntamiento en 1622.

El Museo de Historia de Madrid alberga el mapa más antiguo de la capital, un encargo de Felipe IV al cartógrafo Antonio Mancelli. / MUSEO DE HISTORIA DE MADRID
Si bien se conocen escasos datos de su autor, se sabe que nació posiblemente en Módena (Italia) durante el último tercio del siglo XVI y que murió en Madrid a mediados del siglo XVII. Su plano, hoy una joya para la capital, fue prácticamente desconocido para el público hasta el siglo XX, considerándose hasta ese momento el plano de Pedro Teixeira, de 1656, el primero. Durante años se pensó que la cronología del plano más antiguo de Madrid databa de 1635 por la ausencia del Palacio del Buen Retiro y de la Cerca que rodeaba la ciudad. “Mancelli no dibuja la Cerca de Felipe IV que tuvo Madrid hasta el siglo XIX. Rodeaba la ciudad. No era defensiva, sino que servía para cobrar impuestos: quien pasase por las puertas de la capital tenía que pagar. Este plano es significativo porque no la tiene, es el único. Se construiría justo después y el de Teixeira la tiene”, añade Barderas.
Impreso en Holanda
Según investigaciones más recientes, se cree que este mapa fue delineado entre 1614 y 1622 y que su primera impresión se llevó a cabo en 1623, en Holanda. “Desde entonces, la zona centro ha cambiado muy poco. No está el Palacio Real, sino que está el Real Alcázar. La Plaza Mayor, la Puerta del Sol, la calle Alcalá y la calle Atocha también aparecen”, relata. Sin embargo, no es extraño que el Madrid de hace 400 años conserve un gran parecido con el de hoy en día: “En grandes capitales como Londres, París o Roma, que han ido cambiando, las vías principales continúan el mismo trazado de entonces. Lo único que han hecho ha sido expandirse. En la capital española a través de plazas, ya que hay muchas más que entonces”. Sin embargo, más allá de los errores de autoría y la poca repercusión que tuvo, este mapa es una huella histórica de valor para la ciudad.

Mapa actual de las Zonas Turisticas de Madrid. / MUSEO DE HISTORIA DE MADRID
Al mirar con atención la obra, es posible encontrar rincones que a día de hoy no existen o han cambiado de nombre. “Los Pozos de la Nieve, por ejemplo, se ubicaban bajo la actual Glorieta de Bilbao. Se traía la nieve de la Sierra de Madrid y se almacenaba en una especie de pozos subterráneos con paja. De esa forma, el hielo se mantenía bastante tiempo y se podía repartir a otras partes de la ciudad”, suma. El precio oscilaba en función de las estaciones del año, siendo mucho más caro en verano que en invierno. También los lavaderos del Manzanares, ya extintos: “Estuvieron ahí hasta bien entrado el siglo XX, que es cuando se canalizó el río”. Consistían en una serie de pequeños edificios en ambos lados del río que servían no solo para limpiar la ropa, sino también para el baño corporal en ocasiones. Aparecen también la Plaza de la Cebada, la Plaza del Humilladero y la Puerta de Alcalá o Puerta de la Vega.
Una obra de arte
“Se puede ver también cómo está dibujada la Torrecilla de Música en el Paseo del Prado. En ella tocaban música y la gente que paseaba por ahí podía escuchar una especie de hilo musical. Cuando Carlos III ordenó todo el paseo, se deshizo de ella”, narra la directora. Pese a algunos cambios menores, el centro de Madrid conserva prácticamente la misma apariencia que entonces: “La Puerta del Sol es algo más pequeña, la Gran Vía aún no aparece, ya que es del siglo XX, la Plaza Mayor tiene una forma diferente a la actual… No obstante, es más o menos lo mismo. Destacan en el mapa los lugares reales como el El Alcázar o el Parque del Retiro, en un intento de halagar a la corona, que eran quienes pagaban el encargo”. A pesar de que el mapa de Mancelli tuvo sucesores más relevantes, como el de Teixeira, Barderas lo considera único, pues muestra las calles y alrededores de Madrid durante el primer tercio del Siglo de Oro.

El mapa de Antonio Mancelli, datado de 1622, en detalle. / MUSEO DE HISTORIA DE MADRID
Dada su antigüedad, la conservación del primer plano de Madrid es clave. “Todos los documentos que tenemos en papel están guardados en la sala de estampas, en planeros con materiales neutros y un nivel de luz limitado para evitar que dañen el papel”, explica. Como este, decenas de mapas conforman una colección cartográfica que habla de la cronología madrileña a través de sus planos. Ante la imposibilidad de tenerlos todos expuestos, se encuentran almacenados en planeros con cajones “para que la gente pueda abrirlos y verlos in situ”. En primer lugar se encuentra el mapa de Mancelli. Después el de Teixeira, un plano “gigante” de 16 láminas. Y así, progresivamente, hasta el siglo XX. Las calles “bien trazadas” y las casas “perfectamente distribuidas” hacen de este trabajo una “obra de arte”.
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