ESTRENO TEATRAL
El drama rural que anticipó la España de los desahucios, alquileres y pobrezas: una historia feroz que sacude Madrid
Magüi Mira recupera 'La Barraca' en el Teatro Fernán Gómez hasta el 21 de junio: revisita el clásico de Vicente Blasco Ibáñez para reflejar los conflictos actuales que nos rodean

Daniel Albaladejo, Antonio Hortelano y Jorge Mayor lideran el reparto de 'La Barrca'. / JAVIER NAVAL

En La Barraca, la tierra no es paisaje: es herida, frontera y condena. La nueva puesta en escena que dirige Magüi Mira recupera la novela de Vicente Blasco Ibáñez para situarla ante un espectador que reconoce, bajo la aparente distancia de la huerta valenciana, algunas de las tensiones más ásperas del presente. La llegada de la familia de Batiste Borrull a una barraca marcada por la desgracia activa el rechazo de una comunidad que ha convertido el abandono de esas tierras en gesto de resistencia frente a los propietarios. Lo que empieza como una disputa por el trabajo y el derecho a habitar acaba creciendo hasta la tragedia. La obra podrá verse en el Teatro Fernán Gómez, en la Sala Guirau, hasta el 21 de junio.
"La barraca es una historia de siempre. Nos habla de la eterna lucha entre la razón y la violencia. Nos habla de una comunidad enferma con comportamientos salvajes. Una historia que nos habla de la identidad necesaria que nos da el arraigo a la tierra en la que nacemos. Esa tierra que se convierte en desierto sin su alimento principal, el agua", subraya Mira. Con texto de Blasco Ibáñez y adaptación de Marta Torres, la pieza está interpretada por Daniel Albaladejo, Antonio Hortelano, Jorge Mayor, Antonio Sansano, Patricia Ross, Claudia Taboada, Elena Alférez y Jaime Riba.

La obra podrá verse en el Teatro Fernán Gómez hasta el 21 de junio. / JAVIER NAVAL
La trama parte de una ausencia: la de la familia Barret, expulsada de la barraca que trabajó durante generaciones. Su caída se convierte en símbolo para los hortelanos de la zona, arrendatarios que deciden mantener las tierras sin cultivar como pulso de poder. Cuando Batiste y los suyos ocupan ese lugar maldito, dejan de ser vecinos posibles para convertirse en intrusos. La hostilidad se filtra en el colegio, en el campo, en la mirada de quienes prefieren defender una consigna antes que reconocer a una familia que solo busca sobrevivir.

'La Barraca' cuenta con texto de Blasco Ibáñez y adaptación de Marta Torres. / JAVIER NAVAL
Ahí reside la fuerza de esta versión: no se acerca al clásico como reliquia, sino como una materia viva. La barraca habla de alquileres abusivos, desahucios, acoso infantil, pertenencia, pobreza y rechazo al extranjero. Lo hace sin convertir el escenario en un debate de actualidad, dejando que los conflictos emerjan desde los cuerpos y la presión del grupo. Una historia que nos conecta con la estrecha relación de la identidad y la autoestima. "La historia nos hace tomar conciencia de la necesidad imperiosa de progresar en el conocimiento. Ésta emblemática obra de Vicente Blasco Ibáñez, escritor y político valenciano de finales del XIX, comprometido con las clases rurales, podría estar sucediendo hoy en muchos lugares del mapa del siglo XXI", prosigue Mira.
Derecho a habitar el mundo
La directora plantea el montaje desde una fisicidad intensa. Su mirada no se conforma con narrar el conflicto: quiere que se sienta. Imagina un espacio donde el hambre, la miseria y la violencia no pertenezcan solo a una postal rural del pasado, sino a un mapa emocional reconocible: "El hambre, la miseria, la violencia. La guerra brutal, a la que tristemente estamos acostumbrados nos saca del oxigeno que permite la existencia. Blasco Ibañez lo sabe y, desde su pensamiento y su palabra, nos empapa con el gran antídoto que nos lleva a la vida: la cultura".

El elenco de 'La Barraca', en un instante de la función. / JAVIER NAVAL
Esa dimensión sensorial se apoya en la escenografía de Curt Allen y Leticia Gañán, la música de Santi Martínez, la iluminación de José Manuel Guerra y la coreografía de Marta Gómez. La propuesta busca que luz, sonido, movimiento y palabra formen una misma respiración escénica. No se trata solo de contar una historia sobre campesinos enfrentados, sino de levantar un territorio moral donde preguntarse qué precio tiene el arraigo y cuánto tarda la injusticia en prender.
La Barraca llega así al Fernán Gómez como una obra sobre el pasado que se niega a quedarse en el pasado. Blasco Ibáñez escribió desde la conciencia de un mundo rural atravesado por la desigualdad y Mira lo devuelve ahora como espejo de un presente lleno de fronteras. En esa barraca, rodeada de tierra seca y miradas hostiles, late una pregunta feroz: quién tiene derecho a vivir, trabajar y echar raíces cuando los demás ya han decidido que no hay sitio.
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